GARRISON
HISTORIA DE
MED
l D {CIMA
C A L P E
YALE MEDICAL LIBRARY
HISTORICAL LIBRARY
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INTRODUCCIÓN
A LA
HISTORIA DE LA MEDICINA
ES PROPIEDAD Copyright by Calpe, 1922
. \... Papblbi I
INTRODUCCIÓN
A LA
HISTORIA DE LA MEDICINA
FIELDING H. GARRISON
BACHILLER EN ARTES, DOCTOR EN MEDICINA,
AYUDANTE MAYOR BIBLIOTECARIO DEL DEPARTAMENTO GENERAL
DE CIRUGÍA DE WASHINGTON
TRADUCIDA DE LA SEGUNDA EDICIÓN INGLESA
EDUARDO GARCÍA DEL REAL
DOCTOR EN MEDICINA, LICENCIADO EN CIENCIAS HISTÓRICAS; CATEDRÁTICO, POR OPOSICIÓN, DE HISTORIA DE LA MEDICINA EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL; EX -CATEDRÁTICO, POR OPO- SICIÓN, DE PATOLOGÍA MEDICA DE LA UNIVERSIDAD DE VA- LLADOLID; EX -CATEDRÁTICO, POR OPOSICIÓN, DE ENFERME- DADES DE LA INFANCIA, DE LA DE SANTIAGO
Tomo II
C A L P E
MADRID 19 2 2
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I ir- I.. DUPLICADO. M ADKI I)
ÍNDICE del TOMO II
Páginas
El siglo XIX. El comienzo del avance organizado de la Ciencia i
El siglo XX. Los comienzos de la medicina preventiva organizada 307
Parasitología y Quimioterapia 328
Aspecto cultural y social de la medicina moderna 357
Breve resumen de ,la historia de la Medicina en España:
I. — Medicina antigua y primitiva 405
El arte paleolítico 407
a) Arte moviliar 408
b) Arte rupestre cantábrico 408
c) Arte rupestre del Este y Sur de España 409
Edad del hierro 417
II. — Época romana 420
III.— Época visigoda 420
IV. — Medicina árabe 421
V. — Los benedictinos 423
VI. — La medicina española en el siglo XV 425
VIL — La edad de la medicina española (1 500-1665) 429
i.° Los anatómicos y los p recur sores de Harvey 429
2.0 Los cirujanos 434
3.0 La Medicina interna: Nosólogos y monógrafos 439
4.0 Médicos comentadores y filósofos 442
VIII. — La decadencia de la medicina española 455
IX. — La anatomía y los anatómicos del siglo XIX 470
X. — La cirugía y los cirujanos españoles del siglo XIX 476
Apéndices:
I.— Cronología médica „ *. 509
II. — Apuntes sobre el estudio de la historia de la Medicina 543
III. — Notas bibliográficas para lecturas colaterales 549
A. — Historias de la Medicina. 549
B. — Biografía médica 550
Índice de nombres personales , 577
Índice de materias 615
EL SIGLO XIX
EL COMIENZO DEL AVANCE ORGANIZADO DE LA CIENCIA
En la evolución de la medicina moderna, como en el desarrollo de la cien- cia pura, de la cual aquélla forma parte, hay que considerar tres factores especialmente importantes. El primero de todos, el gran movimiento indus- trial o social-democrático de la humanidad civilizada, que, habiéndose in- cluido en las revoluciones políticas de América y de Francia, ha intensi- ficado la tendencia hacia la libertad moral e intelectual y ha sostenido la nueva idea de la dignidad y la importancia de todo género de trabajo hu- mano, como se exteriorizaba en la famosa divisa de Napoleón: «Las he- rramientas, para aquellos que pueden manejarlas.» (La carriére ouverte aux talents). Inmediatos corolarios de aquella proposición han sido el reti- rar las opresiones de incapacidad civil que pesaban sobre los judíos y el abrir ampliamente a los talentos del mundo femenino todas aquellas ocu- paciones y modos de pensar que hasta la fecha les habían estado cerra- dos en absoluto. Segundo, la publicación de obras como la Conservación de la energía (1847), de Helmholtz, o como el Origen de las especies (1859)» de Darwin, que iban mucho más allá del simple antropomorfismo y ape- laba a la opinión humana, que había siempre estorbado en el pasado el avance de la Medicina. Tercero, como una inevitable consecuencia, la Fí- sica, la Química y la Biología llegaron a ser estudiadas como ciencias ob- jetivas de laboratorio, disociadas de las usuales proposiciones subjetivas humanas. Difícilmente habrá alguien que dude actualmente el teorema sus- tentado por Emile Littré de que el verdadero adelanto de las ciencias bio- lógicas médicas no tiene nada que ver con los dogmas teológicos ni con la especulación metafísica, sino que depende sencillamente de los adelan- tos colaterales en los procedimientos físicos y químicos. La Medicina debe mucho a los grandes físicos y matemáticos de los siglos xvn y xvín, que
Historia de l.a Mediodía. — Tomo II
i III S t O R I A D E L A \Í E D I C I N Á
desarrollaron la teoría de la visión y casi por completo la fisiología de la respiración. En el siglo xix, la extensión de las tres ramas fundamentales de la ciencia pura no ha sido sobrepasada en variedad por labor de nin- guna de las edades precedentes.
De los modernos matemáticos sólo mencionaremos los nombres de Euler, I fcuss, Riemann, [acobi, Abel. Weierstrass, Cayley Sylvester; de los físicos, Young, Carnot, Fourier. Kirchhoff, Clausius, Helmholtz, Ohm, Maxwell, lord Kelvin Boltz- mann, Gibbs, 1- [• Thomsom, Edison, Tesla, Arrhenms; de los químicos, Da ton Du- mas, Chevreuil, Berzelius, Liebig. Wóhler, Berthollet, Mendelejeff, Ostvald, want Hoff, Ramsav, Rutherford y los Curie. .tjai™*-
Fl principio físico de la conservación de la energía ha sido demostrado poi Robeit Mayer I un médico de Heilbronn) y James Prescot Joule en 1842, y aplicado a todo el campo déla Química y déla Física por Helmholtz en 1847- El principio de la disipa- ción de la energía ha sido establecido por Sadi Carnot en 1824, desarrollado por Clausius (1850» y por lord Kelvin (1852), y aplicado a todos los fenómenos físicos ; J quecos por el profesor de Yale, Ward Gibbs, en 1872-78. La generalización de Gibbs puede en la actualidad completarse y llevarse mas lejos haciendo de la Me- cánica (xeolo^ía, Biología, Medicina y de todas las otras lases de la Ciencia que trabajan con estados de la materia ramas de la Química. La consecuencia inmedia- ta de esta generalización es el desarrollo de una nueva ciencia, la Física química, por ( )stwald, LeChatellier, want Hoff, Roozeboom y los químicos de la escuela ho- landesa. En la Química física o termodinámica todos los cambios de la substancia son tratad.. s como rígidas consecuencias délas leyes de la dinámica.
En 1859 Kirchhoff v Bunsen imaginaron el análisis espectral. Paraday (1821-54) v Maxwell (1865) elaboraron la completa teoría de la electricidad y del electro- magnetismo, sobre la cual se implantaron consecuencias prácticas, tales como la luz eléctrica, el poder motor v calorífico, la comunicación telefónica y la realización de- la telegrafía sin hilos por Hertz (1887) y Marconi (1895). Los rayos Rontgen eran los Curie aislaban el radio (cloruro de radio) en 1898. Kn- édicos, Thomas Young describió el astigmatismo en 1801, establecióla ía ondulatoria de- la luz en 1802. y la teoría de la tensión superficial de la capi- laridad en i8os;John Dalton establécela ley química de las proporciones multiples (1802 V l.i tem-ía atómica (1803); William Hyde Wollaston investiga la química pa- ,.,.'., de los cálculos (1797- 1809), sugiere la estereoquímica (1808), demuestra que las explosion* s no pasan a través de delgados tubos, lo que da moti-
llumphrv Davy para inventar su lámpara de segundad (1815), e inventa la ...;,,. Helmholtz inventa el oftalmoscopio y el oftalmómetro, en .850,
el { »scopio, en 1857, v elabora las teorías de la visión ( 1 85 3-67) v la de per-
lón tonal 1 >tro médico, William Charles Wells (i757;i8i7), natural- de
Chai desarrolla la teoría del rocío y del punto del rocío en 1814.1-a to-
do inventada por Niepce(i8i4), Daguérre(i839>, Draper (1840) y box- \;,,i., [812), Chevalier (1820) y Joseph Jackson Lister (1830 mven- ¡onan las lentes acromáticas del micros. ..pió compuesto, en el cual dado la idea déla inmersión al agua y Chevalier, el objetivo compuesto; ivos estereópticos, y E. Abbé, el moderno aparato ilu- mina ibjetivo apocromático de inmersión al acote y el compensador ocu- lar 1
I >e latos de descubrimientos se deduce que el movimien-
1 moderno no ha alcanzado toda su intensidad hasta bien entra- tuna. La medicina de La primera mitad era, con muy lo una pequeña parte de la teorización esta- lad anterior. Hasta el año 1850, y bastante mas allá, la ma en la Medicina han sido realizados en I' rancia.
EL SIGLO XIX J
Desde la publicación de la Patología celular, de Virchow (1858), la medi- cina alemana empezó a ir ganando rápidamente en importancia. Las des- cripciones de las nuevas formas de enfermedades, el descubrimiento de la anestesia (1847) Y e^ de ^a cirugía antiséptica (1867) son mérites especia- les de la raza anglo-sajona.
En el continente europeo, Immanuel Kant, que expone las limitacio- nes del conocimiento y el carácter subjetivo de la observación humana, ha ejercido poco influjo en las teorías médicas; pero la denominada Filosofía natural, de Schelling, que trataba de establecer la identidad subjetiva y objetiva de todas las cosas, y el sistema de Hegel, que, como la evolución actualmente, consideraba todas las cosas como en un estado de cambio y de transformación perpetuas (Werden), ejercieron un efecto verdadera- mente deplorable en la medicina alemana, separando Ja actividad mental de la investigación de los hechos concretos para llevarla al terreno fantás- tico de la especulación. El «nihilismo terapéutico», de Skoda, estableció una decidida limitación en la medicina austríaca, y en Francia y en Italia, una gran pérdida de energías, y hasta de vidas humanas, fué la conse- cuencia de las doctrinas de Broussais y de Rasori. Se necesitó largo tiem- po para demostrar que el adelanto de la medicina interna, como ciencia, no puede nunca realizarse por la adaptación de alguna teoría determinada por consideración a la personalidad de su autor, sino únicamente por la realización de una gran serie de investigaciones químicas, físicas y bio- lógicas, llevadas a cabo por millares de investigadores. El primer paso en este sentido fué llevado a cabo por Broussais, quien echó abajo todas las concepciones metafísicas de la enfermedad para reemplazarlas por algo peor.
Fran^ois-Joseph- Víctor Broussais (1772-1838), hijo de un médico bre- tón, fué sargento en el ejército de la República en 1 792, ha navegado como corsario en 1 798 y, habiéndose graduado en Medicina en 1803, ha servido durante tres años corno cirujano militar en los ejércitos de Napo- león. Llevó su ruda cultura a la enseñanza de la Medicina, en la que sus métodos eran napoleónicos, y sus tratamientos, sanguinarios. Broussais modificó la teoría brunoniana diciendo que la vida depende de la irrita- ción, pero particularmente del calor, que excita los procesos químicos en el cuerpo. Las enfermedades, no obstante, dependen de las irritaciones localizadas de alguna viscera u órgano, por ejemplo, del corazón, o, sobre todo, del estómago y de los intestinos. Los venenos morbosos específicos, tales como el virus sifilítico, no eran existentes para Broussais. El único mérito de sus razonamientos es que sustituía el órgano enfermo al con- cepto nebuloso « fiebre >, como el factor más importante, el foco morboso (foyer de maladie). Describir un grupo de síntomas como una «entidad
4 HISTORIA DE LA MEDICINA
clínica > y roturarlo con un nombre era para Broussais un procedimiento ficticio (ontología). La gastroenteritis era para él la «base de toda la pato- logía» (i), como para Cullen era casi todo una neurosis, y para Cruveil- hier, una flebitis. La naturaleza no tenía ningún poder curativo, y era ne- cesario hacer abortar la enfermedad por medio de medidas activas. Con este fin, ha adoptado un poderoso régimen antiflogístico o debilitante, cuyos principales rasgos consistían en privar al enfermo de su propio ali-
Frangoís-Joseph- Víctor Broussais (i 772-1838)
mentó y en aplicarle sanguijuelas. Más de 30 a 50 eran aplicadas algunas ocho o cinco en los casos de extraordinaria debilidad. Acerca de la escasez de las sanguijuelas en la época de Broussais, recuerda Baas que el año [833 Be importaron en Francia 41.500.000 sanguijuelas, y sólo §e exportaron </<'> 10 millones. En cambio, en 1824-25 dos a tres mi- Hom luciente para atender a todas las demandas. Cuando se apro
"1 como el doctor Holmes lo ha descrito tan humorísti- camente Broui sii .7/, vieux militaire por la instrucción, regañón, bravu-
di< e que d supuesto origen gástrico de la mayoría <l<- las ha sido defendido anteriormente por Tissot, Grant,
Hnkf y Stoll l'u < hni.uin I I.iikII.ih h, [en
EL SIGLO XIX s
con y disputador con el vigor de un Paracelso, y aunque su continuador, Bouillaud era impelido a derramar los mismos torrentes de sangre, los es- tudiantes comenzaron gradualmente a separarse de este modo de pensar, hasta que estas teorías fueron, por último, condenadas por el buen senti- do y el equilibrado juicio del clínico Chomel y por las deducciones es- tadísticas de su discípulo Louis. La doctrina de la irritación, de Broussais, fué llevada a Alemania por Roeschlaub, y ocasionó un pálido reflejo pa-
Pierre-Charles-Alexandre Louis (1787-1872)
sajero en las obras de Benjamín Travers, Pridgin Teale y otros médicos ingleses de este período, que atribuyeron muchas enfermedades a la «irri- tación espinal». En Italia, hacia 1 807, Giovanni Rasori, en su clínica de Milán, comenzó a resucitar las doctrinas de Asclepíades de las condicio- nes de constricción y relajación (que Brown ha denominado esténicas y asténicas, y Hoffmann, tónicas y atónicas), considerando las enfermeda- des como estados de estímulo y contraestímulo. El diagnóstico de estas condiciones se hacía por medio de la sangría, que se suponía obraba be- neficiosamente en los casos de sobreestimulación, y viceversa. El super- estímulo era combatido por medio de los sedantes, del opio y de copio- sas sangrías; el contraestímulo, por medio de enormes dosis de gutagam- ba, acónito, ipecacuana, nuez vómica y otras supuestas análogas substan-
6 HISTORIA DE LA MEDICINA
cias. Este método, que era tan perjudicial como el de Broussais, tuvo, sin embargo, su boga como éste y murió lo mismo que él.
Las arbitrarias doctrinas de Broussais fueron, finalmente, destrozadas por Pierre-Charles-Alexandre Louis (178/-1872), el fundador de las esta- dísticas médicas, que él diferenciaba de las vitales. Después de haber pa- sado seis años en Rusia, donde se desesperó al considerar la impotencia de la Medicina respecto de una epidemia de difteria, convencido de la ne- cesidad de profundizar en los estudios, volvió a París a completar su edu- cación médica, y, entrando en la clínica de Chomel, pasó el resto de su vida enseñando, combinando la enseñanza con la práctica incesante de la disección y con la práctica hospitalaria. Sus principales obras son sus in- vestigaciones acerca de la tisis (1825) [i], basadas en 358 autopsias y 1.960 casos clínicos, y llamando la atención acerca de la frecuencia del tubérculo en el vértice del pulmón. Su tratado sobre la fiebre tifoidea (1829) [2], que dio a la enfermedad su nombre actual (fiévre typhoide), y sus polémi- cas contra Broussais (1835) [3], que concluyeron por echar abajo todo el sistema» de éste, y por una demostración estadística del poco valor de la sangría en la pulmonía, terminó con el abuso de aquélla en esta afec- ción. Louis pensaba que las argucias de una teoría a priori, como la de Broussais. pueden fácilmente demostrarse y ponerse de relieve por medio de buenas estadísticas (4), y que estas últimas pueden algunas veces em- plearse como un instrumento de precisión en casos en que los propios métodos experimentales han fracasado. Aunque Gavarret ha escrito un tratado de estadísticas en el cual los problemas terapéuticos eran especial- ment< considerados (1840) [5], la idea no adquirió todo su relieve toda- vía en la '-poca de Louis; pero las estadísticas han demostrado desde en- tonces su propia importancia, atestiguando los datos etiológicos y heredi- tarios, el valor comparativo de los diferentes métodos terapéuticos, espe- cialmente por el gran incremento de los periódicos médicos, con su co- rrespondiente perfeccionamiento en bibliografía y en los modos de llevar a <abo los censos, que, naturalmente, proporcionan los fundamentos de toda buena estadística. Su importancia ha sido bien puesta de manifiesto por Fournier y Erb, demostrando la relación causal entre la tabes dorsal,
i I ouis: Recherches anatomico-physiologiques sur /</ p/ilhisie, París, [825.
tr /</ maladit connut sous /<•■, noms de gastro-entérite (etcétera), París.
tr les effets de la saignée (etc.), París, 1835.
isti< .is en las investigaciones médicas ha sido sug< rido, ino, por el astrónomo Laplace. Para demostrar los buenos resulta- I de 5.000 autopsias (Neuburger: 0/>. ctt.t pá- gina 1
'.nix ,/, Ttatisttout, París, 1S40.
EL SIGLO XIX 7
la demencia paralítica y la sífilis, y por otros autores, atestiguando la im- portancia de la hidroterapia en el tratamiento de la fiebre tifoidea, de la antitoxina en la difteria, de la intervención operatoria en la apenaicitis y en otras enfermedades abdominales y pélvicas, o respecto de los efectos de los medicamentos nuevos, como el «606», etc. Louis ha sido el prime- ro, después de Floyer, que ha usado el reloj para apreciar el pulso, en lo que ha sido seguido por los médicos de las escuelas irlandesa, inglesa y americana. Por medio de sus discípulos americanos, Holmes, Gerhard,
Réné-Théophile-Hyacinthe Laénnec (i 781-1826)
los Jackson, los Shattuck y otros, ha ejercido una poderosa influencia en el adelanto de la ciencia médica en los Estados Unidos. La fuerte posi- ción que tomaba Louis en favor de los hechos y de las cosas positivas, en contra de la estéril teorización de los tiempos pasados, tenía necesaria- mente que atraerse en su favor el agudo sentido común práctico de los médicos americanos.
El más distinguido y más importante de todos los médicos internis- tas de la antigua escuela francesa ha sido René-Théophile-Hyacinthe Laennec (1781-1826), natural de Quimper (Bretaña), que, como Bicha!, había sido un cirujano de regimiento durante la Revolución y que, como aquél, murió en edad temprana, víctima de la tisis. Fué médico del Hos-
8 HISTORIA DE LA MEDICINA
pital Beaujon en 1806 y del Hospital Necker en 1 8 16. Laénnec ha hecho inmortal su nombre por la invención del estetóscopo en 1819 (en primer término, un simple rollo de papel que tenía en la mano) y por la publi- cación de las dos sucesivas ediciones de su Traite de V auscultation me- diate, en 1 8 19 y 1823. Esta obra ha colocado a su autor entre los más distinguidos clínicos de todas las edades, y, a diferencia de la de Auen- brugger, fué inmediatamente llevada a todas partes y traducida a todos los idiomas. Ha sido la piedra fundamental del conocimiento moderno de las enfermedades del tórax y de su diagnóstico por medio de la explora- ción mediata. En la primera edición (1819) Laénnec perseguía el método analítico, dando los diferentes signos puestos de manifiesto por la percu- sión y la auscultación, en correspondencia con las lesiones anatómicas (él era un experto anatomo-patólogo). En la segunda edición (1820) el procedimiento se vuelve hacia el método sintético, siendo cada enferme- dad especial descrita en detalle respecto de su diagnóstico, su patología y su tratamiento (m(ás inteligente), de tal modo, que esta edición resulta, efectivamente, el más importante tratado que se había escrito nunca de las enfermedades de los órganos torácicos. Laénnec no solamente puso el valor diagnóstico de los sonidos en las enfermedades cardíacas y pul- monares (i) sobre una base segura, sino que fué el primero que describió y diferenció la bronquiectasia (notada primeramente por su ayudante Ca- yol en 1 808), el neumotorax, la pleuresía hemorrágica, la gangrena y el enfisema del pulmón, la esofagitis y aquella forma de cirrosis que lleva en la actualidad el nombre de «hepatitis crónica intersticial difusa». Ha dejado una descripción magistral de la bronquitis y de la neumonía, con un completo estudio de las lesiones anatomo-patológicas de las mismas, y sus trabajos acerca de la gangrena pulmonar y del enfisema no han te- nido necesidad mas que de los retoques del microscopio de Rokitansky ¡jara convertirse en cuadros clásicos. Laénnec ha sido, además, el primero que ha descubierto y descrito el «tubérculo anatómico», o verruga p o st- mortem (2), que McCall .Anderson ha demostrado, en 1879, ser idéntica ;il lupus verrucosus; y ha sido también el inventor de aquellos términos o cegofonía», pectoriloquia >, los «estertores» sibilantes y sonoros y otros signos perfectamente reconocibles en el momento de la exploración del I son. límente, era una figura desdeñosa, nerviosa, aguileña,
de natuí tolerante, natural y de gustos tinos y delicados.
Lo mismo que Vuenbrugger, era modesto respecto de su propia obra,
Para la b los ruidos del corazón antea y después de Laénnec
.11, páginas i, 345 y 565. ervada per sir Samuel Wilka como verruca necrogénica»
EL SIGLO XIX
cuidando más de que ella fuese provechosa para la posteridad que de que sirviese para su propia fama.
Entre los más notables médicos internistas franceses contemporáneos de Louis y de Laénnec figuran Bayle, Bretonneaú, Bouillaud, Corvisart, Pinel, Audral, Piorry, Rayer y Ricord.
Gaspar Laurent Bayle (1774-1816), de Vernet, en Provenza, graduado en París en 1801, ha dejado su huella en la patología por su descripción de los caracteres macroscópicos del tubérculo, estableciendo la identi- dad del mismo con la granulia y
con otras variedades de tuberculosis (1803) que exponía en sus Re cherches sur la phtisie pulmonaire (18 10), la base de la obra de Laénnec y de las subsiguientes.
Pierre Bretonneaú (1771-1862)) de Tours, ha escrito importantes monografías acerca del contagio de la dothienenteritis o fiebre tifoidea (l8l9-29)[i], déla difteria (l82Ó)[2], dando a esta enfermedad su nom- bre actual, y en I de julio de 1825 realizaba la primer traqueotomía, con éxito, en el crup (3). Ha locali- zado y comprendido las lesiones ti- foideas en las placas de Peyer, ya en 1820, prediciendo que la fiebre tifoidea se llegaría a diferenciar per- fectamente del tifus exantemático (1828), y en 1855 instituyó claramen- te la doctrina de la especifidad (teoría de los gérmenes) en las enferme- dades (4). Su correspondencia con sus discípulos Velpeau y Trousseau es la colección de cartas médicas más interesante desde los tiempos de Guy Patin.
Jean-Baptiste Bouillaud (i 796- 1 88 i), de Angulema, aunque furioso sangrador, era uno de los más hábiles diagnosticadores de su época. Ha sido el primero que ha establecido que la afasia se relaciona con una le-
Pierre Bretonneaú (1771-1862). (Del retrato de Moreau de Tours.)
(1) Bretonneaú: Arch. gen. de Méd., París, 1829; XXI, páginas 57-78.
(2) Des inflammations spéciales du lissu muqueux et en particulier de la diphté- rite, París, 1826.
(3) Bretonneaú: Des inflammatio?is spéciales (etc.), París, 1826, páginas 300 a 338.
(4) Sobre esto véase Paul Triaire: Bretonneaú et ses correspondants, Pans, 1892; I- pág. 303; II, pág. 593.
[O
HISTORIA OK LA MEDICI N A
sión del lóbulo anterior del cerebro (1825) [i] y ha establecido una «ley de coincidencia» entre la frecuencia de las enfermedades del corazón y la del reumatismo articular agudo (1 836) [2]. Estas relaciones fueron, des- pués, más ampliamente desarrolladas en su importante tratado clínico del reumatismo articular agudo de 1 840 (3). Considerando la fiebre como efecto de la endocarditis y de la inflamación de la túnica interna de los
Jean-Baptiste Bouillaud i i ;ut> i
vasos sanguíneos, él era partidario de combatirla sangrando implacable- mente coup SUÍ coup.
[ean Nicolas Cor visart (1755* * 821), médico favorito de Napoleón y maestro de Bayle, Bretonneau, Dupuytren, Laénnec y Cuvier, es en la Lalidad principalmente recordado por haber hecho resucitar la obra Vuenbrugger sobre la percusión (1808), una traducción de la cual ha- bía sido previamente hecha por Rosiére de la Chassagne (1770), pero ol- vidada. El En lyo di las enfermedades r lesiones orgánicas del corazón y
VIH. páginas 25 -45. J (2 recherchi rhumatismt articulaire (etc. . Pa
irüculoin -io,
EL SIGLO XIX ii
de los grandes vasos (1806), de Corvisart, la más importante obra fran- cesa de enfermedades del corazón, más importante desde los tiempos de Senac, fué reimpresa en 1818, con algunas simplificaciones y perfeccio- namientos del método de Auenbrugger.
Philippe Pinel (1 745- 1 826), un noble espíritu de Saint-Paul (Tarn). quedará siempre en uno de los puestos más elevados de la Historia por haber sido el primero que empezó a tratar a los locos de un modo huma- nitario. Arriesgando su propia vida y su libertad, inició las reformas de su
Jean-Nicola? Corvisart (1755-1821)
primirles las cadenas, colocarles en hospitales bajo médicos de buen ca- rácter y eliminando en su tratamiento todo el abuso de medicamentos y de sangrías a que antes estaban sujetos. En este sentido es el verdadero fundador del moderno régimen de la «puerta abierta» de la psiquiatría, a pesar de que sus clasificaciones de la locura y de las enfermedades men- tales han sido ya olvidadas. Su Traite médico-philosophique sur l alienation mentale (1801) es uno de los más importantes de los clásicos, y ha sido seguido de otras piedras miliares de la psiquiatría, como las Rapsodias del tratamiento psiquiátrico de la locura (1803), de Reil; los libros de Heinroth sobre la locura (1818), la jurisprudencia de la locura (1825) y la psicolo- gía de la mentira (1834) \}\ ^a de Calmeil, sobre la parálisis general de
1) J. C. A. Heinroth: I He lÁige, Leipzig, 1834,
12 HISTORIA DE LA MEDICINA
los locos (1826) [1]; el tratado de la locura, de Prichard, que contiene la primera descripción de la locura moral (1835); Ia gran obra de Esquirol (1838) [2]; la original descripción de Falret de la locura circular (1853) [3], y el Ir atamiento de la locura sin restricciones mecánicas (1856).
Gabriel Andral (i 797- 1 876), de París, era un espíritu claro, metódico, analítico, que se oponía a todas las excentricidades y fanatismos escolás- ticos; editó las obras de Laénnec, se unió a Louis en su propaganda con- tra la sangría, favoreció el uso de los baños fríos en la fiebre tifoidea y en
Philippe Pinel (1745-1826)
otras fiebres, y se le recuerda por haber sido el primero que ha recomen- dado el examen químico de la sangre en los estados morbosos (1843) [4].
Su dinique medícale í 1829-33) ha sido la primera obra del género que han he- cho famoso I rousseau, Dieulafoy y otros, en el cual una serie de casos médicos es utilizada como medio de establecer los datos de la medicina interna. En la obra de Andral las pinturas clínicas del desarrollo de los procesos morbosos son magis- dio químico de la sangre (con Gavarret), el único de este género des- 'lr Hunter y Hewson, deja como conclusión la de que existen enfermedades primitivas <l<- la Bangre, una fase de La patología humoral que volverá a renacer de nuevo ( on Khrlic h.
L F. Calmeil: De la paralysic ginéra 1 b París, 1826. I I- . Esquirol: Des maladies mentales, dos volúmenes y atlas, París, i8^s. f P Falret Bull. .i. ' /. París, [853-4: XIX, páginas 382-400.
(4) Andral: Essaid hematologic p at kologiouetY*ñ&y 184 3,
EL SIGLO XIX 13
Pierre- Adolphe Piorry (i 794- 1 879), de Poitiers, ha sido el inventor del plexímetro (1826) y un defensor de la percusión mediata (1828) [i]. Ha escrito mucho, incluso un tratado de pleximetría (1866), y, aunque «poeta», afectaba una nomenclatura exagerada y pedante, empleando tér- minos altisonantes, como «cardiodisneuria», «hiperesplenotrofia» y otros análogos.
Pierre-Francois Olive Rayer ( 1 793- 1 867), de Calvados, ha sido autor
r
l
Philippe Ricord (1799-1889)
de una serie de obras de capital importancia, incluso su tratado de enfer- medades de la piel, con atlas ( 1 826-27); su clásico tratado del muermo y de los lamparones en la especie humana (1837) [2]> su tratado de enfer- medades del riñon, en tres tomos, con un atlas (1837-41), que marca una época en el estudio de estas afecciones, y su Memoria de la hematuria en- démica (1839).
Philippe Ricord (1799- 1 889), nacido, de padres franceses, en Baltimo- re, Md., y graduado en la Facultad de París, ha sido la más alta autoridad en las enfermedades venéreas después de John Hunter. Su tratado sobre
(i)- Piorry: De la percusión mediate, París, 1828.
(2) Rayer: De la morve et du farcin chez l'homme, París, 1837.
14 HISTORIA DE L A MEDICI N Á
esta materia (1 838) [i] es memorable en la historia de la Medicina por haber echado abajo las erróneas ideas de Hunter sobre la identidad de la gonorrea y de la sífilis (2.500 inoculaciones), estableciendo la autonomía de las dos afecciones (1831-37).
El ha dividido la lúes en su período primario, secundario y terciario, descri- biendo los chancros vaginal, uterino y uretral, haciendo notar la rareza de la rein- fección y escribiendo sobre otros asuntos, como el uso del espéculo (1833), la go- norrea en la mujer (1834), epidimitis (1839) y conjuntivitis blenorrágica (1842).
Ricord ha sido famoso por un gran número de atrevidas bous mots y anécdotas (ricordianas) relativas a su especialidad. El doctor Oliver Wen- dell Holmes le caracteriza como «el Voltaire de la literatura pelviana: un escéptico acerca de la moralidad de la raza en general, que hubiera some- tido a la propia Diana al tratamiento con sus específicos minerales y or- denado una receta de pildoras azules para las vírgenes vestales».
La moderna dermatología deriva de la obra de Willan y de su discí- pulo Bateman, continuada y llevada mas adelante por la escuela francesa y la nueva de Yiena. Robert Willan (17 57 1812), un cuáquero de York- shire que ha estudiado con ventaja la obra patológica de Matthew Baillie, ha hecho por poner en claro la naturaleza del eczema y del lupus y ha di- vidido las enfermedades cutáneas, de acuerdo con su aspecto objetivo, en ocho clases: papulosas, escamonas, exantemáticas, ampollosas, vesiculo- sas, pustulosas, tuberculosas y maculosas. Por confrontación de los térmi- nos griegos, latinos y árabes ha establecido una definitiva nomenclatura clásica. Su clasificación, por lo que le fué concedida la medalla de oro de Fothergill, en 1/90, ha sido el punto de partida de la dermatología mo- derna, y todavía sigue más o menos en uso. La gran obra de Willan On ( utiuieous Diseases (1796-1808) fué publicándose en partes, y quedó sin concluir a la muerte de su autor, siendo completada por su discípulo Ba- teman. Contiene originales descripciones y representaciones del prurigo, pitiriasis e ictiosis, al paso que la psoriasis (la lepra bíblica de Gehasi y Naaman), la sycosis, la tinea versicolor, el lupus y el impetigo aparecen más claramente definidas y diferenciadas. Osier dice que en esta obra se encuentra relatado el primer caso de púrpura de Henoch (con síntomas
1 ales;. Willan ha descrito también el eritema iris como una especie de
su género «iris» (herpes Iris) y separándole de las otras formas de eczema
debidos a las irritaciones '-xt'-mas (eczema solar, impetiginoso, rubrum,
men urial) Ha dado una descripción mas clara \ más precisa de la «urti-
rita por Frank en [792. Esta parte de su obra apare
(1) Ricord: Traite pratique des maladies vinérienn Pari 1 838.
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ce incluida en las Delineations of Cutaneous Diseases, un atlas de 72 lámi- nas coloreadas, publicado en 1817 por Thomas Bateman (1788-1831), de Whitby (Yorkshire). Bateman ha sido el primero que ha descrito el liquen urticatus, el molusco contagioso y el ectima, que Willan había señalado como phlyzacia. El ectima terebans, o «pénfigo gangrenoso», ha sido re- latado primeramente por Whitley Stokes, de Dublin (1807) [i], y el xan- toma, por Addison y Gull (185 i) [2].
El fundador de la moderna escuela francesa de Dermatología ha sido Jean-Louis Alibert (1766- 1837), de Villefranche l'Aveyron. El doctor Holmes dice: «El alegre viejo barón Alibert, que yo recuerdo tan perfec- tamente con su gran sombrero de copa alta, un poco gentilmente gastado en algunos lados, y llamando en voz alta a sus discípulos en el patio prin- cipal del Hospital de St. Louis: Enfants de la méthode naturelle, etes vous ici?» Este «método natural» de clasificar las enfermedades era positiva- mente la pasión de Alibert. Un grabado de «árbol genealógico» de las dermatosis colgaba feo y solitario en el primer término de un estéril y no atractivo paisaje, formando la lámina inicial de su obra más importante (3). Alibert ha sido el primero en describir la micosis fungoide (pian fungoi- de) en 1806, y el queloide (cancroide) en 18 10 (más tarde como «keloide» o «kelis») [1835]. Ha descrito también la «pústula de Alepo» (1829) [4], la úlcera endémica que más tarde había de tener tanta importancia en re- lación con las leishmaniosis (cuerpos de Leishman-Donovan), y ha intro- ducido muchos términos nuevos, como «sifílides», «dermatosis», «derma- tolosis», etc. Un visual y un artista, como le ha definido Sabouraud, Ali- bert estaba orgulloso de haber sido el primero que había empleado el lápiz y la paleta de pintor en la representación de las enfermedades de la piel. En sus lecciones clínicas se tomaba grandes trabajos para hacer re- presentaciones visuales de todo a sus discípulos: lo personal, lo circuns- tancial de sus casos clínicos; todo, como hacía John Bell. En sus esfuerzos para realizar estas representaciones, llegaba algunas veces a extremos re- tóricos y falsos y exagerados en extremo. El árbol genealógico de Alibert fué sustituido por su discípulo Biett por el sistema de Willan, y las ideas de Biett fueron más extendidas aún por Rayer (1826) y por Cazenave y Schedel (1828), que hicieron la primera clasificación de las enfermedades de la piel sobre una base anatómica, a saber: inflamaciones, hipertrofias, desórdenes de las secreciones y de las sensaciones, manifestaciones he-
(1) W. Stokes: Dublin Med. and P/iys. Essays, 1807-8; I, páginas 146-153.
(2) Guy's Hosp. Rep., Londres, 1851; 2 s., VII, pág. 265.
(3) Alibert: Monographie des dermatoses, Paris, 1842; I, lámina opuesta a la página 1.
(4; Alibert: Rev. Med. frant;. et étrang., París, 1829; III, páginas 69-71.
ib HISTORIA DE LA MEDICINA
morrágicas, etc. Estas clasificaciones son las precursoras de la segunda fase de la moderna dermatología, el período patológico o histológico in- augurado por Hebra y sus discípulos, que debe considerarse en íntima relación con la nueva escuela de Viena.
Las doctrinas de Laénnec han tenido una inmediata repercusión en la Gran Bretaña con la brillante obra de dos médicos de la escuela irlandesa. Los fundadores de la escuela de Dublin son John Cheyne (1777-1836), que ha descrito el hidrocéfalo agudo (1808) [i] y la respiración de Chey- ne-Stokes (1818) [2]; Abraham Colles (1773-1843), que estableció la ley de Colles, y Robert Adams (1791-1875), que ha dejado su clásico estu- dio del bloqueo esencial del corazón (1826) [3] y del reumatismo goto- so (1857) [4]> Otros importantes miembros de esta escuela son Corrigan (el del pulso de Corrigan); William Wallace (1791-1837), que ha introdu- cido el uso del yoduro potásico en la sífilis (1836), y Francis Rynd (1801 a 1861), que ha sido el primero que ha empleado las inyecciones hipodér- micas por medio de la gravedad (con un aparato de su invención) para ali- viar el dolor (1845-61) [5]. Los verdaderos maestros de la escuela de Du- blin han sido, sin embargo, Graves y Stokes.
Robert James Graves ( 1 796- 1 85 3), el hijo de un pastor de Dublin, hizo su grado de médico en 18 1 8, y al realizar el acostumbrado viaje por el continente experimentó diferentes aventuras, como, por ejemplo, ser arres- tado en Austria tomándole por espía alemán, a consecuencia de su facili- dad lingüística, y el hecho de reprimir con éxito un motín sobrevenido en un barco durante una tempestad en el Mediterráneo, después de haber asumido el mando y haber salvado el barco con su valor. Vuelto a Du- blin en 1 82 1, llegó a ser médico-director del Meath Hospital y uno de los fundadores de la Escuela de Medicina de la Park Street. Inmediatamente aplicó las más radicales reformas, introduciendo los métodos continenta- les de enseñanza clínica, tales como hacer que los alumnos más adelanta- dos tratasen y refiriesen los casos clínicos, y suprimiendo, además, los ma-
tratoa y los abusos que los enfermos de los hospitales tenían que aguantar de l<>s malhablados doctores irlandeses de aquellos días. Grande,
brío y distinguida^ Graves tenía un gran corazón, a pesar de su sar-
1 1 hydrocephalus aciilus, Edimburgo, 1808.
lublin Hosp. Ret.t 1818; II, pág. 216. Véase también The case of the hi wnshencíy en English Malady, de George Cheyne, Londres,
páginas
Dublin Hosp. Rep., 1827; [V, pág. 396.
* rheumatic gout \ Londres, 1857. Rynd: Dublin M. Press., 1845; XIII, pág. [65, y una descripción de los ins ]ublin Quart. Journ. 1/ed.Sc, 1861; XXXII, pág. 13. Para un acabado lio de la invención de Rynd iréase Pfender: Wash. Mal. I««., 1912; X, pági* .9-
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cástico lenguaje, y hasta alguna vez fué a parar a manos de algún estu- diante pobre el importe de alguna obra literaria. Sus Clinical lectures (1848), que Trousseau leía y releía con gran admiración, introducía mu- chas novedades, como el «pin-hole pupil», el tomar el pulso con el reloj y el abandono del antiguo tratamiento debilitante o antiflogístico de las fiebres. Suplicaba que la frase «él ha alimentado a los febricitantes» le sir- viese de epitafio. Graves ha dejado también los estudios más antiguos del
Robert James Graves (1793-1853)
edema angioneurótico y del escleroderma,y en 1 83 5 ha publicado una des- cripción del bocio exoftálmico, tan admirable, que ha hecho que la enfer- medad lleve desde entonces su nombre (i).
William Stokes (1804-78), compañero de Graves en el Meath Hospital, era el hijo de Whitley Stokes, profesor regio de Medicina en Dublin, y su- cedió a su padre en este cargo en 1 845. Ya en 1 82 5 se hizo notar como discípulo de Laénnec con la publicación de su Introduction to the Use Ste- thoscope. Durante la epidemia de tifus exantemático de Dublin, en 1826, trabajó duramente en favor de los pobres, viéndose atacado por la enfer- medad en 1827. Ha referido el primer caso de cólera de la epidemia de Dublin de 1832, y en 1846 ha publicado su notable estudio sobre la en-
(1) Graves: London Med. & Surg. Journ., 1835; VII, pt. 2.a, páginas 5'^ y 517.
Historia db uá M «dicha. — Tomo II
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HISTORIA DE LA MEDICINA
fermedad de Stokes-Adams (i). Sus tratados sobre las enfermedades del tórax (1837) Y las del corazón y de la aorta (1854) le han dado imperece- dera fama. Era uno de los pocos médicos que habían recibido la orden prusiana pour le mé? ite.
Sir Dominic John Corrigan ( 1 802-80), que describió la «fiebre del ham- bre > de 1847, na escrito también sobre enfermedades del corazón, y en 1832 ha publicado una original descripción déla insuficiencia de las vál- vulas aórticas (con una lámina soberbia), que se considera como el estu- dio clásico de esta enfermedad (2), a pesar de que ya había sido estudiada por Cowper (1705). Vieussens (17 I 5) y Hodgkin (1829). Corrigan ha sido el pri- mero en poner bien de manifies- to el carácter rebotante o de «martillo de agua» del pulso en la insuficiencia aórtica (pulso de Corrigan), y ha sugerido la idea de que un corazón que Maquea puede ser estimulado percutien- do la región precordial con una cuchara caliente (martillo de Co- rrigan). Ha notado también la «onubilación cerebral» del tifus y las expansivas pulsaciones del aneurisma (signo de Corrigan) y ha descrito la cirrosis del pul- món o tisis fibrosa, que, como la insuficiencia aórtica, lleva algunas veces su nombre.
Loa clínicos ingleses de la primera mitad del siglo xix asimilaron las ideas de Laénnec y de Bichat en su práctica, y, lo mismo que Heberden, Parry, Fothergill y I luxham, demostraron ser fieles continuadores de Sy- denham en las descripciones de la enfermedad. De especial importancia es la obra patológica y clínica que realizó una larga serie de brillantes traba- jadoras del ( iuy's I [ospital; ¡os grandes hombres del Guy. De ellos, Richard BUGHI [789-1858), de Bristol, había estudiado con Astley Cooper y Ja- mea Currie y Fué médico del Guy's Hospital durante veintitrés años
William Stokces (1804-78)
1 >//>//>/ Quart. Journ. Med. Sc.t 1846; [I, páginas 73-85.
Corrigan: Kdimb. \íed. &* 6urg. Joum» 1832; XXXVII, página 1 l.im. Hodgkin: London \fed.Gaz.y 1828-29; III, páginas 433-443.
is 225-245,
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(1820-43), donde trabajaba por espacio de seis horas diarias en las guar- dias del hospital y en la sala de autopsias, además de dar lecciones de materia y de clínica médicas. Su experiencia fué notablemente ampliada por un largo viaje a través del continente, durante el cual tuvo ocasión de conocer y admirar a Johann Peter Frank. Fué el médico de consulta más distinguido de Londres en su época. Sus Reports of Medical Cases (1827) contienen su original descripción de la nefritis esencial, con su distinción,
Richard Bright (1789-1858)
que hizo época, entre la hidropesía cardíaca y renal, y desde entonces que- dó establecida su reputación en toda Europa. Blancas nubes en la orina han sido notadas ya hasta por Hipócrates (i).Saliceto, el cirujano italiano, ha puntualizado bien la relación existente entre la hidropesía, la escasez de la orina y e! endurecimiento del riñon (durities in renibus) en 1476 (2), y la relación entre la hidropesía y la orina albuminosa ha sido establecida
(1) Por ejemplo, en el caso de Thasus, mujer de Philinus, en las enfermedades epidémicas. (Libro I, § 13, caso IV.)
(2) Signa duritiei in renibus sunt, quod minor atur quant it as urinae, et quod est gravitas renum et spinae cum aliquo dolore; et incipit venter injlari post tempus et jit hydropicus secundum dies. Et ut plurimum fit talis durities post apostema calidum in re- nibus et post febrem ejus. (Saliceto: Liber in s ciencia medicinali, 1476» ch. 140.)
2o HISTORIA DE LA MEDICINA
por William Charles Wells (l8u) [i] y John Blackall (1813) [2]; pero Bright ha sido el primero en relacionar estos síntomas con la peculiar in- flamación de los ríñones que ha encontrado en las numerosas autopsias que ha llevado a cabo, y sus síntesis, tan decisivas, hicieron pronto su ca- mino por todas partes, reconociéndose en todas su inmensa trascenden- dencia en la práctica médica (3). Como obra de este género, es una de las más grandes de la patología médica, y como original expositor de en- fermedades puede colocarse. próximo a Laénnec. «Bright — dice su biógra- fo Wilks — no sabe teorizar, pero sabe ver, y nos deja asombrados de su poder de observación cuando deja cuadros fotográficos de las enfermeda- des para el estudio de la posterioridad. > El no ha proporcionado puntos especiales de vista en Patología, ni ha fijado rótulos especiales en sus múl- tiples descripciones de estados morbosos; pero ha coleccionado un núme- ro extraordinario de hechos y ha sabido cómo se aprovechaba el conoci- miento de los mismos. Así, ha dado estudios originales de la diabetes pan- creática y de la esteatorrea pancreática (1832) [4], de la atrofia aguda ama- rilla del hígado (1836) [5], de las convulsiones unilaterales de la epilepsia jaeksoniana (1836) [6] y del «estado linfático» (1838) [7], que han sido se- ñalados con sus nombres apropiados, siendo mejor conocidos antes de nuestra época. Sus Medical Reports contienen descripciones seguras de al- gunas novedades, como la otitis escarlatinosa, los abscesos óticos del ce- rebro, la tisis de la laringe, las parálisis repentinas, las hemiplejías cerebra- les, los equivalentes histéricos de la enfermedad, y sorprendentes cuadros de los aspectos patológicos de la fiebre tifoidea, de la nefritis, de la atrofia amarilla aguda del hígado y de las afecciones cerebrales. Sir Samuel Wilks recuerda, además, que ha sido uno de los primeros, si no el primero, en describir la pigmentación del cerebro en la melanemia, la condensación del pulmón en la tos ferina, los pequeños equinococos en el interior de los quistes hidatídicos y los ruidos del corazón en la corea. Bright era un artista capa/ y hábil, uu coleccionista inteligente de grabados, y el pri- mar volumen de sus viajes por Hungría aparece ilustrado con encantado- uadros dibujados por él mismo. Este gran médico era, además, un
(1) Wells: Ir. Soc. Improve. Med. <5r* Chir. Knowledge, 1804-12; Londres, 1812; III, páginas 104-240.
Blai kail: Observations on the nature and cure of dropsies, Londres, 1813. • la historia de la enfermedad de Bright (1827-47) véase C. P. Falk: [848; ill. paginal 133 y 456. i B Chir. 7V., Londres, 1832-33; XVIII, páginas 1-56.
''S) pital Hep., Londres, 1836; I, páginas 36-40.
".' , página 7) N
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buen botánico y geólogo, y, personalmente, un hombre sencillo, sin pre- juicios y amante de la verdad.
Thomas Addison (i 793- 1 860), de Longbenton (Cumberland), colega de Bright en el Guy's Hospital, era más bien un brillante profesor de Pato- logía que un afortunado práctico. Se le recuerda como un hombre altanero, poco atractivo, que, en su propia demostración, ocultaba sus exageradas timidez y sensibilidad; que nunca ha tenido una gran clientela, y que se ha dedicado por completo a sus discípulos y a su labor de hospi- tal. Concedía tan poca importan- cia a la medicación, que (según se dice) algunas veces se olvidaba de recetar; además, las pildoras de Addison, de calomelanos, di- gital y esciía, para la hidropesía hepática en la sífilis, se estaban usando siempre. Ha sido también el primero en usar la electricidad estática en el tratamiento de las enfermedades espasmódicas y convulsivas (1837), Y» en colabo- ración con John Morgan, ha es- crito el primer libro inglés acer- ca de la acción de los venenos en el organismo vivo. En 1 849, Addison presentó una comunica- ción a la South London Medical
Society (i) en la que describía la anemia perniciosa (20 años antes que Bier- mer) y la enfermedad de las cápsulas suprarrenales (melasma suprarrenal). Estas observaciones clínicas fueron después mucho más ampliamente des- arrolladas y expuestas en su gran monografía On the Constitucional and Local Effects of Disease of the Suprarenal Capsules (Londres, 1855). Este libro fué considerado como una mera curiosidad científica en la época de Addison; pero en la actualidad se le reconoce como una obra de im- portancia decisiva, que, en conexión con la obra fisiológica de Claudio Bernard, inauguró el estudio de las enfermedades de las glándulas de se- creción interna y el de aquellos disturbios del equilibrio químico que se conocen con el nombre de «síndromes pluriglandulars ». Ha sido Trous- seau el primero que ha propuesto designar el síndrome suprarrenal con
Thomas Addison (17Q3-1860). (Cortesía del Dr. Her- bert L. Eason, del Guy's Hospital, Londres.)
(1) London M. Gac, 1849; XLIII, pág. 517.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
el nombre de «enfermedad de Addison». En 1851, Addison y sir William Gull describieron la enfermedad cutánea vitiligoidea, actualmente recono- cida como xantoma. El «queloide de Addison» es una forma circunscrita de escleroderma.
El patólogo Thomas Hodgkin (1798-1866), de Tottenham (Inglaterra), un miembro de la Sociedad de Amigos, llevando siempre su traje caracte- rístico, era, por naturaleza, un filántropo y un reformador, y, según dice
■■E Thomas Hodgkin (1798-1866)
Wilks, fué echado del Guy's Hospital por su carácter excéntrico y por la independencia de su espíritu. vSu reputación ha quedado hecha por su ori- ginal descripción del simultáneo aumento de volumen del bazo y de los ganglios linfáticos, o linfadenoma (1832) [ij, que, como él mismo hace no- tar, había sido vagamente señalado por Malpighi en 1665, y al que desig- nó Wilks, en [865, con el nombre de «enfermedad de Hodgkin». Ha es- crito, además, un estudio sobre la insuficiencia de las válvulas aórticas 19) [2], que precede tres años a la clásica obra de Corrigan. Es notable también o sobre la educación médica (1823), y sus Lectures on
1 Mtd. Cliír., Tr. I ondi XVII, páginas 1
',>>;/,/ 1/. <;<r:, [828-29; ill páginas 433-443
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the Morbid Anatomy of the Serous and Mucous Membranes (1836-40) son uno de los más antiguos tratados ingleses de Patología. Generoso con sus enfermos, y sin dar importancia al cobro de sus honorarios, Hodgkin fué abandonando poco a poco la clientela, y se consagró el resto de sus días a diferentes filantropías. Murió en Joppa, durante un viaje que realizaba por Oriente con sir Moses Montefiore, que erigió un monumento sobre su tumba.
Tres eminentes clínicos ingleses del primer período son Parkinson, Wells y Hodgson.
James Parkinson (1755-1824), de Londres, uno de los discípulos de John Hunter, es actualmente recordado por su única y clásica descrip- ción de la parálisis agitante, o «enfermedad de Parkinson» (1817) [i], y porque ha referido el primer caso de apendicitis en Inglaterra (1812) [2] en el cual se ha reconocido por primera vez la perforación como causa de muerte (H. A. Kelly). Parkinson era un radical, un reformador y un agi- tador político, estando en lucha varias veces con los Gobiernos, y lo poco que conocemos de su vida se debe casi por completo a las recientes in- teresantes investigaciones de L. G. Rowntrée (1912) [3]. Ha escrito folle- tos políticos y de controversia y un gran número de pequeños tratados de medicina doméstica, así como un buen libro sobre la educación médi- ca (The Hospital Pupil, 1800). Hábil geólogo y paleontólogo, es digno de recuerdo, con Avicena, Fracastor, Stensen, Hutton, Wollaston, Owen y Huxley, como uno de los médicos que han contribuido con algo de posi- tivo valor a estas ciencias.
William Charles Wells (1757-1817) había nacido en Carolina del Sur; pero siendo sus habitantes tories durante el período revolucionario, tuvo que nacionalizarse, por su libre elección, como ciudadano británico. Wells era un observador altamente original, tanto en Medicina como en Física, siendo su más importante contribución a esta última ciencia su bien cono- cido Ensayo sobre el roció (18 14). Ha descrito la orina albuminosa en la hidropesía en l8ll [4], y en 1810 ha publicado el estudio quizá más an- tiguo sobre las complicaciones cardíacas del reumatismo (5). Su estudio acerca de la visión (i 793- 1 8 14) contiene algunas observaciones de la ma- yor originalidad.
(1) Parkinson: An Essay on the Shaking Palsy, Londres, 18 17.
(2) Med. Chir. Tr., Londres, 181 2; III, página 57. .
(3) Rowntree: Bull. Johns Hopkins Hosp., Baltimore, 1912;, XXIII, pági- nas 33-45-
(4) Wells: Tr. Soc. Improve. Med. and Chir. Knowledge, 1804-12; Londres, 1812; III, 194-240.
(5)- Wells: Tr. Soc. Improve. Med. and Chir. Knowledge, 1804-12; Londres, 1812; III, páginas 372-412.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
Joseph Hodgson (i 788- 1 869), de Birmingham, un afortunado litotomis- ta, escribió un importante tratado de enfermedades de las arterias y de las venas (18 1 5) en que ha dado la primera descripción de la dilatación aneu- rismática del cayado de la aorta, a la que los escritores franceses designan con el nombre de enfermedad de Hodgson. Esta obra es fundamental en el conocimiento de las enfermedades de las arterias, y contiene un gran nú- mero de. interesantes datos históricos a propósito de los aneurismas y de las más antiguas ligaduras de importantes troncos arteriales. En relación
con ella podemos mencionar las Ob- servations, de Allan Burns, a propó- sito de enfermedades del corazón.
El tratado inglés más importante de la práctica de la Medicina en la prime- ra mitad del siglo xix son las Lectures on the Principles and Practice of Phy- sic, publicado en 1 843 por sir Thomas Watson (1792-1882). Durante más de un cuarto de siglo esta obra ha ido teniendo sucesivas ediciones y gozan do una extraordinaria popularidad, de- bida al atractivo y elegante estilo del autor y a la clara manera de presentar los asuntos.
Sir Thomas Watson (1792-1882)
El tratado práctico de Bright y Addison, del cual únicamente se ha publicado el pri- mer tomo (1800), es una producción estric- tamente científica, en la cual los fenómenos de las enfermedades se tratan en rígidas /nías, como en una obra de física matemática. Es notable por su espíritu fran- camente agnóstico enfrente de fenómenos tan obscuros como la naturaleza de la dice que la mayor parte de] texto ha sido escrito por Addison. i tratados clínicos de este período, actualmente olvidados en su mayoría, el de l.i gota, de Scudamorc (1816); el de, la sangre, de Thackrad ( 1 8 1 9); el de la tisis, de sir James < lark (1835); el de Francis Sibson, de la posición de los órga- QOS.internoS (1824); el de Gol ding Bird, de los depósitos urinarios (1845), y las obra-, de enfermedades cardíacas, de James I [ope (1832), Peter Mere Latham (1845), Alison 1845; y Chevers Í1851).
notable de la medicina inglesa durante este período ha sido la publi- cai i<'m de admirables sistemas v enciclopedias de Medicina, tales como las de For- 1833-35), Todd (1835-59), Tweedie (1840), South (1847) y Reynolds (1866-79). , el Dictionnaire des sciences medicales (1812-22), en seis volúmenes, de Panckoucke, y la Encych 1 uar< ata v un lomos, de Dechambre '1834-46) [1],
son los precursores de aquellas obras posteriores, como el Diccionario de la Medi- cina,^- Ouain, y los sistemas de Xiemssen. Fulenburg, Albutt y Osler, Un notable
1 ! .1- enciclopedias médicas del Biglo jcvij eran verdaderas antologías. I .;«
opila< 1 one- (|k , 1011,11 mis se origina de las obras del tipo de
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H
recopilador de aquella época era James Copland (i 791 -1870), de las islas Orkney, un «polihistoriador» del tipo ridiculizado en Alemania, y que ha gastado su vida entera en hacer obras de recortes, y cuyo Dictionary of Practical Medicine (1834-59) consiste en 3.509 páginas de doble columna, todas escritas por él. Norman Moore le compara con el Continent, de Rhazes, añadiendo que nuestra propia generación le ha abandonado «como a un tranquilo en los bajos del continente mismo». Como presidente de la Sociedad de Patología, de Londres, Copland excitaba muchas ve- ces la irrisión de los socios cuando reclamaba muchos modernos descubrimientos como suyos propios.
Un rasgo muy importante de la medicina británica en el siglo xix es la obra de los cirujanos anglo-indios. La Compañía de las Indias orientales había sido recono- cida por la reina Isabel en 1600, y estableció su primera estación comercial en 1612. Ya en los primeros días, dos cirujanos, Gabriel Boughton, que en 1645 fué enviado desde Surat a la corte del shah Jahan en Agra, y William Hamilton, que acompañó la misión a Delhi en 17 14- 17, eran ambos de los que tenian tráfico del instrumen- tal asegurado por concesiones y reconocimientos de la Compañía, principalmente para el establecimiento de tres grandes centros en Bombay, Calcuta y Madras; pero hasta después de la victoria de Clive en Plassey, en 1757, no empezamos a ver al Servicio Médico de la India desempeñando un papel muy importante en la medici- na tropical y colonial. Estaba ya constituido como tal en 1 de enero de 1764. El tratado más antiguo de medicina tropical ha sido, en realidad, publicado en 1768 por James Lind (1716-94), cuya importante obra fué seguida a su debido tiempo de una gran serie de libros acerca del clima y de las enfermedades de 1.. India, siendo notables entre ellas las de John Peter Wad e (1791-93), William Hunter (1804), sir James Annesley (1825), William Twining (1832), sir James Ranald Martin (1841), Allan .Webb (1848) y Charles Morehead (1856), no olvidando el perenne tratado pe- queño de pediatría tropical de Coodeve (1844). Además del desarrollo de la medi- cina tropical, la organización de los hospitales, de la educación médica, de la hi- giene pública y de otros deberes administrativos relacionados con la constitución del Imperio de las Indias, los hechos más notables de estos cirujanos del ejército con sus notables estudios directos sobre la insolación (los de Green, Barclay, Long- more y otros figuran entre los más acabados), las descripciones de las diferentes variedades de mordeduras de serpientes, de los envenenamientos observados en aquel país, de las propiedades de las drogas orientales, y múltiples contribuciones a la botánica, zoología, geología y etnografía de la India, así como estudios origina- les del beriberi, cólera, escorbuto, disentería, lepra, elefantiasis filariósica, y la in- troducción de algunas novedades, como la anestesia por el mesmerismo, el vendaje de bambú del ejército inglés, el método indio de enseñar incisiones quirúrgicas en las plantas y la reintroducción del empleo de la ipecacuana en la disentería por el cirujano mayor E. S. Docker en 1858.
El órgano literario del Servicio Médico de la India en esta época es el India Journal of Medical Science (1834-45), que fué editado desde 1842 por Frederick Corbyn. El primer tomo contenía interesantes grabados de los principales nabab- médicos de aquel tiempo.
Dos de los cirujanos anglo-indios han alcanzado un puesto distinguido en la his- toria del envenenamiento por las serpientes, a saber: Patrick Rusell (i 727- i 805), de Braidshaw (Escocia), cuyo Account of Indian Serpents (cuatro volúmenes, 1796 a 1809) es el primer estudio de la materia, conteniendo la descripción de la célebre víbora de Russel (Daboia Russellii), y sir Joseph Fayrer (i 824- i 907), que desempeñó una viva parte en el motín y cuya 7 ' haiíatophidia of India (1872) es una de las gran- des obras clásicas de Zoología, en la que se describen todas las serpientes veneno- sas de la península de la India, con magníficos y realistas grabados, dibujados pol- los discípulos indios de la escuela oficial de arte en Calcuta, y con originales expe- rimentos sobre los venenos, que quizá no hayan sido precedidos más que por las obras del abate Fontana y de Weir Mitchell (1870). El más notable de los zoólogos
los Konversations-Lexica, de Hübner (1704) y Brockhaus (1796- 1808); las enciclope- dias de Ephraim Chambers (1728), Diderot (175 1-72) y Voltaire (Pictionnaire philg- sophiqúe, 1764), y la I'ncvclopacdia Rritannica (1768-71). Para una buena list;i de las antiguas enciclopedias médicas, véase Brit. Med. Joum., Londres, 19 13; I, pág. 725.
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anglo-indios ha sido Thomas Caverhill Jerden, cuyos estudios de las aves ( 1844-64^ y de los mamíferos (1854) son famosos. Entre las muchas obras de Botánica figuran las Plajits of the Coromandel Coast, de William Roxburgh (1 795-1819), y la Flora in- dica, del mismo autor (j 820-24); el Tentame?? Florae Nepalensis (1824-26) y Pla?itae Assiaticae Rariores (1830-32), de Nataniel Wallich; los Icones plant arum Indiae Orient al is, seis volúmenes con la descripción de más de 2.000 láminas( 1838-53), de Robert Wight; los icones plantarían asiaticorum (1847-51), de William Griffith, y la Flora indica (1855), de Thomson y Hooker. Importantes monografías sobre enfer- medades tropicales son: las de John Peter Wade, de la fiebre y la disentería (1 791 a 93); los Annals of Cholera, de John McPherson (1739); la de Edward Hare, sobre el tratamiento de la fiebre remitente y de la disentería (1847); Ia de N. C. McNa- mara, sobre la Historia del cólera asiático (1876), y las originales investigaciones de Henry Vandyke Carter (1831-97), sobre el mycetoma (1874), la lepra, la elefantia- sis (1874) y la espirilosis (1882); y de Leonard Rogers, sobre las fiebres de la India (1 897- 1 908) y las disenterías (19 13). El beriberi ha sido ya descrito en el siglo xvn por Bontius (1642) y Tulp (1652); pero el tratado de John Grant Malcolmson (1835) sigue siendo la fuente clásica del conocimiento reciente de la enfermedad. Algu- nos de los cirujanos indios, que dejaron pronto el servicio militar, alcanzaron dis- tinción en otros campos de la actividad, especialmente Murchison, Esdaile y Play- fair, cuya obstetricia alcanzó nueve ediciones (1876-98); Ireland, célebre por sus trabajos sobre la locura, y Edward John Waring (1819-91), que recopiló la primera farmacopea oficial de la índia (1868), una obra bilingüe, un Bazar Medicines (i860); también una ttibliotlieca Therapeutica (1878), del tipo de la de Haller, y que, final- mente, realizó buenos servicios en higiene pública.
Charles Murchison (i 830-79), nacido en Jamaica, de padres escoceses, ingresó en el ejército de Bengala en 1 85 3 y publicó un tratado sobre el clima y las enfermedades de Burmah en 1 85 5. Vuelto a Inglaterra, llegó a ser un médico notable en el London Fever Hospital (1856-70) y en el St. Thomas's Hospital (1871-79), en relación con su maravilloso conoci- miento de las fiebres; y en 1873 ha sido presentado, con una certificación «le los habitantes del Oeste de Londres, como descubridor de una epide- mia de fiebre tifoidea por un servicio de leche contaminada. Se ha hecho notar por su sólida seguridad, prontitud y decisión en el diagnóstico, y a ¡ de que era opuesto a la doctrina microbiana de la infección, su Ireatise on the Continued Fevets of Great Britain (1862) es una obra tan importante para Inglaterra como la de las enfermedades del valle del Mis- sissipí, ríe I )rake, es para los Estados Unidos. Murchison ha traducido el libro de Frerích de enfermedades del hígado en 1861, y escribió, además, un -gran número de monografías sobre el mismo tema. Como su famoso hermano, era un hábil geólogo.
El nombre de Esdaile, del Servicio Médico de la India, está principal-
mente asociado con la historia del hipnotismo, particularmente con la
1 hipnótica en las operaciones quirúrgicas. Desde la época de Mes-
mer, el hipnotismo no era mas que una habilidad mas en manos de los
ría tan es. El gran trabajador de la hipnosis científica ha sido James
Braid (1795 *i86i), un cirujano de Fifeshire (Escocia), que residía en Man- que fué atraído por el asunto del magnetismo animal hacia 1841. Braid había pensado primeramente que los fenómenos producidos por el
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magnetismo animal eran debidos a la «colusión e ilusión»; pero pronto se convenció, por la experimentación, de que podía llegar a producirse un verdadero sueño autosugestionado por la fijación de la mirada en un objeto inmóvil brillante (braidismo). La importancia de la obra de Braid es el demostrar que el influjo mesmérico es puramente subjetivo y que no hay nada, ni fluido ni ninguna otra cosa, que pase del operador al en- fermo. Este letargo subjetivo lo califica de neuro-hipnotismo o hipnosis (1842), y el importante tratado en que se ocupaba de este asunto llevaba el título de Neurypnology \ or the Rationale of Nervous Sleep (1843). Las ideas de Braid tropezaron con una violenta oposición por parte, especial- mente, de los mesmeristas profesionales, que querían hacer aparecer sus exhibiciones sobre una base milagrosa; pero, en cambio, fueron acepta- das por Azam, Broca, Charcot, Liébeault y Bernheim, y llegaron a ser el punto de partida de la escuela francesa (i).
El hipnotismo ha sido usado por primera vez en las operaciones qui- rúrgicas por John Elliotson (1791-1868) [2], un profesor de práctica de la Universidad de Londres y presidente de la Real Sociedad Médica y Quirúrgica, que en 1 843 publicó un folleto describiendo Numerous Cases of Surgical Operations Without Pain in the Mesmeric State. Siendo ob- jeto de controversia por esto, acabó por ir abandonando todos sus car- gos. Un informe mucho más impresionante fué el hecho por James Es- daile (1808-59), de Montrose (Escocia), que en 1845 comenzó a aplicar el hipnotismo en las operaciones en indios convictos. Había realizado más de IOO operaciones con éxito, habiéndosele puesto una severa com- probación por el diputado-gobernador de Bengala, y ha llegado a una exposición de 261 operaciones sin dolor, con una mortalidad de un 5 •> 5 por IOO, describiendo todo el conjunto en su obra Mesmerism in India (1846). Vuelto a Escocia, Esdaile encontró que, excepto en las enferme- dades, el dueño de sí mismo europeo difiere del impresionable y neuró- tico indio en no ser especialmente susceptible al sueño hipnótico.
La Medicina alemana de la primera mitad del siglo xix ha trabajado con la desventaja de estar dividida en escuelas. Agotada por las guerras napoleónicas, y existiendo meramente como una colección de pequeños principados, sin más que una vaga solidaridad política y racial, el pueblo germano había sufrido un largo período de brutal régimen militar, como una consecuencia natural de la lucha forzosa contra la invasión extran- jera. Consiguientemente, las mejores inteligencias de la época habían de-
(1) Wilhelm Preyer ha traducido al alemán las obras completas de Brajd, en 1882.
(2 Al que Thackeray ha dedicado su Pendcnnis.
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rivado hacia diferentes modos idealistas de pensar; fermentación que al- canzó su grado máximo en la revolución de 1848. El brunonianismo, el mesmerismo y las diferentes fases de la «medicina mágica» que siguieron, prepararon el camino para un género de especulación más fuerte. Du- rante el período de idealismo los filósofos favoritos fueron Schelling, Fichte y Hegel. La clínica médica estaba dominada por los fantásticos sueños de la escuela filosófico-natural, de la cual era Schelling, verda- deramente, el fundador. Su principal inteligencia fué el naturalista bávaro Lorenz Oren (1779-185 1), editor del periódico Tsis y fundador del pri- mer Congreso Alemán de Naturalistas y Médicos (1822), en cuya gran originalidad de pensamiento iban, mano a mano, muchas ineptitudes. Aceptó y explicó la teoría vertebral del cráneo expuesta por Goethe (1806); consideró el músculo como un conglomerado de infusorios (célu- las), y glorificó el elemento macho en la Naturaleza, hasta el extremo de declarar que «el ideal de toda criatura sería ser varón >. Otros miembros de la escuela, como Dóllinger, Górres, Treviranus y Steffens, se lanzaron a un torbellino de palabras incomprensibles y de fantásticas distinciones entre lo real y lo ideal, la identidad, los imponderables, las polaridades, la irritabilidad, las metamorfosis, etc. Inmediatamente a la escuela de la filosofía natural, siguió la escuela de Historia Natural, que quería nom- brar y clasificar las enfermedades según rígidos sistemas, como en Zoo- logía o Botánica. Fué seguida, a su vez, por la enseñanza racional o fisio- lógica de Roser y de Wunderlich, de Henle y de Pfeufer, los precursores del movimiento científico de la medicina alemana, que iba a ser encabe- zado por los discípulos de su primer impulsor, Johannes Müller. Aparte de éstos, muchos se extraviaron por diferentes sendas, como la frenolo- gía, la homeopatía, el rademacherismo, el baunscheidtismo, la hidropa- tía, la fuerza ódica, el magnetismo animal y otros modos exclusivos y es trechos de conocer la Medicina y sus hechos. La tendencia de todas estas huecas y angulosas escuelas era de un completo desprecio respecto de los descubrimientos científicos de hombres como Bichat y Magendie, Laénnec y Louis, o del sentido práctico de aquellos grandes clínicos que se llamaban Bright, Stokes O Graves, y sus tendencias alcanzaban el lí- mite de las exageraciones en las doctrinas de la nueva escuela de Viena, como fueron expuestas por Skoda, Hamernijk y Dietl. Skoda dice que mientras nosotros podamos diagnosticar y describir enfermedades no nos atreveremos .1 esperar curarlas por ningún medio. Dietl, en una frase de i S5 1 , frecuentemente citada, dice que un médico debo ser juzgado no ito de su tratamiento, sino por lo extenso de sus conocimientos.
«En tanto que la Medicina sea arte, no Berá ciencia. En tanto que haya médií rtunados, no habrá médicos científicos. > Estas ingeniosas pa-
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radojas, que iban virtualmente subiendo hasta la plena impotencia, for- maron el «nihilismo terapéutico» de la nueva escuela de Viena. La revo- lución de 1848 hizo desaparecer las necias doctrinas de la escuela de la filosofía natural; pero la nueva escuela de Viena murió más difícilmente, y Rokitanski tuvo que ser vencido por Virchow, y Semmelweis tuvo que gastar su vida demostrando sus tesis antes de que la medicina alemana pudiera emerger del valle profundo de la especulación para ganar la me- seta de la realidad (i).
El primero en luchar contra la charlatanería de la escuela filosófico- natural fué Johann Lucas Schonlein (i 793- 1 864), de Bamberg, el funda- dor de la denominada Escuela de Historia Natural, cuya ambición era, como hemos dicho, estudiar Medicina del mismo modo que se estudian la Botánica y la Zoología. Schonlein, su discípulo Carl Canstatt y Con- rad Heinrich Fuchs, todos ellos inspirados en la clasificación de las plantas de De Can- dolle, procedieron a hacer arbitrarias clasifi- caciones de las enfermedades, basadas en cada caso en un obscuro y nebuloso funda- mentum divisionis, no diferente del de Bois- sier de Sauvages en el siglo xviii. Schonlein particularmente incurrió en extravagancias tales como colocar la gangrena del útero en la clase délas «neuroflogosis», y el cólera, en la
de los catarros. En su evolución desde Würzburgo a Zurich y Berlín pasó por las tres fases del desarrollo de la escuela histórico-natural: el parasi- tista, el nosológico y el científico (2). Los méritos reales de Schonlein, sin embargo, eran de otro orden. En su clínica en la Charité, de Berlín, ha sido el primero en dar lecciones en alemán, en vez de en latín (1840), y el fun- dador de la enseñanza clínica moderna en Alemania, introduciendo los análisis de sangre y de orina, la auscultación, el análisis químico, la per- cusión y las investigaciones microscópicas. Ha escrito poco (3); sus solas obras importantes son su observación del triple fosfato en los excreta de los enfermos de fiebre tifoidea (1836), su descripción de la peliosis reumá-
Johan Lucas Schonlein (1793-1864)
(1) Para una brillante y efectiva exposición de las locuras intelectuales de este período véase el estudio del doctor A. Jacobi, de su época estudiantil en Alema- nia, en el New York Med. Journ., 1901; LXXIII, páginas 617-623.
(2) Neuburger: Puschmann-J landbuch, II, pág. 145.
(3) • Para algunos escritos perdidos de Schonlein véase E.Ebstein:yír^./. Gcsch. de Med. , Leipzig. 191 1- 12; V, páginas 449-452.
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tica (enfermedad de Schónlein) en 1 837 (1), su descubrimiento del parási- to de la tina favosa (Achorion Schonleinii) en 1839 (2) y su proposición de los términos de «tifus abdominal* y «tifus exantemático», para distinguir estas enfermedades, y del término «hemofilia*, para designar la diátesis hemorrágica. Schónlein era un hombre de un carácter especial. Durante sus últimos años en Berlín se veía frecuentemente afectado por las excen- tricidades de un recluso, negándose él mismo a los enfermos cuando le parecía bien, y otras veces tratándolos con «divina grosería* de conduc- ta (Góttliche Grobheit) [3], que estaba entonces en boga. Sus talentos cien- tíficos han sido puestos de relieve en el bien conocido elogio jde Virchow (1865) (4); pero parece, lo mismo a la delicada percepción de Fanny Hen- sel y al sentido común de Agustín Prichard, algo tosco.
El discípulo de Schónlein, Cari Friedrich Canstatt (1807-50), de Ra- tisbona, escribió un aquilatado libro de texto, práctico y libre de los dog- mas metafísicos, del que decía Jacobi (5) que era la «Biblia de la medici- cina alemana», hasta que fué sobrepasado por Niemeyer, y éste, a su tiem- po, por Strümpell.
El movimiento científico de la moderna medicina alemana era empren- dido y sostenido simplemente por medio de cuatro importantes periódi- cos, que resistieron por sus exactas investigaciones y que ejercieron una gran influencia por medio de los espíritus jóvenes en el período especula- tivo, a saber; los Archiv für Anatomie; Physiologie und wis sens chaftliche Me- dian, de Müller (1834); e^ Zeitschrift für rationelle Medicin (1841-69)-, de líenle y Pfeufer; los Archiv für physiologische Heilkunde (1842-59), de Ro- ser y Wunderlich, y los Archiv für pathologische Anato?nie (1847 -191 3) de Virchow. Los hábiles editores de estos periódicos, Müller, Henle y Vir- chow, eran los maestros en Alemania de anatomía comparada e histología. y Müller, especialmente, el más gran fisiólogo de la Alemania de su tiem- po. Wunderlich era tal vez el clínico más original.
Carl Reinhold August Wunderlich (1815-77), de Wurtemberg, gradua- do en Tubingia en 1837, Y enseñando Medicina en aquella Universidad hasta 1850, cuando sucedió a Oppolzer en la cátedra de Leipzig (1850-77). I [a escrito un buen método de práctica (1858) y una excelente historia de
1 S< hOnlein: Alg. u. spec. Path. u. Therap., Herisau, 1837; II, pág. 1848.
\>-chiv., Berlín, 1839, pág. 82, 1 Lám. (una contribución de veinte rengloi
homérica aparece por vez primera en Lueinde^ la celebrada nove- la <i< Friedrich Schlegel. Virchow da un ejemplo (tal vez apócrifo) de la rudeza de SchOnlein. E ste fué llamado en consulta por un médico más viejo, qué, des* om er t;i<l<> i». . 1 maneras, hizo notar sus cabellos grises. SchOnlein contestó:
Tamfrién los burr >s tongrises.
\) Vircl '.ticas Schónlein, Berlín, 1 1
I <i: ()/>. cit ., pág
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la Medicina (1859); pero su obra maestra es, indudablemente, su tratado de las relaciones del calor animal en las enfermedades (l868)[l],que cons- tituye el fundamento de nuestra termometría clínica. Antes de la época de Wunderlich, Reil y otros escritores habían escrito un tratado, en cinco volúmenes, de la fiebre como enfermedad. Hacia 1 850, Clausius, Helm- holtz y sir Williams Thomson habían trabajado en el estudio de las rela- ciones matemáticas de las leyes que gobiernan la transformación del ca- lor, y en 1849, Thomson (lord Kelvin) ha establecido su «absoluta escala de temperatura», sin la cual no podía merecer confianza ningún termómetro. Sobre esta base hizo Wunderlich mu- chas cuidadosas observaciones de la temperatura en las enfermedades, ex- poniendo en cuadros los resultados ob- tenidos, y después de que la verda- dera significación de los cambios tér- micos en el cuerpo fué mejor compren- dida, la termometría se convirtió en un importante instrumento del diagnósti- co clínico y se realizaron nuevos estu- dios acerca de la fiebre y de otros pro- blemas patológicos, en los cuales iba implicada la idea de temperatura. An - tes de la época de Clausius, el calor (ca- lórico) era considerado todavía por mu- chos como una substancia material; idea que ha hecho retrasarse el pro- greso de la Medicina, como su antepasada y precursora la teoría del flo- gisto, de Sthal (2). Por el hecho de utilizar el adelantado conocimiento ter- mométrico de su época, Wunderlich ha hecho de su libro una obra clási- ca de la Medicina. El destruyó la fiebre como enfermedad, reduciéndola al estado de síntoma.
Joseph Skoda (1805-81), de Pilsen (Bohemia), era el sabio clínico de la Nueva escuela de Viena y el expositor de su nihilismo terapéutico. Ha sido el primer profesor de Viena que ha explicado en alemán (1847), habiendo enseñado casi toda su vida en el Allgemeines Krankenhaus. Su principal
Carl R. A. Wuaderlich (1815-77. (Con el ama- ble permiso de Frau Geheimrat Franz Hof- mann Wunderlich, Leipzig.)
(1) Wunderlich: Das Verhaltcn der Figenwárme in Krankkeiten, Leipzig, 1868.
(2) Hay actualmente la caritativa suposición de que cuando Stahl y sus discí- pulos sostenían que si un cuerpo entra en combustión él da algo (se «defiogista»), ellos andaban torpemente tanteando en la dirección del principio de Carnot: «Kl calor no puede pasar de un cuerpo más frío a un cuerpo más caliente.» Nada me- nos que en 1865 encontramos en un hábil ingeniero, el obstinado Rankine, que se- guía creyendo que el calor era una substancia indestructible.
3-
HISTORIA DE LA MEDICINA
contribución a la Medicina es su tratado de percusión y de auscultación (í^c/l [i], en el cual pretende clasificar los diferentes sonidos del tórax por categorías, distribuyéndolas según sus caracteres musicales, de tona- lidad, etc., y alternando de sonido lleno a hueco, de claro a obscuro, de timpánico a macizo, de alto a bajo. La resonancia skódzca, el sonido como de tambor escuchado en la neumonía y en los derrames pericardíacos, constituye un signo permanente en el moderno diagnóstico. A pesar de lo poco que se conocía de la física del sonido en el tiempo de Skoda, sus
refinamientos acústicos constituían desde muchos puntos de vista, un adelanto respecto de los términos pu- ramente descriptivos usados por los clínicos franceses de la época, inge- niosamente expuestos en el Sueño del estetóscopo, del doctor Holmes:
El ruido de roce y el ruido de sierra, Y el ruido de diablo son todos combinados. ;Qué dichoso sería Bouillaud Si pudiese encontrar un caso como éste!
No ha dejado ninguna expresión tan efectiva como la «egofonía> de Laénnec, todavía interviniendo en gran proporción en el oído del prác- tico moderno. En los tiempos actua- les la obra de Skoda ha encontrado nueva elaboración en complicados ins- trumentos, como los resonadores de I [elmholtz, quo algunos clínicos utilizan para analizar los sonidos del tórax con fines didácticos. Skoda era un caprichoso y tristón viejo solterón que, como dice Haas, llevó toda su vida trajes raros por miedo a ofender a su migo suyo personal), y que una vez llegó a demandar a un cléri- go para obtener el pago de una cuenta (2). Consideraba a los enfermos meranuMii<- como objetos de investigación, y cuando llegaba el tratamien- to d< igiéndose de hombros: Ack} das ist ja alies einsl Esto consti- tuía un mal ejemplo. El aspecto humano o psíquico del tratamiento médi- iba enteramente ignorado, y un diagnóstico confirmado por la autopsia venía .1 ser una especie de dardo arrojadizo en Viena, y el dia-
51 oda (1805-81] . (Colección A. C. Klebs.)
íssionund \uskultation, Viena, 1839, la página 954.
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gnóstico rápido (Schnell- Diagnosen) , la moda, hasta entre los practicones que no podían diferenciar la elevación y la tonalidad de un sonido escu- chado en una banda de música.
Cari Rokitansky (1804-78), colega de Skoda, era también bohemio, pero un hombre de tipo muy diferente; genial y modesto, al paso que Skoda era pragmático y pedante; un escritor gracioso e ingenioso, al paso que Skoda era seco y pesado. Su bonhomie vienesa aparece retratada en su expresión a propósito de sus cuatro hijos, dos de los cuales eran médicos y otros dos cantantes: Die Einen heilen; die Anderen heulen. Roki- tansky ha dejado una obra enorme en anatomía patológica, y se dice que disponía de I.500 a I.800 ca- dáveres anualmente. Ha hecho más de 30.000 autopsias en su vida. Ha sido el primero que ha encontrado bacterias en las lesiones de la endo- carditis maligna y en diferenciar la pneumonía lobular de la lobulillar, así como entre la enfermedad de Bright y el «riñon lardáceo» (dege- neración amiloidea del riñon, de . Virchow). Ha dejado un clásico es- tudio del aspecto anatomo-patológi- co de la atrofia amarilla aguda del hígado, dando a la enfermedad su nombre actual (1843); ha descrito y definido las complicaciones bron- quiales y pulmonares de la tifoidea como broncotifus y neumotifus, y ha completado la descripción de Laénnec del enfisema pulmonar relatando el aspecto microscópico del mismo. En Obstetricia y Ortopedia es fa- moso por haber sido el primero en describir las deformidades espondi- lolistéticas (1839) [i]. El valor de la primera edición del tratado de ana- tomía patológica de Rokitansky (1842-46) [2] está seriamente compro- metido por la doctrina de las «crasis > y de los «éxtasis», en la que los estados químicos de la substancia eran considerados como siendo sus- ceptibles de «enfermedad», y cuya doctrina fué felizmente destruida
m
Cari Rokitansky (1804-78)
(1) Rokitansky: Med. Jahrb. des ósterreichisclien Staates, Viena, [839; XIX, pa- jinas 41' y 195.
(2) Rokitansky: Ha?idbuc/i der pat halo gis c lien Anatomic, Viena, [842-46.
II: i'mia de la Medicina. — 'I
34 HISTORIA DE LA MEDICINA
por Virchow (1846) [i]. Esto último demuestra que Rokitansky era un adepto, en realidad, a la escuela de Historia Natural, así como el haber empleado una extraña terminología en describir cosas de las que no tenía conocimiento exacto. Sus hipótesis químicas de cambios de los tejidos que eran susceptibles de una explicación mucho más sencilla y sim- plemente mecánica, a la vez que su intento de renacer el antiguo com- bate entre el humorismo y el solidismo, era, según Virchow, su mostruoso anacronismo (eitt ungekeurer Anackronismus). Virchow conocía mejor la Química que Rokitansky; pero admite cordialmente que en la represen- tación de lo que se encuentra en el momento en la mesa de su autopsia, su alegre rival vienes era el más hábil patólogo de su tiempo. Se dice que cuando Rokitansky leyó la crítica de Virchow no pudo nunca volver a mi- rar de nuevo esta desgraciada primera edición. Las mejores producciones de Rokitansky se encuentran, indiscutiblemente, en su monografía sobre enfermedades de las arterias (1852) [2], ilustrada con 23 láminas en folio, y en su gran Memoria de los defectos del tabique del corazón (1875) [3] resultado de catorce años de trabajo, en la que da su teoría de la desvia- ción del septum aórtico. Estas obras han sido objeto de un profundo es- tudio por los patólogos modernos, en relación con los clásicos ingleses: de Thomas Beviil Peacock ([812-82), sobre las deformaciones del corazón humano (1866) y de los últimos escritos de Maud Abbot.
Johannes von Oppolzer (l8o8-7n, también de Bohemia, era un práctico de claro talento y extraordinariamente competente, que supo prescindir de toda teorización y que, como profesor de Viena, hizo mucho por po- pularizar en Alemania las innovaciones vienesas. Se hizo notar especial- mente por su exactitud en los diagnósticos rápidos. Hamernijk, de Praga, y Dietl, de Cracovia, eran los extremistas en el nihilismo terapéutico, y el último es todavía recordado por su exposición, en 1 864, de los síntomas dolorosos del riñon flotante (crisis de Dietl), atribuyéndolos a un acoda- miento en el uréter o en los vasos renales.
Tal vez el nombre más brillante de la nueva escuela de Viena, después de los de Skoda y Rokitansky, sea el de Ferdinand von Hebra (1816-80), de Hrunn, en Moravia, discípulo de aquellos dos maestros y fundador de la escuela histológica de Dermatología, la segunda fase de su moderno desenvolvimiento.
1 \'ir< how: Kritik des Kokitansky' schen Handbughs der pathologischcn A nato - //,'. \ ocinf. //di//,', ¡n Preussen)t Berlín, 1846; XV, Lit. Beilage, núme- ¡naa 237-243. Rokitansky: / tber einige der wichtigsten Krankheiten der Arterien^ Denkschr.
</. k. Akad. d Wissenschaft.yWtndi, |Ss-'. IV, páginas 1-7-'.
. ) >>clieidewandc des //erzens, Viena, 1875.
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La clasificación de Hebra de las enfermedades de la piel (1845) [i] estaba basada en la anatomía patológica, y aunque complicada y artifi- cial, y careciendo de la sencillez de la deVillan, ha servido para abrir nuevas vías a la investigación, en las cuales sus discípulos Kaposi, Neumann y Pick desempeñaron una importantísima parte. Hebra consideraba la ma- yoría de las afecciones cutáneas como puramente locales, y desde este punto de vista ideó muchos, modos efectivos de tratamiento. Además, como campeón de la terapéutica nihilista, se dice que seguía en algunos casos a Skoda en lo del tratamiento simulado, para demostrar de este modo su propia satisfacción de que aquéllos podían curarse por sí solos Hebra resucitó el empleó de los mer curiales en la sífilis y dio clásicas ex- posiciones del liquen exudativo ruber (1857) [2] Y del eczema marginado (i860) [3]. Ha hecho también mucho por aclarar puntos obscuros en la clasi- ficación y en la nomenclatura, y ha sido el primero en descubrir el impetigo herpetiformis (187 2) [4], aunque la ex- posición de esta última afección ha sido completada por su yerno Kaposi en 1887 (5).
La clínica de Hebra era una de las más populares en Viena, de acuerdo con su estilo genial y claro de enseñar y con su humor ingenioso, frecuente mente sarcástico.
El servicio más grande prestado na ha sido la determinación de la verdadera causa y profilaxis de la fiebre puerperal En el siglo xvm Charles White, de Manchester (Inglaterra), se ha extendido acerca de las ventajas de una escrupulosa limpieza en los casos, y el 13 de febrero de 1843 Oliver Wendell Holmes (1809-94) leía en la Boston Society for Medical Improvement su trabajo acerca de On
Ferdinand von Hebra (1816-80). (Biblioteca Médica de Boston.)
poi
la Nueva Escuela de Vie-
h einer auf paihologischer Anatomie gegründeten Ein-
Ztschr. d. /,-. k. Gesellsch. d. Aerzte zu Wien, 1845; h
(1) F. von Hebra: Ver such theilung der líautkrankheUcn, páginas 34, 142 y 21 1.
(2) Allg. Wien.Med. Ztg., 1857; II, página 95-
(3) Handb. d. spec. Path, und Therap. (Virchow), i860; ill, 1 Abth., págin
y 363-
(4) ' men. Med. Wochenschr., 1872; XXII, páginas 1 197- 1201.
(5) Kaposi: Vrtljschr /'. Dermat., Viena, 1887: XIV, páginas 273-296, 5 lam.
5"
HISTORIA DE LA MEDICINA
the Contagiousness of Puerperal Fever (i), en la que anunciaba que la mu- jer, durante el puerperio, no debía nunca ser asistida por médicos que hu- bieran realizado autopsias o asistido otros casos de fiebre puerperal; que esta enfermedad podía irse transmitiendo de enferma en enferma, y hasta proceder de casos de erisipela; y que lavándose las manos con cloruro calcico y cambiando el traje después de asistir una fiebre puerperal se realizaba la profilaxia de esta afección. El estudio de Holmes determinó una violenta oposición por parte de los tocólogos de Filadelfia Hodge y
Meigs, y en 1855 volvió aquél a la carga con su monografía Puer- peral Fever as a Private Pestilen- ce, en la que nuevamente afirjnó sus puntos de vista, anunciando que un «comisionista » podría ha- cer desaparecer la fiebre puerpe- ral desinfectando las manos con cloruro calcico y cepillo de uñas. Este «enviado» fué Ignaz Semmel- wkis (1818-65), un húngaro, discí- pulo de Skoda y de Rokitansky, que fué nombrado en 1 846 asis- tente de la primera sala de Obs- tetricia del Allgemeines Krarike- nhaus, en Viena. Esta sala había llegado a tener una mortalidad tan elevada por fiebre puerperal, que suplicaban, llorando, no ser lle- vadas a ella. Semmelweis se en- teró de que la primera sala se diferenciaba de la segunda (que tenía una inferior cifra de mortalidad) en el hecho de que los estudiantes iban a aquélla a recibir la enseñanza directamente desde la sala de disección, y frecuentemente hacían reconocimientos sin lavarse las manos, al paso que en la sala segunda, consagrada a la enseñanza de las matronas, se conce- día mucha más importancia al aseo personal. Pensando en todo esto, llevó a cabo un cuidadoso estudio de las autopsias en los casos de fiebre puer- peral fatalmente terminados. En 1847, Kolletschka, ayudante de Roki- tansky, moría de una herida de disección, y Semmelweis estuvo presente en la autopsia. Estando al lado del cuerpo de su antiguo instructor notó
Oliver Wendel Holmes (1809-94)
(i) Holmes: V. /-'.ir;,'. Quart, fourn. Wed, and Surg., Boston, 1842-43; I, pági-
'3-530- .
EL SIGLO XIX
37
que el aspecto anatomo- patológico de su cuerpo era el mismo que ofre- cían las desgraciadas puérperas de la primera sala, y de este modo llegó a cerrar la cadena de la evidencia completa. Inmediatamente instituyó ta- les precauciones en el tratamiento de los casos de parto, que la mortali- dad descendió inmediatamente de 9,92 a 3,8 por 100. En los años siguien- tes tuvo una mortalidad todavía más baja, 1,27 por 100, y todo ello por el simple recurso de lavarse las manos con solución de cloruro calcico al relacionarse con las mujeres embarazadas y con el trabajo del parto. Sem- melweis es, verdaderamente, el obrero de antisepsia en Obstetri- cia, y aunque Holmes le antece- de en cinco años en algunos de" talles, la superioridad de su obra sobre la de su antecesor reside no sólo en el firme ardor que puso en la defensa de sus ideas, sino, sobre todo, en el impor- tantísimo hecho de que recono- ció la fiebre puerperal como un envenenamiento de la sangre, o septicemia (i 847-49) [i]. Como Holmes, tropezó con una fuerte oposición, y al paso que Roki- tansky, Hebra, Michaelis y, para su perpetuo honor, Skoda estu- vieron a su lado, fué combatido por Scanzoni, Cari Braun y los ortodoxos del día. Disgustado, dejó bruscamente Viena por
Budapest, donde llegó a su debido tiempo a profesor de la Univer- sidad (1855) y publicó su inmortal tratado sobre Causas, conceptos y profilaxis déla fiebre puerperal (1861) [2], así como también sus destruc- toras Cartas públicas a diversos profesores de Obstetricia (1861). Pero su temperamento impresionable no era propicio al fuego de las violentas con- troversias, y le llevó, por sus injusticias, a la locura y a la muerte. Es uno de los mártires de la Medicina, y en lo futuro quedará como uno de los
ígnaz Philipp Semmelweis (1818-65)
(1) La comunicación original de Semmelweis se titula U óchst wiehtige Erfah- r ungen über der in Gcbaranst alten epide?nischen Pucrperaljieber, Ztschr. d. k. k. (>e- sellsch. (/. Aerzte in Wien, 1847-48; IV, pt. 2.a, pág. 242; 1849, V, pág. 64.
(2)' Semmelweis: Die Aetiologie, der Begriff und die Prophylaxis des Kindbettfie- bers, Budapest y Viena, 1861.
38 HISTORIA DE LA MEDICINA
nombres que se recordarán siempre por todas las mujeres puérperas, que tanto deben a su obra.
La Medicina es también deudora a la nueva escuela de Viena de la in- vención de la laringoscopia y rinoscopia.
El espejo para la boca, de los dentistas, parece haber sido conocido desde lar- go tiempo, y es mencionado por Celso (lib. VII, cap. XII, i) como specillum. Varios espejos bucales se han empleado también, siendo el más importante el descrito por el tocólogo André Levret en 1743 (1), y el «conductor de luz», de Philip Bozzi- ni (1773-1 809), de Maguncia, en el que se utilizaba la idea de la iluminación y la re- flexión por medio de los espejos (1807) [2]. El 18 de marzo de 1829 (3), un tosco «glotiscopio era presentado en la Hunterian Society, de Londres, por Benjamín Babington 11794-1866), del Guy's Hospital, y en 1837 el cirujano escocés Robert Listón describía su modo de explorar la laringe (4). Estos esfuerzos quedaron des- conocidos, y el moderno laringoscopio pudo ser inventado por Manuel García (1805 a 1906), un profesor español de canto en Londres, que envió una noticia de su ins- trumento a la Royal Society en 1855 (5). Tres años más tarde su método de exa- men de la laringe quedaba como una parte permanente de la laringología, gracias a Johann Nepomuk Czermak (1828-73), de Bohemia, y a su colega el neurólogo de Viena Ludwig Tükck (1810-68), que publicaron ambos sus comunicaciones en el mis- mo año (Czermak, el 27 de marzo; Türck, el 26 de junio de 1858) [6]. Tratados dife- rentes de laringoscopia por los mismos escritores aparecieron en i860, y hacia el mismo tiempo Czermak ideaba un método de exploración de las fosas nasales por pequeños espejos (1859-60) [7]. Türck escribió un importante tratado de enferme- dades de la laringe, con atlas (1866) [8], y como era un hábil neurólogo, sus estu- dios acerca de las áreas cutáneas sensitivas de los diferentes nervios espinales han quedado como clásicos (1856-68). Ha sido también el primero en hacer notar la correlación existente entre las hemorragias de la retina con los tumores del ce- rebro (1853» [9].
Otros notables miembros de la escuela de Viena son Joseph Hyrtl, el gran anatómico; el fisiólogo Ernst von Brücke; los oftalmólogos Beer, Arlt, Stellwag von Carion y Jeager von Jaxtthal; el otólogo Adam Polit- zer; los clínicos Bamberger, Winternitz y Nothnagel, y los neurólogos Meynert, Benediki y Ritter von Rittershain. Virchow era casi el único es- píritu alemán de su tiempo que apreciaba a Bichat y a Magendie, a Bright y a Addison, y que estaba ampliamente dotado de la tendencia, esencial- mente-práctica, de aquellos médicos de la nueva escuela de Viena — en su
' (\) Levret: Mercare de France, París, 1743; pág. 2434. Bozzini: Der Lichtleiter^ Weimar, 1807. Babington: London Med. Caz., 1829; III, pág. 555. Listón: Practical Surgery \ Londres, 1837; pág. 350.
Roy. Sac.y Londres, 1854-55; Vil, páginas 399-410. rmak: Wien. med. Wochenschr., 1858; VIII, pág. 196. Türck: Ztschr. d. k. k. Gesellsch. </. Aerzte zu W'icn.. 1858; XIV, pág. 401; 1850, XV, pág. 817. — Czer- mak: Sil . tngsb. d. k. Akad. d. Wissensch. Mat. naturw. ('/. Wien., [858; XXIX, pági- 3 \. Para más detalles ai erca de La historia de la laringoscopia véase el ar- tí< ulo de Louis Elsberg en Phil. Med. limes, 1873-74; IV, páginas 129-134.
rmak: Wien. med. Wochenschr., 1859; IX, páe. 518; 1860, X. pág. 257. k: Klinikder Krankheiten des Kehlhopfes una der LuftrShre, Viena, 1866. d. k. k. Gesellsch. d. Aerzte w Wien., 1853; IX, pt. 1 .», pági- .
EL SIGLO XIX 39
mayoría eslavos — , hasta que la medicina alemana cruzó, por último, el Rubicon.
Otro importante rasgo de la medicina alemana en la primera parte del siglo xix tiene que ser ahora mencionado, a saber: el crecimiento de la homeopatía, que, desde el punto de vista de la época, es uno de los muchos sistemas teóricos aislados del pasado siglo. Su fundador, Samuel Christian Friedrich Hahnemann (1755-1843), de Meisser, hizo su grado de médico en Erlangen en 1779, y hacia el final de la centuria, como re- sultado de experimentos, algunos realizados en su propia persona, co- menzó a formular aquellas teorías que caracterizan su sistema. Estas son, en primer término, una resurrección de la doctrina de las semejanzas, de Paracelso, a saber: primero, las enfermedades, o los síntomas de las en- fermedades, son curables por aquellas drogas particulares que producen efectos similares en el organismo (simiíia similibus curantur); segundo, el efecto dinámico de los medicamentos va multiplicándose cuando se van dando aquéllos en dosis infinitesimalmente pequeñas, que se obtie- nen por cuidadosas diluciones o por trituración hasta límites extremos; tercero, la noción de las más crónicas enfermedades son una manifesta- ción del suprimido comezón o «psora». Estas doctrinas han aparecido reunidas en su Organon der rationelleu Heilkunde (1810) y encontraron gran aceptación, especialmente en América.
La diferencia entre Hahnemann y Paracelso es, como dice Neuburger, que Hahnemann dirige sus arcanos, no contra las causas de la enfermedad, sino con- tra los síntomas y los grupos de síntomas. Por esto, su método terapéutico no es una verdadera isoterapia, ni tampoco los sistemas isopáticos que le han seguido son completamente la misma cosa que los tratamientos por los sueros, las vacu- nas, bacterinas, hormones y extractos animales (1). Entre las últimas exageraciones de la homeopatía figura el sistema dejohann Gottfried Rademacher (1772-1850), en el cual quedan ignorados los procesos y los hallazgos patológicos, siendo dia- gnosticadas las enfermedades como «universales» y «orgánicas», según los efectos que ejerzan sobre ellas los remedios. El fruto natural de este sistema fué la escuela de «especifistas», que rechazaba les fantásticos «remedios universales» de Rade- macher por la doctrina de la relación específica de ciertos remedios con partes definidas del cuerpo. Este sistema, que ha sugestionado fuertemente a Ehrlich, era favorablemente considerado por Virchow. Era, sin embargo, natural que todas estas teorías sin objeto decayeran y se marchitasen, por último, en un incoloro e insípido «eclecticismo». La impotencia del eclecticismo quedó suficientemente de- mostrada por la inundación de gárrula palabrería y de turgente verbosidad que se desencadenó con motivo de la epidemia del cólera de 1831-32 (2). Neuburger dice que la obra maestra de Skoda y de Rokitansky ha sido acogida con frío si- lencio, «un silencio que hablaba volúmenes».
(1) La isopatía (aequalia aequalibus), de G. F. Müller, proponía el tratamiento de la sarna por la psorina, de la tenia por la taeniína, de la caries dental por la odontonekrosina, de la tisis por la phthisina (o por los esputos de los tísicos, como ha sido propuesto, en primer termino, por Robert Fludd), las enfermedades del hígado por la hepatina, etc.
(2) Neuburger: Pusc/unann-Handbuck^v.WA, 1903; II, páginas 125 y 129.
40
HISTORIA DE LA MEDICINA
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La extraordinaria popularidad del sistema de Hahnemann se debe, probablemente, al hecho de que disminuía la escala de los medicamentos en la práctica. El ha sido, positivamente, el introductor de las pequeñas dosis. Por otra parte, su sistema es la consecuencia del teorizante si- glo xvnr. Hahnemann ha muerto millonario en París en 1843.
Entre los primeros clínicos americanos, a los que nosotros debe- mos las más originales obras, figuran Otto, los Jackson, North, el vie- jo Mitchell, Ware, Gerhard y Drake.
John Conrad Otto (1 774- 1 844) nació en Woodbridge (New-Jersey), de origen germánico-americano; tomó su grado de médico en la Uni- versidad de Pensilvania en 1 796, sucediendo a Benjamín Rush en el Dispensario de Filadelfia en 1813 y enseñando clínica médica en e^ Hospital de Pensilvania por espacio de veintiún años. Desempeñó un papel muy activo durante la epide- mia de cólera de 1 833, y es espe- cialmente notable por su publica- ción acerca de lahemofilia(l803) [i], un estudio de una familia de «he- mófilos» que constituye el primer estudio de esta naturaleza que exis- te en la literatura médica. Jambs Jackson (1777-1868), de Boston, un aprendiz-discípulo de Edwar Augustus Holyoke (1797-8) y después ayudante en el Hospital . Thomas y estudiante de Astley Cowper, era el primer médico del Hospital general <1<- Massachusetts (1810), ha escrito un antiguo libro de práctica, v ha sido extraordinariamente leído en sus atractivas un médico joven (1855). lia publicado uno de !<>s estudios más nos ()«• la neuritis alcohólica, que designa como arthrodynia á potn \2) [2], ha bosquejado los síntomas mentales y su relación con la fie- !)!■'• ; iSySi [3], contribuyendo en gran parte a establecer el estu-
dio de '-st.i enfermedad sobn una sólida base cu su región.
i Jame;. Jackson (i; ¡ a Medie;
de Boston.)
1 C Otto \fed •'>'< ork, 1803; VI, páginas 1-4.
2) J.J / ■://■//. Wed. and Sur 11 pág. 351.
j I. I rt founded on the cases of '-typhoid fever , Boston, 1838.
EL SIGLO XIX
41
El hijo de Jackson, James Jackson, jr. (1810-34), cuya prematura muerte privó a la medicina americana de uno de los más distinguidos discípulos de Louis, ha dejado una valiosa Memoria sobre la epidemia del cólera de 1 832, y ha sido el primero en describir el sonido espira- torio prolongado como un importante signo diagnóstico de la tisis inci- piente (1833) [I]-
Elisa North (1771-1843), de Goshen (Conneticut), trabajó mucho en la vacuna jenneriana (1800), estableció la primera enfermería de los ojos en los Estados Unidos, en Nuevo Londres (1817), y en 1811 pu- blicó el primer libro de menin- gitis cerebro-espinal (spotted fe- ver), en el que recomendaba el uso del termómetro clínico. El libro de North va precedido de la disertación del grado de Na- than Strong, jr. (Hartford, 1810). John Kearsley Mittchkll (1793-1858), de Virginia, fué educado en P^scocia y se graduó en la Universidad de Pensilvania en 1819, y después de haber he- cho tres viajes por mar como médico de barco, comenzó a practicar en Filadelfia, donde bien pronto alcanzó merecida fama como internista, neurólo- go y profesor. El volumen de monografías reunidas después de su muerte por su distinguido hijo (1851) [2] revela una originalidad de pensamiento muy superior a la del medio que le rodeaba; era, ade- más, poeta, lo mismo que su hijo. Ha escrito hábilmente sobre suges- tión y mesmerismo, osmosis, liquefacción y solidificación del ácido car- bónico y sobre la ligadura de los miembros en los estados espásticos, y ha sido el primero en describir las artropatías espinales neurósicas (183 1) [3], que han sido desenvueltas más tarde por Charcot, Bechtereffi Strümpell y Marie. Su ensayo On the Cryptogamous Origin of Malarious and Epidemic Fevers (1849) supone el primer breve informe de la etiolo-
John Kearsley Mitchell (1793-1858)
(1) Comunicación a la Société medícale d'observation de París en 1833.
(2) • J. K. Mitchell: Five Essays, edited by S. Weir Mitchell, Filadelfia, 1859.
(3) Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1831; VIII, páginas 55-64.
42 HISTORIA DE LA MEDICINA
gía parasitaria de la enfermedad sobre una base á priori) un argumento rigurosamente lógico que, partiendo de una pura teoría, le coloca en el mismo nivel que el ensayo de Henle sobre los miasmas y contagios (1840).
John Ware (1 795 -1 864), de Hingham (Massachusetts), un graduado de Harward, que era profesor de práctica en esta capital desde 1832 a 1858, ha escrito una importante monografía sobre el crup (1842) [i], y su acabado estudio sobre el delirium tremens (183 1) [2] supone, en rela- ción con el trabajo más antiguo de Thomas Sutton (1813), lo más clásico publicado sobre esta materia.
Jacob BiGKLOw (1787-1879) de Massachussetss, ha sido uno de los más grandes botánicos americanos; los tres volúmenes de su American Medi- cal Botany (1817-20), ilustrados con 60 láminas y ó.OOO grabados en colo- res, trazada técnicamente por el mismo, constituyendo una obra de repu- tación internacional y, por lo que a América respecta, no teniendo análo- gos más que en los escritos de Barton, Raffiniesque, Porcher y Asa Gray. Bigelow era un médico de visita del Hospital general de Massachussetts, profesor de Materia médica en Harvard y un gran reformador médico • Durante la epidemia de cólera de 1 832, su sabia gobernación sanitaria li- mitó la mortalidad en Boston a IOO, contra 3.000 defunciones en la ciu- dad de New- York. Su discurso On Self-limited Diseases (1835) ejerció un poderoso influjo en la práctica médica de los Estados Unidos, y, según las palabras del doctor Holmes, hizo «más que ninguna otra obra o en- sayo en nuestro propio idioma para rescatar la práctica médica de la es- clavitud del sistemático recetar, que era una parte de la herencia patrimo- nial déla profesión». En 1S55, Bigelow publicó un Lomo anónimo, de há- biles parodias poéticas, titulado Eolopoesis.
William Wood Gerhard iiSoy-72), nacido en Filadelfia, aunque de origen alemán, ha sido tal vez el más brillante de los discípulos america- nos de Louis. Era médico resident»- en el Hospital de IVnsilvania (1834-68), enseñando los principios de Medicina en la Universidad de IVnsilvania ( 1838-72), siendo muy querido en su ciudad nativa por sus genialidades y bondades. I !■• investigado la aplicación endérmica de los medicamentos on Pennock) la epidemia de cólera de París de 1832 y ha escrito interesantes estudios de la viruela 1 [832) [3] y de la neumo- nía M834) [ \\ '*n '"' niño. Su tratado de enfermedades del tórax (1842) ha
■ la gran autoridad de la materia hasta el tiempo de Flint, lia dejado dos monografías de positivo valor: su monografía sobre meningitis tuber-
1 Wa re: Contrii .1 losto n, 1 842.
V, páginas 1 36-194. j G< rhard: \m ' /. Se, Filadelfia, 1832; XI. páginas [68-408.
4) XIV, página ; XV, página 87.
EL SIGLO XIX
43
culosa en el niño (i 833) [i], el primer estudio clínico preciso de la enfer- medad, y su trabajo sobre el diagnóstico diferencial entre el tifus y la fie- bre tifoidea (1837) [2]> que definió de un modo definitivo, en los Estados Unidos por lo menos, el estado patológico de ambas afecciones. Obser- vadores aislados, como Willis en 1643 [3], Huxham en 1737 [4], o Hilde- brand en 1 8 10 (5), no han tenido duda, en honor suyo, en la distinción entre ambas enfermedades; pero el asunto permanecía en un estado nebu- loso hasta el momento en que Gerhard publicó su trabajo; pues la misma
Daniel Drake (1785-1852)
obra maestra de Louis de 1829 no dio conocimiento de la fiebre tifoidea, y los prácticos ingleses, con la posible excepción de A. P. Stewart (1840) [6] o de Perry, de Glasgow, no establecieron claramente la distin- ción entre el tifus y la fiebre tifoidea hasta que fué bien establecida por sir William Jenner en 1 849 [7].
El más grande de los médicos del Oeste, y una de las más pintores-
(1) Gerhard: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1833; XIII, páginas 313-359.
(2) Gerhard: Ibidem: 1837, XX, páginas 289-322.
(3) Willis: Defebribus, 1659, cap. XIV y XVII.
(4) Huxham: Essay on fevers, 1755.
(5) J. V. von Hildebrand: Ueber den ansteckenden Typlius, Viena, 1810.
(6) ' Stewart: Edinb. Med: &> Surg. Journ., 1840; LIV, páginas 289-369.
(7) Sir. W. Jenner: Med.-Ckir. Ir., Londres, 1849-50; XXXIII, páginas 23-42.
44 HISTORIA DE LA MEDICINA
cas figuras déla medicina americana, es Daniel Drake (1785-1852), que ha sido el primero, después de Hipócrates y Sydenham, en trabajar en geografía médica, tomando como posición propia la de la relación de ésta con la topografía de la enfermedad. Ha nacido en New-Jersey, en una ex- trema pobreza; se educó en un camarote de un barco, entre los zapadores de Kentucky; y la historia de sus luchas para adquirir una instrucción, auxiliándose a sí mismo y conduciéndose solo; su elevación en su carrera, venciendo todo género de obstáculos, es un buen ejemplo de lo que puede conseguir una honrada capacidad cuando es persistente. Discípulo de Wi- lliam Goforth, el defensor de la vacuna jenneriana en el Oeste, su diplo- ma, escrito por la mano de aquél, ha sido el primero que ha salido del Oeste de América. A pesar de su práctica, Drake no pudo completar su educación médica hasta 1815; fecha en que recibió el grado académico en la Universidad de Pensilvania. Ha sido uno de los «médicos peripatéticos» de Osler, moviéndose constantemente de un punto a otro en defensa de la causa de la educación médica. «Siempre en lucha con los hombres» (porque su naturaleza era combatiente) y descontento, aparentemente, con toda situación en que se encontrase. Cambió su localidad como profesor nada menos que siete veces en su vida, y dos importantes Facultades, el Colegio de Medicina de Ohio (1821) y el Departamento Médico del Cole- gio de Cincinnati (1835), fueron creadas por él. En la última fundación tuvo como compañeros los mejores profesores americanos de su tiempo, incluso Samuel D. Gross y Willard Parker. Drake ha sido también el fun- dador del Western Journal of the Medical and Physical Sciences (1827-38), la más importante1 revista médica de) Oeste en aquella época. En ella se contienen sus celebrados estudios sobre educación médica, reimpresos en 1832, y que han sido, anterior y posteriormente, la más importante contribución que se ha publicado sobre la materia en aquella región. Es- tán escritos en un estilo que, por su claridad y su belleza, es, todavía en la .i< tualidad, un modelo de cómo deben escribirse las obras de este géne- ro. En 1 S 1 1 , Drake publicó uno de los primeros estudios de la literatura medí a de la enfermedad de la localidad conocida como «temblo-
o 'enfermedad de la leche» (i). lia descrito también la epidemia de cólera que apareció en Cincinnati en [832, y escribió gran número de tra- bajos a propósito de los males de la vida ciudadana 1 [831), del mesmeris- mo (184 p, de los defectos morales de los estudiantes de Medicina (I S47),
y una entretenida obra postuma, Pioneer life in Kentuncky (1S70); pero
1 E 'i-ii'. más antiguos ion los de Tilomas Barbe* ices Concerning
por Alexander rdford y Arthur Stewart, en Med. Repository^ XV, pág
EL SIGLO XIX 45
su obra principal es la titulada Diseases of the Interior Valley of North America (1850-54), el resultado de treinta años de trabajo, basada amplia- mente en observaciones personales efectuadas durante extensos viajes. El primer volumen es una admirable enciclopedia de la topografía, hidro- grafía, clima y meteorología, plantas y animales, población (incluyendo alimentación, habitación y ocupaciones) del valle del Mississipí. El segundo volumen, que no fué publicado hasta después de su muerte, trata de la malaria otoñal y de otras fiebres, fiebre amarilla, fiebre tifoidea, tifus exan- temático, las no clasificadas «fiebres flogísticas», en relación con la topo- grafía, la meteorología y los caracteres sociológicos. No había nada pare- cido a este libro en la literatura excepto Aires, aguas y lugares, de Hipó- crates, y, además, Hipócrates no había acertado a encuadrar perfectamen- te la geografía local de la enfermedad. En su tendencia práctica, la obra de Drake pertenece a la clase descrita por Billings como distintiva y pe- culiar de América, «en asunto, modo de desarrollarlo y estilo de la com- posición» (i). Cuando Alfred Stillé informó acerca de él en la American Medical Association, en 1850, Drake fué saludado con prolongadas y rui- dosas demostraciones de aplauso y de entusiasmo, como no se habían tri- butado anteriormente a ningún otro médico; «él cubrió su rostro con sus manos y lloró como un niño>. En relación con la obra maestra de Drake, no deben olvidarse dos de sus últimos folletos, por ser de los más raros entre los americanos. El primero es un folleto acerca del clima y de las en- fermedades de Cincinnati (1810), y puede ser considerado como el germen de su gran obra; el segundo, Narrative of the Rise and Fall of the Medical College of Ohio (1822), es una de las más escogidas muestras que existen del humorismo médico. Drake, según le describe Gross, era grande, de figura imponente, sencillo y digno en sus maneras. «Iba siempre bien ves- tido, y alrededor de su cuello llevaba una larga cadena de oro, de reloj, que quedaba colgando sobre su chaleco.» Como profesor, poseía una es- pléndida voz y una altiva elocuencia; oyéndole se percibía una sensación como la que produce el rumor de un árbol agitado por la tempestad. Era distinguido, amante de los niños, enemigo de toda grosería, y con un as- pecto en cierto modo poético; había escrito versos muy correctos. Pero a pesar de que él había sido el que en la práctica había creado la verda-
(1) J. S. Billings, en A Century of American Medicine, Filadelfia, 1876, pági- na 374. El doctor Billings ha sido el primero que ha hecho resaltar la importancia de Drake en la medicina americana. Drake ha sido posteriormente objeto de una acabada y excelente biografía del Otto Juettner, de Cincinnati (Daniel Drake and his Followers, Cincinnati, Harvey Publ. Co, 1909), queda una buena información de la medicina del Oeste en sus primeros tiempos y que debe ser leída por todo el que quiera conocer las condiciones de la época.
46 HISTORIA DE LA MEDICINA
dera enseñanza médica en Cincinnati, tuvo que aguantar en su vida muchos disgustos y hasta insultos de los hombres vulgares y pretenciosos, que afectaban mirarle con desdén por su origen humilde y por sus luchas del comienzo de su vida. Señalaba como una razón para no ir a Europa el que no deseaba encontrar médicos que pudiesen vanagloriarse de poseer ma- yores ventajas que él poseía, y añadía con patético acento: «Yo debo mu- cho a mi país, para colocarme a mí mismo en tan desairada posición.»
Otros notables médicos americanos del primer período son: George Bacon Wood (1797-1879) y Franklin Bache (1792-1864), de Filadelfia, colaboradores am- bos de la enorme obra Dispensatory of the, United States (1833), que alcanzó 17 edi- ciones; Alonso Clark (1807-87J, de Ñew-York, que inventó el tratamiento de las pe- ritonitis por el opio (1855) [ij; Elisha Bartlet (1804-55), de Rhode Island; John Y. Bas- set (1805-81); el Alabama student, de Osier, y Samuel Henry Dickson (1 798-1872), de Carolina del Sur, un trío de elegantes y atractivos estilistas y literatos médicos; el celta beligerante Charles Caldwell 1^1772-1853), de Carolina del Norte, que fundó dos escuelas médicas en el Oeste, y cuya Autobiografía (1855) es una notable dia- triba, sobrecargada de veneno y de rencor; Robley Dunglison (1 798-1869), de Kes- wick (Inglaterra), que recopiló un excelente diccionario médico (1833) y escribió un asombroso número de ohras de texto de casi todos los asuntos, excepto de Ci- rugía; David Hosack (1709-1836), el mejor práctico de la ciudad de New-York en su época, y editor de la American Medical and Philosophical Register (18 10- 18 14), en cuya obra fué auxiliado por John Wakefield Francis (1789-1861), un médico germa- no americano que llegó a gozar algo de la popularidad de Hosack en New- York, que era una especie de Mecenas, médico en la ciudad y un atractivo escritor y maestro; Nathaniel Chapman 1 1 780-1853), de Virginia, un notable profesor de clí- nica médica en la Universidad de Pensilvania, que fundó en 1820, con Matthew Ca- rey, el Philadelphia Journal of the Medical and Phis ical Sciences, que en 1827, bajo la dirección de Isaac Hays (1 796-1879), se convirtió en el American Journal of the Medical Sciences (periódico de Hays: Hay's Journal); Tehodoric Romeyn Beck (1 791-1855), de New- York, cuyos Elements of Medical Jurisprudence (1823) eran an- tiguamente el mejor libro de la materia, alcanzando 10 ediciones y varias traduc- ciones, e Isaac Ray (1807-81), de Beverley (Massachussetts), que escribió el primer tratado de jurisprudencia médica de la locura (1838), un serio y bien escrito libro que todavía se considera de mérito en la actualidad.
Entre los descubrimientos aislados de Medicina en la primera mitad del si- glo xix podemos hacer mención de la descripción original del «Kondée», o enfer- medad del sueño; en los viajes por el Africa de Thomas Winterbottom (1803) [2]; eJ primer estudio de la meningitis cerebro-espinal, por Gaspard Vieusseux (1746 a 1814), en Ginebra (1805) [3], y por L. Danielsson y E. Mann, en Medfield (Massa- chussetts, 1806) [4]; la pequeña monografía de Charles Badham acerca de la bron- quitis que lleva su nombre (1808) [5]; la de Allan Burns sobre la endocarditis (1809) [6]; la de William Charles Wells sobre el reumatismo del corazón (1812) [7];
i ( 'lark: On the treatment of puerperal peritonitis bx large doses of opium, 1855.
(2) Winterbottom: in \ccount of the Native Africans, Londres, 1X03; II, pági- nas 29-31.
(3) Vieusseux: Jouru. </e Med., (7/i/\, Pharvt., etc., Paris, 1805; XI, páginas 163 a 182.
•i Danielsson and Mann: Med i \gric. Register, Boston, 1806.
Badham: Observations on the inflammatory Affect ions of the Mucous Membra- ne of the Bronchiae^ Londr<
\ ervations on Some of the Most Frequent and Important IHseases of
the Heart, Edimburgo, 1809.
(7) Wells: lr..\oc. Improve. M . I /// , Knowledge, 1804-10; Londres, 1812;
III, páginas 373-412.
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la tesis de Romberg sobre la acondroplasia ( 1 8 1 7) [1]; el estudio de John Clarke acerca del laringismo estriduloso y de la tetania en el niño (181 5) [2]; el de John Bostock de la fiebre del heno (1819) [3]; el clásico estudio de la apendicitis de Lou- yer-Willermay (1824) [4]; la descripción, por Kopp, del «asma tímico», y de la «muerte tímica» (1830) [5]; el estudio, por Lobstein, de la fragilidad de los huesos en la osteopsathyrosis (1833) [6]; la descripción clínica, por John Badham, de la pa- rálisis infantil (1835) [li e^ importante estudio de Carl Adolph Basedow del bocio exoftálmico, dando los tres síntomas clásicos, o «triada de Merseburg» (1840) [8); el caso de Mohr de tumor de la glándula pituitaria con obesidad (1840) [9]; la mono- grafía de Jakob Heine de poliomielitis infantil (1840) [10]; la indicación, por Henry Burton, de la línea azul a lo largo del reborde de las encías en los intoxicados por el plomo (1840) [11]; el estudio, por Perrin, de la hidroartrosis intermitente (1845) [12]; los estudios, independientes entre sí, de la leucemia, porVirchow y John Hughes Bennet (1845) [13], y la indicación, por Curling, de la relación entre la au- sencia de la glándula tiroidea con la «tumefacción simétrica del tejido adiposo a los lados del cuello y el defectuoso desarrollo cerebral» o mixedema (1850) [14].
Entre los primeros expositores de la Anatomía y de la medicina cien- tífica en Francia figura Marie-Frangois-Xavier Bichat (1771-1802), el crea- dor de la anatomía descriptiva. Hijo de médico, discípulo predilecto, ayu- dante y amigo íntimo del cirujano Dessault, y algún tiempo cirujano de los ejércitos de la Revolución, Bichat desarrolló bien pronto una inteligen- cia luminosa, arrolladura, capaz de alternar felizmente entre el estudio, la práctica afortunada de cirujano y la obra de un gran maestro, cuya tem- prana muerte ha constituido una de las más sensibles pérdidas para la Ciencia. Su Traite des membranes (1799- 1800), su Anatomie descriptive, en cinco volúmenes (1801-1803), y toda su obra, en general, de anatomía aplicada a la Fisiología y a la Medicina (1802) abren un campo completa- mente nuevo a los anatómicos, dándoles una detallada descripción de las partes y los tejidos del cuerpo en el estado de salud y en la enfermedad. Antes de la época de Bichat las obras de esta materia, como la de los Mon-
(1) M. H. Romberg: De rachitide congenita, Berlín, 1817.
(2) J. Clarke: Commentaries on some of the most important diseases of children, Londres, 1815; páginas 86-97.
(3) Bostok: Med. Chir. Tr., Londres, i8i9;X, páginas 161-165.
(4) Louyer-Villermay: Arch. gen. de Med.. Paris, 1824; V, páginas 246-250.
(5) J. Kopp: Denkwurdigkeilen in der ¿irztlichen Praxis, Frankfurt am Mein, 1830; I, páginas 1 y 368.
(6) Lobstein: Traite de VAnat. path., Paris, 1833; U> páginas 204-212.
(7) Badham: London Med. Gaz., 1835-36; XVII, pág. 215 (descrita primeramente por Michael Underwood (1784).
(8) Basedow. Wochenschr.f. d. ges. Heilk., Berlin, 1840; VI, páginas 197 y 220.
(9) Mohr: Wochenschr.f. d. ges. Heilk., Berlin, 1840; VI, páginas 565-571.
(10) Heine: Beozachtungen iiber Ldhmungszustdnde der untern Ext remit at en und deren Behandlung, Stuttgart, 1840.
(11) Burton: Med. Chir. Tr., Londres, 1840; XXIII, páginas 63-79.
(12) Perrin: Journ. de Med., Paris, 1845; II, pág. 82. — Union Méd., Paris, 1878; III, s. XXV, pág. 82 1 .
(13) Virchow: Weisses Blut, en Neue Aotizen a. d. Geb. d. Nat. u. Heilk, Weimar, 1845; XXV, páginas, 151-155. — Bennet: Edinb. Med. 6° Surg. Journ., 1845; LXIV, páginas 413-423.
(14) Curling: Med. Chir. Tr., Londres, 1850; XXXIII, pág. 303.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
ro, por ejemplo, eran tristemente rudimentarias y no decían casi nada a propósito de los detalles anatómicos de los nervios y de las visceras; a la vez que la disección-, como ha recordado Robert Knox, se apoyaba en una base demasiado sencilla y teórica. Bichat ha sido el profesor de Henle y de los histólogos; dividía los tejidos (no microscópicamente) en 21 varie- dades, que consideraba como partes indivisibles, como los elementos en Química, teniendo cada tejido sus propiedades particulares de sensibili- dad y de contractilidad (propriétés vitales). Estaba profundamente influen- ciado por Bordeu, y, como Hunter, consideraba la enfermedad como una alteración de las propiedades vitales o principios. Su error consistía en se- ñalar una propiedad vital es- ^ pecífica, un modo diferente
del vitalismo a cada tejido. Es- ta doctrina fisiológica, actual- mente anticuada, se encuen- tra resumida en su famosa y falaz definición de la vida, co- mo «la suma de las fuerzas que resisten a la muerte» (i), que ha sido frecuentemente discutida (2), es únicamente una petición de principio evi- dente en la forma de una ecuación reversible; en reali- dad, un caso sencillo de un argumento por rodeo. En relación con la obra de Bichat debe ser mencionado el espléndido atlas de Anatomie de l'homme (París, 1821-31), por Jules Germain Cloquet (1790- 1 883), consistente en cinco volúmenes, ilustrados con 300 láminas, en folio, y el descubrimiento de los terceros corpúsculos o plaquetas san- guíneas, por Alexandre Donné (1801-78), en 1842 (3).
Las ideas de Bichat encarnaron en la Patología con Jean Crüveilhier (1791-1873), de Limoges, discípulo de Dupuytren, que dio la primera des-
Dcssault (1744-95) y Bichat (1771-1802)
(i) Bichat RechtrchtS Sur la vie el la morí, París, año VIII | [800), |>t. 1 .-'
Por ejemplo, en La disertación inaugural del doctor Abraham Jacobi (Cogi- tationes de vita rerum naturalium^ Colonia, 1851, pá^. 24): Prioribus iam iemporibus Bichat alio modo vitam definiré <onah<s est . Vitam igttur quaiitatum ri actionum ma- terias tnor/c resistentüím, complexa»! nominal. Sed hace nam defiflitio est? \am aliad tarn circuit* btatim interrogandum erit¡ quidnam sil mors, el qitod solum respon-
■ .', mortem ahsepliam €SSt vitae. Mon COftStituta no/ione üitíte, W-
atione definiendo est, non vicisversa. Donné: Compt.ren París, 1842; XIV, páginas 366-368,
EL SIGLO XIX 49
cripcíón (con láminas) de la esclerosis en placas (i), y ha dejado también la primera descripción de la atrofia muscular progresiva del tipo Aran-Du- chenne (parálisis de Cruveilhier); pero, lo mismo que Hunter anteriormen- te, ha incurrido en la deducción errónea de que la puemia es el resultado de la flebitis, llevando su exageración hasta el extremo de afirmar que la «flebitis domina toda la Patología». Los atlas de Patología de Cruveilhier (1842) figuran entre los más espléndidos libros ilustrados que existen so- bre la materia. No empleaba el microscopio, y sus errores han sido pos- teriormente corregidos por Virchow, como veremos después.
Sir Charles Bell (1774-1842)
Sir Charles Bell (i 774- 1 842), el sabio anatómico inglés de este pe- ríodo, es, en la actualidad, más celebrado aún como fisiólogo y como neu- rólogo. Hijo de un obispo protestante escocés, era hermano de John Bell, el bien conocido cirujano que abrió una escuela privada de Anatomía en Edimburgo en 1 790. Los dos hermanos Bell tenían un gusto artístico nada común, y Charles, en particular, ilustró con magníficos dibujos su System of Dissections (1798), sus Engravings of the Brain and Nervous System (1802) y su definitivo tratado de la mano (1833). Trasladado a Londres en 1 804, comenzó a enseñar Anatomía en su propia casa, y después en la Great
(4) Cruveilhier: Anatomic pat hologique, París, 1835-42; II, entrega XXVIII, lám. 5
Historia db l,a Mbdicima. — Tomo II 4
50 HISTORIA DE LA MEDICINA
Windmill Street. Dio clases a los artistas, y su Anatomy of Expression (1 806) es el resultado de estas lecciones. Por su devoción ardiente hacia la investigación privada, nunca adquirió la práctica que esperaba alcanzar en Londres, y llegó a aceptar la cátedra de Edimburgo en 1 836. En l8l I, Bell publicó su obra A New Idea of the Anatomy of the Brain and Ner- vous System, que contiene la sentencia siguiente: «Se exponen mal las raí- ces de los nervios espinales; yo he encontrado que se puede cortar trans- versalmente el fascículo posterior de los nervios, que toma su origen de la parte posterior de la médula espinal, sin producir convulsiones de los músculos de la espalda; pero si se tocan los fascículos anteriores con la punta del cuchillo, los músculos del dorso entran inmediatamente en convulsión.» Esta es la primera referencia experimental a las funciones de las raíces nerviosas en la médula que se encuentra en la literatura; pero Bell vició los efectos de su descubrimiento en alguna extensión, sostenien- do, casi por completo, la antigua teoría de que todos los nervios son sen- sitivos, clasificándolos como «sensibles e insensibles», y, en realidad, él ha demostrado claramente sólo las funciones de las raíces anteriores. Anató- mico por su educación, sus subsiguientes descubrimientos están todos comprendidos en su frase: «deducciones de la Anatomía», en amplia re- lación, indudablemente, con su falta de afición a la vivisección, y cayó en la falta de no comprender el verdadero aspecto de los experimentos que él hacía para interpretarlos correctamente. El decisivo examen experi- mental de que las raíces anteriores son motoras y las posteriores senso- riales, ha sido hecho por Magendie sobre una serie de ocho perritos, pu- blicado en 1822 (i), y confirmado por Müller en la rana en 1 83 1 (2). En 1826, el mismo Bell (en carta del 9 de enero) había adquirido una clara idea de la diferencia entre los nervios sensoriales y motores. Jin 1 829 de- mostraba que el quinto nervio craneal era sensitivo-motor; describió el «nervio de Bell»; también el nervio motor de la cara (porción dura del séptimo nervio), cuya lesión es causa de la parálisis facial (parálisis de liellj. Todos estos descubrimientos aparecen reunidos en su libro sobre el sistema nervioso I 1 S30), que contiene también los casos más antiguos de parálisis pseudo- hipertrófica y de «enfermedad deThomsen». Bell era un hombre genial, nada afectado, de carácter bondadoso, con una cautivado- ra mirada viva detrás de sus lentes, y un poco presumido en el vestir. Ha- bía estado muy de moda durante su estancia en Londres, y el entusiasta lord Brougham le había armado caballero por sus descubrimientos de Fi-
1 Magendú urn. dephysiol. expir., París, 1822; II, páginas 276-279.
Mülln// i Geb.d.Nat.u, Heilk., Weimar, 1831; XXX,
13 \ 129 El experimento fué después confirmado en los peces por Wa m. mums : ;. ei o pajar os, por Panizza (1834) y Schiff (1858).
EL SIGLO XIX 51
siología. Era un hábil cirujano, y atendió a los heridos, después, de La Co- ruña y Waterloo, haciendo interesantes dibujos de lo que había visto.
El más hábil defensor de las ideas de Bichat en la Gran Bretaña fué el anatómico Robert Knox (1791-1862), que fué el primero en enseñar Anatomía general, en sus aspectos descriptivo, histológico y comparado, llevando en gran número los estudiantes a Edimburgo por su dramático estilo de relatar y por su modo demostrativo de exponer en la cátedra. En esta época no estaba regulado el material de disección necesario para la enseñanza, y se recurría a diferentes medios para suplirlo. Cuerpos arre- batados o asesinados eran los preferidos. El 29 de noviembre de 1827 el cadáver de un viejo, que había costado cuatro libras al señor de su tierra, William Hare, fué comprado a Hare por Knox por 7 libras IO chelines, para recuperar la deuda, y este éxito del negocio despertó en Hare y en su asociado Burke la idea de utilizar sus inquilinos o algunas otras vícti- mas desventuradas que cayesen en sus manos como una mercancía de fá- cil venta. Las víctimas eran primeramente intoxicadas y después ahoga- das, aplicándoles fuertemente las manos a la nariz y a la boca (Burking). Diez y seis cuerpos fueron adquiridos de este modo y vendidos antes de que el crimen fuera descubierto, y el último cadáver fué encontrado en casa de Knox. Todo Edimburgo se agitó en estos instantes, y Knox fué asaltado por el horrorizado populacho, vituperado en la Prensa y en el pulpito y amenazado con la horca. El hecho de que «Daft Jaimie», un in- ofensivo imbécil, y el «Viejo Town», y la voluptuosa figura de «una her- mosa Lais», se encontrasen entre estas víctimas asesinadas y disecadas añadió combustible al fuego. Knox era un hombre de gran fuerza física y de un gran dominio de carácter; desafió el clamor popular, hizo cara va- lientemente a los que le atacaban y hasta se defendió por escrito; pero ya no volvió a ser popular como antes; los únicos que siempre le siguieron fueron sus fieles discípulos; llegó a abandonar su casa y llevó una vida errante hasta su muerte (i). Este sensacional y completamente desacredi- taba episodio dejó, por lo menos, una buena reforma: el Acta de Anato- mía, de Warburton, de 1832 (2 d. y 3 d., William, IV; cap. LXXV), que dictamina que los cuerpos no reclamados pueden, en determinadas condi-
(1) Del odio en que Knox incurrió por el incidente de Burking puede decirse que, aun cuando él era técnicamente sin tacha, la aversión de sus conciudadanos no carecía por completo de fundamento, supuesto que él debía conocer qu.' los cuerpos de aquellos infelices habían sido llevados sin «lloradores fingidos», ni fu- nerales, ni otros servicios de los Resurreccionistas, a la vez que los métodos demos- trativos, sensacionales del profesor, en sí mismo, no estaban estrictamente de acuerdo con los mejores ensayos modernos de la dignidad de la enseñanza medi- ca. La disección y la vivisección, para ser respetables y científicas, deben hacerse siempre privadas y bajo ciertas restricciones legales. Hasta las públicas diseccio-
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ciones, ser llevados a las escuelas de Medicina. Knox era un hábil e inte- resante escritor de Anatomía artística y de Historia Natural, y su fragmen- to acerca de Las razas del hombre (1850), a pesar de estar lleno de excén- tricos puntos de vista, es una de las más originales e interesantes contri- buciones que se han hecho en Antropología. Es obra muy apreciada por Emerson.
Una obra interesante de Anatomía artística, que debe ser mencionada en relación con la de Knox, es la de Henry Landsser, titulada Estudios ana- tómicos de los huesos y músculos, para uso de los artistas (Londres, 1883), con grabados de los dibujos postumos de John Flaxman (1755-1836).
Los sabios maestros de anatomía comparada de la primera parte del siglo xix son Lamarck, Cuvier, Owen y Agassiz. De ellos, Jean-Baptiste Lamarck (i 744- i 829), que dejó el Ejército por la Medicina, la Medicina por la Botánica y la Botánica por la Zoología, famoso por su Historia Natural de los invertebrados (1815-22), y en la actualidad más todavía por su Filosofía zoológica (1809). En ésta aparece como un gran defensor de la doctrina de la evolución en su teoría de que las variaciones son producidas por el uso y el desuso de los órganos, respondiendo a los estímulos ex- ternos, y por la herencia directa de estos caracteres adquiridos. Como Galeno y Hunter, Lamarck piensa que la estructura sigue a la función (La fonction fait l'or- ganej, y aunque su teoría tic la herencia de los caracteres adquiridos es en la actua- lidad vivamente discutida, se le sigue considerando siempre como uno de los más grandes filósofos biólogos.
Georges Cuvier (1709-1832), al que auxilió Lamarck y que después se volvió contra él, que antiguamente se: le apreciaba en más, pero que hoy se le considera como inferior ,1 aquél, a pes. ir de tener, como decía Flourens, l'csprií vaste. Sus grandes obras de anatomía comparada (1801-05), de los huesos fósiles de París (181 2), de la estructura de los peces (1828) y del reino animal (1836-49) son gran- demente notables. Ha sido el fundador de la paleontología vertebral, el primero que ha establecido la teoría de los tipos morfológicos (vertebrados, moluscos, ar- ticulados, radiados, la doctrina de la correlación estructural de las partes con el organismo y de la catastrófica de las formaciones geológicas. Pero creía en la ge- neración espontánea, en la fijeza de las especies y en la preformación del embrión.
Sir Richard Owen (1804-92), de Lancaster (Inglaterra), discípulo de Abernethy y SOCIO y yerno de] secretario de John Hunter, William Clift, editó las obras pos- tumas de Hunter y comenzó sus estudios de morfología con su gran Catálogo de las series fisiológicas de Anatomía comparada (1833-40), en la Colección Hunter. Su Ana- tomía y fisiología de los vertebrados (1866-68) era considerada por Flower como digna de colocarse en el rango de las obras de Cuvier de Anatomía comparada. En 1840-45 publicó la Odo/itografia, un tratado monumental de los dientes de los animales vivientes, ilustrado con 150 láminas. En Paleontología, sus monografías <1<- fósiles ingleses de los mamíferos, aves y reptiles (1846-84); de los mamíferos extinguidos de la Australia 11877) y de las desaparecidas aves sin alas de Nueva Zelandia 1879) son de la mayor importancia. Ha descrito el Archaeopteryx, el ave más antigua de las conocidas; el Apteryx, Notornis y Dinornis, incluyendo en la última clase el dodo y el moa gigante. Ha sido también el primero que ha des-
nes pintadas < n las páginas de un YYsalio y de un Colombo tienen el inconvenien- te de semejáis'- demasiado a los cuadros demostrativos de Barnum en las moder- nas ferias, y un experimento de la coagulación de la sangre demostrado en un ani- mal viviset < ionado j en una audieni ia pública, entre cuyo público difícilmente al- guno comprenderá bu úgnifii ación, puede juzgarse muy bien a la luz de la «ley» de f Iipói-rai< |: . aquellas COSaS que da8 deben ser únicamente comunicadas
a las ■ ;.is, y no es 1< gal comunicárselas a los profanos hasta que
ellos hayan sido ¡ni* lados en los mist< rios de la ciencia.»
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crito la triquina espiralis (1835) [1]; pero clasificaba los espermatozoos, como pa- rásitos internos, entre los Entozoa. Owen ha sido uno de los primeros que ha tra- bajado con el microscopio en Inglaterra, un fundador y miembro autorizado de la Royal Microscopic Society y un buen músico, tocador de violin, y gran jugador de ajedrez. Era profesor hunteriano del Real Colegio de Cirujanos (1836-56) y super- intendente del Departamento de Historia Natural del Museo Británico (1856-83). En 1843 inventó la tan conocida distinción entre las series homologas (órganos de estructura y desarrollo semejantes) y análogas morfológicamente (órganos dife- rentes de función similar). Siguió a Goethe y a Oken en sostener la teoría verte- bral del cráneo (2), y aun cuando admitía la variación de las especies, por una ten- dencia innata a desviarse del arquetipo ancestral, era opuesto al darwinismo; pero habiendo sido derrotado por Huxley en dos importantes controversias, parece ser que enmendó en esto su modo de pensar. Después de su muerte, Huxley escribió un encomiástico estudio de las obras de Owen.
Louis Agassiz (1807-73), de Mo- ttier (Suiza), establecido en Cam- bridge (Massachussetts), en 1846, de tal modo, que sus Contribucio- nes sobre la Historia Natural de los listados Unidos (1857-62) ofre- cen especial interés para los americanos. Su Lowell Institute, de lecciones de Embriología com- parada (1846), seguido de las de Jeffries Wyman, de Fisiología comparada (1849), sirvieron para llevar nuevas ideas a la enseñan- za en América. Su estudio sobre los peces fósiles (1833-44), en el que describe más de 1.000 espe- cies, es su obra maestra, aunque en la actualidad no se admita su clasificación empírica por esca- las. Era contrario a las ideas dar- winistas y defensor de la antigua idea de Linneo de la fijeza de las especies, y también de la teoría de la recapitulación de que «la historia del individuo es la histo- ria resumida de la raza».
Sir Richard Owen (1804-1892)
Los trabajadores de la Anatomía americana en la primera mitad del siglo han sido Wistar, Horner, Godman y Morton.
Casper Wistar (1760-1818), de origen alemán, pero nacido en Fiía- delfia, enseñó Anatomía en la Universidad de Pensilvania desde 1791 a 18 18, y su Sistema de Anatomía (1811-14), actualmente olvidado, ha sido la obra más antigua de la materia publicada en aquella región. Su descripción del hueso etmoides era ponderada por Soemmerring, y su recuerdo perdura en la vía wistaria, como ha sido denominada desde él; en los todavía populares «trozos de Wistar», resúmenes literarios del
(1; Owen: Tr. Zool. Soc, Londres, 1835; I, páginas 315 -324. Véase también Hilton: London Med. Gaz., 1833; XI, pág. 605.
(2' Owen: On /'he Archetype and Homologies of the Vertebrate Skeleton, Lon- dres, 1848.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
tiempo antiguo, publicados semanalmente, y en los que aparecía como un amistoso y culto huésped, y en el actual Instituto Wistar de Anato- mía y Biología, de Filadelfia (1892).
William Edmonds Horner (1793-1853), de Warrenton (Virginia), es- tudió Medicina en Edimburgo y Filadelfia, y después de haber servido como cirujano en el ejército en la guerra de 1812 se instaló en esta úl- tima ciudad, donde fué prosector de Wistar, de Dorsey y de Physick, reemplazando al último como profesor de Anatomía en la Universidad de
Pensilvania y siendo substituido por Joseph Leidy. Horner ha descubierto el músculo tensor del tarso (músculo de Horner), que forma parte del aparato la- grimal (1824) [i], y ha investiga- do las glándulas axilares odorí- feras en el negro, la túnica mus- cular del recto y las membranas de la laringe.
Ha perfeccionado y descri- to importantes operaciones qui- rúrgicas, especialmente en los ojos, y ha publicado tratados de Anatomía (1826) y de Pato- logía (1829). En T834 (2) ha pu- blicado un importante traba- jo demostrando que las depo- siciones riciformes del cóle- ra asiático constan de epitelios desprendidos del intestino delgado. John D. Godman (1794- 1 830), de Annapolis (Maryland), un anatómico de gran talento que no pudo realizar lo que tenía en su interior a causa de que, como dice Gross, «la pobreza literalmente le acompañó desde la cuna hasta la fosa». Huérfano desde la Infancia, sin amigos, despojado de su herencia por un fraude, (ué aprendiz de impresor y marinero; después consiguió hacerse médico a fuerza de noble perseverancia, y atraerse los bondadosos auxilios de Daniel Drake, que consiguió para él una cátedra de Cirugía y 1" hizo editor del periódico, de corta duración, Western Quarterly Reporter of Medical, Surgical and Natural Science (1822-23), la
William Edmonds Horner ^1793-1853)
(1) Horner: Phi la, Journ. Med. and Phys. Se.f 1824; YTIT. pág. 70.
(2> Horner: Amer. .7. Vied. Sc. Phila., 1834; XV, pá^. 545; 1835, XVI, pági
ñas 58 y 277, 2 láminas.
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primera publicación médica que se ha impreso en las regiones del Oeste. Su vida fué siempre la de un trabajador incesante y desgraciado; sus lec- ciones llegaron a ser muy pronto populares, pero nunca remunerativas, y falleció en edad temprana, víctima de la tisis. Ha producido, sin embar- go, tres obras importantes y originales: su tratado de las fascias (1824), sus Contribuciones a la Anatomía fisiológica y patológica (1825) y su His- toria Natural Americana (1826).
Samuel George Morton (1799-1851), de Filadelfia, graduado en la Universidad de Edimburgo, publicó un bien pensado tratado de Anato- mía general y microscópica en 1 849; pero en la actualidad se le conoce más como craniólogo, paleontólogo y tisiógrafo. Su Crania Americana (1839) y Crania Aigiptiaca (1844) son excelentes atlas, de los más anti- guos publicados sobre la materia, y todavía gozando de buena repu- tación.
Su obra de los restos orgánicos (1834) es considerada como el punto de partida del estudio sistemático de los fósiles americanos. Sus Illustra- tions of Pulmonary Consumption (1834) tiene un gran valor como resu- men de los conocimientos en su época. El creía que las razas del género humano eran de diverso origen, y sus ensayos sobre los híbridos (1847), demostrando la fecundidad de los mismos, fueron, sin embargo, conver- tidos por él en un escudo para los abusos de la c mtroversia y los odios teológicos.
Entre las más antiguas obras americanas de Zoología y Morfología figuran la <le Thomas Say, sobre los crustáceos de los Estados Unidos (1817-1818) y sobre entomología americana (1824-28); la de la fauna americana (1825), de Richard Har- ían; la de Godman, sobre los mamíferos de Norte América (182o); la de Audubón, sobre las «aves de América» (1827); la de Isaac Lea, sobre las almejas de agua dulce (1829); la Ornitología délos Estados Unidos y del Canadá (1823-24), de Nut- tall; la herpetología norteamericana, de Holbrook (1836-40); la zoología de New- York, de De Kay (1846-49), y el estudio de Audubon y Bachmann, sobre los cua- drúpedos de la América del Norte (1846-54).
En Alemania, el desarrollo de la Anatomía y de la Fisiología marchan de un modo paralelo, y los más hábiles de los antiguos morfólogos e his- tólogos— Müller, Schleiden, Schwann, Henle y Remak — son también, en el mejor sentido de la palabra, fisiólogos. El fundador de la Medicina cien- tífica en Alemania ha sido, en realidad, Joannes Müller (1801-58), de Co- blenza, que era a la vez el más grande fisiólogo alemán de su época, y, como Haller y John Hunter, un gran naturalista médico en general. Era igualmente eminente en Biología, Morfología comparada, Química fisioló- gica, Psicología y Patología, y por medio de sus mejores discípulos — los histólogos Schavann, Henle, Kolliker y Virchow; los fisiólogos Du Bois Reymond, Helmholtz y Brücke, la mayoría de los cuales siguieron el mis-
5^
HISTORIA DE LA MEDICINA
mo rumbo — trazó las más importantes corrientes de la moderna Medicina alemana.
El Handbnch der Physiologie des Menschen (1834-40) es comparable al gran tratado de Haüer, como una rica mina de hechos nuevos y de ideas originales, e introduce, además, dos nuevos elementos en la Fi- siología: el comparativo y el psicológico. Sus principales contribuciones para la Ciencia son sus investigaciones sobre la energía específica nervio- sa (1826) [1], sus explicaciones de las sensaciones coloreadas (fosfenos de
Johanne? Müller (1801-58) (De un dibujo al lápiz de la Biblioteca general de Cirugía.)
compresión), producidas por la compresión de la retina (1826) [2]; su de- mostración experimental (en la rana) de la ley de Bell-Magendie, de las raíces nerviosas espinales (1831) [3]; el descubrimiento do los corazones linfáticos en la rana (1 832) [4J; su ley de la proyección excéntrica de las sensaciones desde los órganos sensoriales periférico a las otras termina- ciones nerviosas (1S33); sus experimentos sobre las cuerdas vocales y la voz (1835-57) [5]i Sl1 teoría* del contraste en el color (1837) [6]; su aisla-
(1) Ueber die fantastiscfu Gesiehtserscheinungen, Coblenza, 1826, y Zur verglei- chenden Physiologie des GesichtssinrUS, Leipzig, 1826.
(2) Zur vcrgltichencUn Physiologie des Gesichtssinnes, pág. 73.
(3) Notizen a. d. Cebiete d. Natur. u. Ilcilh., Weimar, 183 1; XXX, págs. 113 y 129.
(4) PhÜ, Ir. Lot .; pt. 1.* ] , 94.
(5) Handbuch der oblenza, 1840; II, páginas 184-222. (6; Ibidem, pág. 372.
EL SIGLO XIX 57
miento de la condrina y de la glutina (1837) [J]'y su demostración de la función de las células con pestañas del oído interno (1840) [2], y su estudio de la secreción viscosa de células en masa de los peces mixinoi- des (1845) [3]. Su más amplia generalización, la ley de la energía ner- viosa específica (4), que sostiene que cada órgano sensorial especial, cuando es estimulado, da lugar a su propia y peculiar sensación y no a otra; ha sido, sin embargo, llevada más lejos de la primitiva intención de su autor, a la idea de que cada fibra nerviosa, lo mismo que cada órgano o nervio, tiene sus sensaciones específicas, diferenciándose en grado, si no en naturaleza, bajo su estímulo. Como morfólogo, Müller ha hecho inves- tigaciones de primer orden acerca de las relaciones estructurales entre los peces mixinoides y los ganoides (1834-44), l°s plagiostomas (con Jacob Henle en 1838-41) y los equinodermos (1846-52). En Embriología su nom- bre va asociado al descubrimiento del conducto de Müller (1825) [5]. Como histólogo, ha laborado en toda la anatomía fina de los tejidos glan- dulares y cartilaginosos (1830) [6]; ha agrupado los tejidos conectivos y ha preparado de este modo la labor para su discípulo Schwann. En Pa- tología, como en Histología, ha sido de los primeros en usar el microsco- pio, especialmente en su monumental obra de los tumores (1838) [7], y ha lanzado la idea de que la fiebre es un reflejo nervioso (1840). En 1 84 1 ha descrito la afección parasitaria que actualmente conocemos con el nom- bre de psorospermosis (8). En 1834 ha fundado el periódico conocido siempre con el nombre de Müller' s Arckiv, que ha sido continuado des- pués de su muerte bajo la dirección de His, Reichert y Du Bois Reimond, y más tarde, de His y de Waldeyer, de Engelmann y Rubner. Contenien- do una gran serie de clásicas contribuciones , este periódico ha ejercido una profunda influencia en el avance de la medicina científica. Como todo gran investigador que se acerca a su asunto desde un ángulo muy abier- to, ha cometido algún ligero error. Siguiendo a Hewson, Mascagni y a los Hunter, ha sostenido que la absorción es función exclusiva de los linfáti- cos, a pesar de que Magendie había demostrado en 1 836 que los vasos sanguíneos también poseían este poder. No más tarde de 1840 sostenía que la respiración en el feto se efectuaba no por la placenta (como John
\\) Ann. de Pkarm., Heidelberg, 1837; XVI, páginas 277-282.
(2) Handb. der Physiol., 1840, II.
(3) (Inter sue hunden über die Eingeweide der Fische, Berlín; 1845, pág- 1 l>
(4) Handb. der PhisioL, 1840; II, pág. 258.
(5) Nova acta Acad. Nat. Curios., Bonn, 1825; pt. 2.a, páginas 565-672, 6 lá- minas.
(6) De glandularum secernentium structura penitiori,. Leipzig, 1830.
(7) L eber den feinern liau und die Formen der krankhaften Geschwülste, Berlin,, año 1838.
(8) Müller 's Are hiv, Berlín, 1 84 1 ; páginas 477-496, 1 lám.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
Mayow había demostrado en 1674), sino por medio de un jugo especial o plasma segregado por la sangre materna. En 1 840 Müller sostenía que no se podía esperar medir nunca la velocidad de un impulso nervioso. Diez años más tarde efectuaba esta medición su discípulo Helmholtz. Como tem- peramento, era un místico, y por esta misma razón, un vitalista en teoría. El creía que hay algo en los procesos vitales que no es susceptible de nin- guna explicación mecánica ni material; pero pensaba, además, que tales explicaciones podían ser llevadas hasta el límite, «tan lejos como nosotros podemos sostener el sólido fundamento de la observación y del experi- mento». Sólidamente construido, con anchos hombros y una poderosa ca- beza de Aquiíes — Virchow decía: «Parece como la de algunos guerreros
de la antigüedad» — , Müller era un maestro extraordinario, magnéti- co, impresionante, de un encanto personal poco frecuente, que ejer- ció en sus discípulos una podero- sa influencia e inspiración, como sólo pueden ejercerla los grandes hombres.
Después de la época de Müller, el principal rumbo de la Anatomía alemana fué siguiendo las líneas histológica y funcional, y sus nue- vos hallazgos se apoyaron en tres importantes factores: la fundación de la moderna Embriología, por Baer (1827-28); la perfección del microscopio apocromático, por Joseph Jackson Lister, en 1830, y el desarrollo de la doctrina celular, por Schlei- den y Schwann ( 1 838-39).
Carl Ernst vox Baer ( 1 792- i 876), el padre de la nueva Embriología, era natural de Esthland, en las provincias del mar Báltico, de Rusia, y fué -sucesivamente profesor en Dorpat, Kónigsberg y San Petersburgo. El principal servicio que nos ha prestado von Baer ha sido el de que, en tan- to qiK- sus predecesores habían estudiado únicamente el embrión, él ha hecho de la Embriología un estudio comparativo, estableciendo la teoría moderna de las capas germinativas y los comienzos de la histogenesis, or- ganogénesis y morfogénesis.
par Friedrich Wolff, en I 76S, había llegado ya al concepto de las erminativas al decir que los intestinos son producidos por la ple- gadura y arrollamiento, al propio tiempo, de las capas del embrión, «se- mejantes a hojas».
Cari Krnst von Baer (1798-1876). (De un grabado de la Biblioteca General de Cirugía.)
EL SIGLO XIX 59
En 1817 (i) Christian Pander (1793-1865), ayudado por Baer en sus observaciones sobre el embrión, extendió el número de estas hojas a tres. Von Baer, en su gran obra sobre el desarrollo de los anima- les (1828-34) [2] ha demostrado, por estudios comparativos de todos los géneros, que estas capas, como hojas, no son verdaderos tejidos del organismo desarrollado, sino gérmenes o capas germinativas, de las que se producen el tubo digestivo, el sistema nervioso y las otras partes, desapareciendo cuando todas estas partes se han producido y comple- tado. Baer ha reconocido cuatro capas en conjunto, por el hecho de que la capa media está formada de dos hojas; pero esta doble hoja ha sido posteriormente demostrada como una estructura simple por Ro- bert Remak, que ha sido el primero en definirlas con sus tres nombres de ectodermo, endodermo y mesodermo (1845). El mérito supremo de la obra de Baer consiste en la maravillosa paciencia demostrada en su labor, que Minot expresa «casi tan completamente como era posible en aquel tiempo, la génesis de todos los órganos principales de las capas germina- tivas, adquiriendo instintivamente la verdad, como un verdadero genio podía haberlo realizado.» Esto ocurría en los primeros días de ensayo del moderno microscopio, y los claros y hermosamente seguros resultados obtenidos por los cortes hechos sin el auxilio del micrótomo han labrado ei sendero para toda la labor siguiente, hasta la fase reciente de trazar en sus menores detalles la embriogenia celular. Von Baer descubrió el óvulo mamario en 1 827 (3), y, al propio tiempo, la cuerda dorsal o noto-cordo. De sus acabados estudios de Embriología comparada ha deducido la cla- sificación de los animales en cuatro grupos, a saber: vertebrados, articu- lados, moluscos y radiados, que ha hecho de él el fundador, con Cuvier, déla morfología moderna (Haeckel). Von Baer volvió a Rusia en 1 834 y permaneció allí el resto de su vida, investigando la geografía física y la antropología de su país. En unión de Rudolf Wagner ha organizado el primer Congreso de Antropólogos en 1 86 1. Era una naturaleza profun- damente religiosa, y su autobiografía, impresa privadamente en 1 864, da un interesante resumen de sus experimentos.
Contemporáneos de von Baer son los descubrimientos de Wagner de la mancha '^f'rm i nativa (1835); de la caracterización, por Purkinje, de la substancia formadora (protoplasma) del embrión (1839); de la respiración, por Schwann, en el embrión del pollo (1834); de los arcos viscerales, porReichert, en los vertebrados (1837); del des-
(1) Pander: Diss, sis fens historiam metamorp/iosens quam ovum incubatum priori- mingue diehus \ubii, Wurzburgo, 1817.
(2) l eber Entwickelungsgeschichte der Thiere, Konigsberg, [828-34.
(3) De ovi mammalium et hominis genesi, Leipzig, 1827.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
arrollo del conejo (1848) y de la gallina de Guinea (1852), por Bischoff; pero la em- briología de los últimos tiempos, de los Kólliker, His, Haeckel, Balfour, Hertwig y Minot, es una parte de la doctrina de la célula nuclear.
El desarrollo de la doctrina celular, uno de los principios fundamen- tales de la ciencia moderna, ha sido, casi por completo, obra de los botá- nicos; en el siglo xvn Robert Hooke (1665), Malpighi (1675) y Nehemiah Grew (1682) han expuesto la existencia de cavidades celulares en el cor- cho y en las plantas verdes. En 1 83 1 se descubría el núcleo de las célu- las por el botánico Robert Brown (1773-1858), que también descu- brió el proceso de generación de las plantas por medio del po- len. El nucléolo celular fué des- cubierto por Gabriel Valentín en 1836. La importancia del núcleo en la histología vegetal ha sido señalada por el botánico deHam- burgo Matthias Jacob Schleiden (1804-81), que, después de haber estudiado Leyes y Botánica, llegó a profesor de Botánica en Jena, Dorpat y Francfort am Mein. En su importante obra de Phytoge- nesis (1838) fl], Schleiden dice y demuestra que los tejidos ve- getales están constituidos y for- mados por grupos de células, en las que reconocía como carácter más importante el núcleo (o «citoblasto>); pero sostiene que las células jó- venes se originan espontáneamente del citoblasto, que él pensaba estar en- cajarlo en la sólida pared celular. Consideraba la célula hija como quedan- do encima y extendiéndose sobre el citoblasto como el cristal del reloj so- bre éste; idea que se ha llegado a conocer como «teoría del cristal de reloj> [Uhrglastheorie). Así, él consideraba la reproducción celular como endó- gena (formación interna libre), en lugar de por división, y la pared celu- lar < omo una sólida estriN tura, en lugar de como una membrana semiper- meal >le Pero Schleiden era, además, un verdadero fisiólogo botánico, man- •ndo un vivo desprecio hacia los meros recolectores de hierbas, y sus
Matthias Jacob Schleiden (1804-81)
Beítrdge mr Phytogenese, Mailer's Archivs Berlín, 1838; páginas 137-176, 2 lámii
ÉL SIGLO XIX
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Grundzüge (1842-43) [i] es, tal vez, la obra más importante en la historia moderna de la Ciencia. Era agudo para la controversia, y, como abogado, no vacilaba en recurrir a las personalidades con tal de poner al adversario en un apuro. Una amistosa conversación después de una comida, entre Schleiden y Schwann, que al mismo tiempo había descubierto células nu- cleadas en los tejidos animales, sirvió al último para distinguir las células en todos los tejidos que conocía y para formular la más importante gene- ralización en la ciencia de la morfología, a saber: el principio de la estruc- tura semejante en los tejidos animales y vegetales. «Hay un principio uni- versal de desarrollo para las partes
elementales de los organismos, 77 IB
aunque sean diferentes, y este ¡j¿V; ppN .
principio es la formación de las ^K ^k
células.» Al concepto de Schlei- k¿ ,»-.,
den del citoblasto, Schwann aña- dio el de «citoblastema», o matriz del desarrollo celular, análogo al líquido madre en que se forman los cristales. Esto, como ha hecho notar Virchow, es una aceptación tácita de la «generación espontá- nea >; idea contra la cual luchó tanto Schwan npara destruirla.
Theodor Schwann (18 10-82), na- cido en Neuss, cerca de Düssel- k — ':'¿-'m -^ — * __ ' 1Í
dorf, era Un discípulo de Müller en Theodor Schwann (1810-1872)
Bonn, y después prosector del mis- mo en Berlín. Después de la publicación de su obra clásica sobre la teoría celular, en 1 839 (2), fué llamado a la Universidad de Lovaina, y en 1 848 fué nombrado profesor de Anatomía y Fisiología en la Universidad de Lieja. Investigador sumamente cuidadoso y seguro, descubrió la vaina del cilin- droeje de los nervios que lleva su nombre (1838) [3] y los músculos es- triados de la porción superior del esófago (1837) [4]- Su disertación inau- gural (1834) [5] demostraba que el aire es necesario para el desarrollo
(1) Grundzüge der wissenschaftlichen Botanik, Leipzig, 1842-43. (2; Mikroskopisclie üntersuchungen über die Uebereinstimmung in der Struktur und dem Wachstum der T hiere und Pflanzefi, Berlín, 1839.
(3) Froriefs Neue Notizen, Weimar, 1838; V, pág. 228, y el libro de Schwann sobre la teoría celular.
(4) Joh. Müller: Handbuch der Physiologic Coblenza, 1840; II, pág. 36.
(5) De necessitate aéris atmosphaerici ad evolutionem pulli in ovo iucubato, Ber- lín, 1834.
62 HISTORIA DE LA MEDICINA
del embrión, y aplicando la misma idea al problema de la generación es- pontánea, tuvo la habilidad suficiente para probar, en 1 836 (i), que la putrefacción es producida por cuerpos vivos, que se destruyen ellos mis- mos cuando el aire que necesitan es calentado o viciado. En 1 837 (2), próximamente al mismo tiempo que Cagniard Latour, descubrió la natu- raleza orgánica de las levaduras, y demostró que las plantas levaduras causan fermentaciones que pueden ser suprimidas calentando el medio de cultivo, o esterilizando el aire que llega a aquél por medio de la ele- vación de su temperatura. Como fisiólogo, ha descubierto la pepsina en 1835 (3); demostrando su facultad de cambiar las albúminas no difu- sibles en peptonas; y en 1 841 (4) demostró, por medio de una fístula bi- liar en el perro, que la bilis es absolutamente necesaria para la digestión. Ha sido el primero en investigar las leyes de la contracción muscular por medio de los métodos físicos y matemáticos, en sus clásicos experimen- tos demostrando que la tensión del músculo contraído varía proporcio- nalmente a la longitud del mismo (1837) [5]- Personalmente, Schwann era una naturaleza amable, sin pretensiones, algo inferior a la estatura media, con un aspecto abierto, agradable, genial, semejante al de Clau- dio Bernard. Se dice que ha visitado Londres dos veces sin darse a co- nocer a nadie. Era un ferviente católico, que sometió el manuscrito de su obra sobre la teoría celular al obispo de Malinas para su aprobación an- tes de publicarla; pero no vaciló en declarar el asunto de Louise Lateau una malvada impostura. Durante los cuarenta últimos años de su vida académica parece haber hecho poca labor científica, y el profesor Ray Lankester recuerda «haberse sentado con él delante de un café, en las agradables calles de Lovaina, oyéndole sus discursos acerca de los pro- gresos de ¡a Histología y de la doctrina germinativa de la enfermedad», que «un placer no deja estremecimiento si puede ser conferido por una elevación antes de la muerte».
Continuando las investigaciones de Schleiden y de Schwann, se des- cubrió que las células tenían, no una pared celular, sino más bien lo que los tísicos llaman «una superficie de discontinuidad» en relación con el medio que las rodea, y se ha encontrado que el núcleo está contenido, nn en la pared celular, come había supuesto Schwann, sino en la subs- tancia fundamental de la célula misma. A partir de esta época, la natura-
\nn. d. Physik. u. Chemie, Leipzig, [837; XI. I, páginas 1S4-193.
Mili. ,/. d. Verh audi. a. Gcsellsch. natut'f. Frcunde zu Berlin, 1S37; II, pági« . 15. ^ '///// >\ Arch., Berlín, 1836; páginas '10-114.
</. I.S44, página
5 Des< uto en La Physiologic, <!<• Müller, 1*40; II, páginas 59 y 62.
EL SIGLO XIX 63
leza y la significación de esta substancia fundamental se ha convertido en el objeto principal de la investigación. En 1835, el zoólogo francés Félix Dujardin (1801-60) lo ha descrito y definido en los protozoos como «sar- code» (i). Schleiden, en su trabajo de 1 838, lo ha señalado en las plan- tas y lo considera como una goma. Purkinje ha sido el primero en em- plear el término «protoplasma», aplicándolo a la substancia fundamental germinal del embrión (1839). En 1846-51, el botánico Hugo von Mohl (1805-12), de Stuttgart, ha descrito parte del contenido de las células ve- getales (hasta inmediamente por debajo de la membrana celular) como « protoplasma > (2), y la naturaleza química del mismo ha sido investigada por un botánico suizo, Cari Nágeli (1817-91), en 1862-63 (3). Ferdinand Cohn (1828-98), de Breslau, eminente por su labor en Bacteriología, de- claró, después de un estudio de los protococos, que el protoplasma animal y el vegetal eran substancias, si no idénticas, muy análogas (1850-53) [4]. Heinrich Antón de Bary (1831-88), un botánico de Franck- fort, demostró también esta identidad en su obra sobre los mixomicetos (1859) [5]. En la misma época (1858) había ya anunciado Virchow la continuidad del desenvolvimiento celular y su importancia en Patología. Finalmente, Max Schultze, en 186 1 (6), demostró que las semejanzas en- tre el protoplasma animal y el vegetal no son únicamente estructurales y químicas, sino también fisiológicas. De este modo, la célula vino progre- sivamente a reconocerse como la unidad estructural y fisiológica de to- dos los organismos vivos, lo mismo que sean animales que vegetales, simples o complejos, embrionarios o adultos, en estado de salud o de en- fermedad, al paso que, en nuestros días, el núcleo celular se considera como el químico «centro de oxidación», y el cromosoma, como el tras- misor de los caracteres heredados.
Ha sido por este camino como los estudios anatómicos han ido ha- ciéndose cada vez más y más histológicos o microscópicos, y los «sitios y causas» de las enfermedades han ido refiriéndose a los elementos celula- res en el cuerpo enfermo y a los organismos monocelulares que le atacan.
La importancia de la doctrina celular se reconoce inmediatamente en la obra de Jacob Henle (1809-85), el más grande de los histólogos ale-
(1) Dujardin: Ann. d. Se. Nat. (zool.), París, 1835; IV, páginas 343-376.
(2) Von Mohl: Botan. Ztg., 1846; IV, páginas 337, 353, 369 y 385.
(3) Nágeli: Sitzungsb. d. k. bayer Akad. d. Wissench., München, 1862; II, pá- gina 280; 1863, I, páginas 161 y 483; 1863, II, pág. 119.
(4) Cohn: Zur Naturgesehichte des Protococcus pluvialis, Breslau. 1850, y Un- lersuchimgen über die Entwicklungsgeschichte der mikroskopischen A I gen und Pilzen, Bonn, 1853.
(5) • De Bary: Die Mycetozoen, Leipzig, 1859.
(6) Schultze: Müller s Archiv., Berlín, 1861; páginas 1-27.
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manes de su tiempo. Nacido de padres judíos en Fürth, cerca de Nurem- berg, Henle era uno de los discípulos predilectos de Johannes Mllller, uno de sus prosectores en Berlín y más tarde profesor de Anatomía de Zurich (1840), Heidelberg (1844) y Góttinga (1852-85). Henle ha dejado muchas cosas importantes para la Ciencia. En sus clásicas investigaciones, lleva- das a cabo de 1 836 a 1837 (!)> na s^° e^ fundador del moderno conoci- miento de los tejidos epiteliales del organismo. Ha descrito primeramente los epitelios de la piel y de los intestinos, definiendo los epitelios colum-
narios y cilindricos y establecien- do qne estos tejidos constituyen la verdadera membrana de revés timiento de todas las superficies libres del cuerpo y el revesti- miento interno de sus tubos y cavidades. En 1840(2) demostró la presencia de músculos lisos en la capa interna o endotelial de las arterias más delgadas; descu- brimiento que ha sido el punto de partida déla actual teoría fisio- lógica del mecanismo vaso-mo- tor. Ha descubierto también el esfínter externo de la vejiga, los vasos quilíferos centrales, la vai- na interna de la raíz del pelo, los tubos de Henle en el riñon (1862) [3], y ha dado el primer es- tudio preciso de la histología de la córnea y del desarrollo de la laringe. Ha sido el primero en indicar mu- chas particularidades importantes de la estructura del cerebro, especialmen- te las relaciones del hipocampo, y el carácter rudimentario del lóbulo pos- terior de la pituitaria. Los descubrimientos histológicos de Henle (4) pue- den ponerse por < ompleto al lado de los hallazgos anatómicos de Vesalio. Como morfólogo, ha colaborado con Müller en su monografía sobre los plagiostomos (1838-41) y describió el pez eléctrico Narcine y el anélido
Jacob Henle (1800-
(1) Symbol ae ad anatomía»! villorum intestinalium imprimis eorum epithe/ii et va- sorum lacteorum, Berlín, i
1 eipzig, 1841; páginas 510 y 690. (■0 I < 'mi bu Handbuch der lystematischen A?iato?nie, 1802; 11, páginas
300-31
abrimiento* se en< aentran en les dos tratados de Anatomía de Henle.
EL SIGLO XIX 65
Enchytraeus. En Patología fué, con su amigo Pfeufer, el fundador del cele- brado Zeitschrift fiir rationelle Medizin (1842-69), que ejerció un podero- so influjo en el adelanto de la medicina alemana y contenía algunas de las mejores monografías científicas de aquella época. Sus ensayos Sobre mias- mas y contagios (1840) [i] contienen la primera afirmación clara de la idea de un contagium animatum (1840) [2]; sus experimentos sobre la fiebre desarrollan la idea de Müller de que la fiebre es únicamente un síntoma, ocasionado por perturbaciones en el sistema nervioso central. En su Ma- nual de Patología racional (1^46-^^) [3] sostiene que el deber del médico es prevenir y curar las enfermedades; que éstas son una desviación de los procesos fisiológicos normales; la muerte, la cesación del metabolismo y la hipótesis de una fuerza vital «precisamente tan buena y tan mala como la de la atracción eléctrica o gravitación.» En la medicina práctica ha sido el primero en relacionar los catarros y los exantemas con la inflamación (1838); ha insistido en la preponderancia del varicocele en el lado izquier- do y en la relación de las neuralgias del lado izquierdo con la vena semi- azygos, y ha descubierto los cilindros en el sedimento urinario (1844). De los dos libros de Anatomía de Henle, el más antiguo, Allgemeine Anatomie (1841), es, en realidad, el primer tratado de histología micros- cópica, y señala, sobre la de Bichat, el gran adelanto de considerar los te- jidos en sus relaciones de desarrollo y de función, y no únicamente en sus aspectos estructurales. La clasificación de los tejidos es la más sencilla y la mejor hecha, y la obra contiene una admirable historia de la Microsco- pía e Histología, como también algunos de los más importantes descu- brimientos de Henle. El segundo, Manual de Anatomía sistemática (1866-71) [4], es un acabado tratado, en tres volúmenes, del más elevado valor científico. Contiene el primer estudio lógico y la primera nomencla- tura de los ejes y planos del cuerpo; la terminología está notablemente sim- plificada, y las secciones que se ocupan de los ligamentos, músculos, vis- ceras y sistemas vascular y nervioso son de una importancia decisiva. Las ilustraciones de esta obra, hechas por la propia mano de Henle, son, si se permite la frase, más bien arquitecturales que diagramáticas, por el he- cho de que mucho de la estructura está dado en luz y sombra, como es necesario para su comprensión, al paso que la idea de plano y de eleva- ción está resuelta libremente. Como profesor, Henle era vivo e inspirado, ejecutando él mismo los dibujos cuando era necesario para la demostra-
(1) En sus Pathologisclie [ínter suchtingen, Berlín, 1840; páginas 1-82.
(2) Ibidem: páginas 206-274.
($) ' llandbuch der rationellen Patlwlogie, Braunschweig, 1846-53.
'4) Handbuck der systematise hen Anatomie des Mcnscken, Braunschweig, 1866-7
IIxsroxiA d» ut Medic»*.. — Tomo II
Ob
HISTORIA DE LA MEDICINA
ción y despertando el cariño y la admiración por su sinceridad y su gracia. Era no sólo un hábil artista, sino hasta algo poeta, y un excelente mú- sico, que empezó tocando el violin y aprendió después la viola y el violon- cello; así que era una parte necesaria en todo cuarteto de cuerda que se improvisaba. Los sucesos de su vida, su peripatética carrera como estu- diante y como profesor, las románticas circunstancias de su primer matri- monio y sus amistades con hombres como Humboldt, Gustav Magnus y Felix Mendelssohn hacen su historia sumamente interesante.
Rober Remak (1815-65), de Posen, también asistente de Schonlein en
la Charité, además de su reputa- ción como microscopista, ha dejado una gran cantidad de cosas impor- tantes en otras direcciones. En His- tología se ha hecho famoso por su descubrimiento de las fibras nervio- sas no meduladas (fibras de Remak), en 1 838 (i), y las células ganglionares en el seno venoso del corazón de la rana (1842) [2], consideradas actual- mente como los centros autónomos causantes del movimiento del cora- zón. Ha sido uno de los primeros en establecer que la proliferación de las células para formar tejidos se realiza por división celular (1852) [3], y no, como suponían Schleiden y Schwann, por formación endógena. Ha simplifi- cado, como ya hemos dicho, la cla- sificación de lascapasdelblastodermo (185 1) [4]. En 1842, en la clínica de Schonlein, produjo el lavus experimentalmente in propria persona, sepa- rando el hongo del género oidium, y llamándole achorium sckonleini, del nombre de su maestro ( 1 845) [5J. lía sido el primero en describir la neu- ritis ascendente (1861), y es, con Duchenne de Boulogne, uno de los
Kobeit Kcinak (1815-65)
(1) Remak: Observations anatomícete et microscopicac de systemaiis nervosi struc-
ín, 1838.
(2) Mül'.er's Archn\ Berlín, 1848; pág. 139. Ibiiemí 1852, páginas 47-57«
tngen über die Entwickelung des Wir belt hiéreles ¡ Berlín 185 1. (5) Remak: Diagnosiiscfu und patlwgeneiisché Untersuehungeny Berlín, 1845; pá- 'o'>. 205 y 208.
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defensores de la electroterapia, reemplazando la corriente galvánica por la inducida (1856) [i].
Otro importante defensor del uso del microscopio ha sido Johannes Evangelista Purkinje (1787-1869), de Bohemia, que era, además, un fisió- logo genial. Comenzó su carrera como maestro, habiendo tomado previa- mente las órdenes; pero, graduándose en Medicina en Praga, en 1819, su disertación inaugural constituyó una importante obra acerca de los fenó- menos visuales subjetivos (2), que le valió la amistad y la protección de Goethe. Fué, tai vez, esta misma protección de Goethe la que le valió a Purkinje su nombramiento de profesor de Fisiología y Pato- logía en la Universidad de Bres lau en 1823. En Breslau tuvo en un principio un frío recibimiento, a causa del existente prejuicio con- tra los eslavos, que él supo trans- formar pronto, ganándose las sim- patías de todos por sus superio- res conocimientos y su cortés com- portamiento. Purkinje permaneció en Breslau hasta 1 850, en cuyo año fué llamado para desempeñar la cátedra de Fisiología en Praga. Du- rante su período de Breslau ha he- cho alguna labor, frecuentemente olvidada, en favor de la ciencia ale- mana. Ha sido el fundador de los trabajos de laboratorio en relación con la enseñanza universitaria alemana. En 1824 ha fundado un laboratorio de Fisiología en su propia casa, y la labor hecha en él por el maestro y los dis- cípulos fué de tan elevado carácter, que el Gobierno prusiano concluyó por crear para él un Instituto de Fisiología en Breslau en 1842. Como en el caso de Cari Ludwig, muchas disertaciones de los discípulos de Purkinje repre- sentan las ideas de lo gran fisiólogo que era el maestro. Como histólogo, Purkinje ha sido el primero que ha usado el micrótomo, el bálsamo del Cana- dá,el ácido acético glacial, el bicromato potásico y la luzDrummond (1839)- En 1825 [3] ha descrito la vesícula germinal en el embrión, y ha sido el pri-
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Johannes Evangelista Purkinje (1787-1809'*
(1) .Remak: Galvanotlierapie der Nerven-und A fushclkrankhe ¡ten, Berlín, 1S58.
(2) Beit rage zur Kenntniss des ■Se/te us in subject ¿ver Hinsicht, l'ragn, 1819.
(3) Symbolae ad ovi avium historiam ante iucubationem, Breslau, 1825.
68 HISTORIA DE LA MEDICINA
mer histólogo que ha empleado la palabra protoplasma, aplicándola a la substancia fundamental del embrión en 1 839 (i). Ha descubierto las glán- dulas sudoríparas de la piel, con sus conductos excretores (1833) [2]; las células ganglionares piriformes del cerebelo (células de Purkinje, 1 837) [3]; la luz del cilindro-axil de los nervios (4), y los corpúsculos ganglionares en el cerebro (5). En 1 834-3 5 ha escrito (con Gabriel Valentín) [6] su fa- moso estudio del movimiento de las pestañas epiteliales; ha descrito las «fibras de Purkinje» del músculo cardíaco (1839) [7] y del útero (1830) [8]. En 1837 (9)> dos años antes que Schwann, ha expuesto la probable identi- dad de estructura entre las células animales y vegetales, y se ha anticipa- do también en dos años a este último en su estudio de la digestión artifi- cial (1838) [10]. En*l823 (11), largo tiempo antes que Francis Galton, ha expuesto la importancia de las impresiones digitales, dando exactas repre- sentaciones de las mismas, y ha hecho notar que los sordo-mudos pueden oír a través de los huesos del cráneo. Ha sido uno de los que más han trabajado en la descripción déla mayoría de las imágenes visuales (1819-23), especialmente de las que se obtienen por el estímulo galvánico; de las imágenes recurrentes, de las imágenes entópticas que se producen por las sombras de los vasos retinarlos, la dependencia de la intensidad del color por la de la luz, las figuras coroidales, las rosetas de luz producidas por el uso de la digital y las especiales radiaciones que siguen a las instilacio- nes de belladona. Purkinje ha sido también el primero que ha empleado la palabra enchyma para la substancia básica de las glándulas; cambium, para la misma cosa en los vegetales, y protoplasma, para la substancia fun- damental en los tejidos. Fisiólogo completo, de primer rango y de una
(1) Uebersicht d. Arb. u. Veránd. d. sckles.Gcscllsch. f. vaterl. Kultur, 1839, Bres- lau, 1 840, pág. 82. También: Pe formations granulosa in nervis aliisque partibus orga- nismi am malts, st u doit's dissertation, por Joseph Rosenthal, Breslau, 1839.
(2) En la disertación estudiantil /Je epidermide huma?ia, por Adolph Wendt, Breslau, 1833.
(3) Ber. ii. d. lersamml. dcutsck. ¿Yalurf u. Aerzte, 1837; Praga, 1838; XV, pá- gina 1S0, lámina, figura 18.
-U) Ibidem: pág. 177.
(5) I bidón: páginas 178 y 179.
(6) Müller's Arckiv., Berlín, 1834, páginas 391-400. También: Dephaeno?nena general i tt fundamentali motus vibratorii continui in membranis turn externis turn in- ter nis animal ium plurimorum ti ' super iorum ct infer iorum ordinum obvii, Breslau, 1835.
En la diserta* ion estudiantil de Bogislau Palicki: De musculari cordis struc- ture Breslau, 1839.
(8) En la (lis< rta< Ion estudiantil de Wilhelm Kasper: De structura fibrosa lau, 1840. /:< r. ./. Versamml, deutsck. Naturf.u. Aerzte, Praga; 1837, pág. 175. Purkinje and Pappenheim: Utbtr künstliche Vcrdauung, Mailers Arch., Ber- 1-4. in) i ommentatio de examine physiologico orgáni visits tt systematis cutanea Bres- lau, 1 ribe Purkinje las tres imágenes entópticas de una llama da delante del ojo, en una habitat ion a obsi mas.
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extraordinaria agudeza de percepción, se ha distinguido también como farmacólogo, habiendo realizado en sí mismo los experimentos sobre la acción del alcanfor, opio, belladona, estramonio y trementina (1829) [i]. En relación con la clínica médica, Purkinje ha sido el primero en estudiar el vértigo y la rotación de los ojos que se produce haciendo girar el cuer- po erguido alrededor de su eje vertical (i 820-25) [2], y aunque no rela- cionó el fenómeno con los conductos semicirculares, su descripción ha sido el punto de partida de los trabajos modernos acerca del nistagmus vestibular y cerebeloso.
Después de la época de Henle, tal vez el histólogo más distinguido del primer período haya sido Al- bert vbn Kólliker (1817-1905), un suizo que, después de oir las lecciones de Johannes Mü- 11er en Berlín, se graduó en Heidelberg en 1 842 y fué pro- sector de Henle en Zurich en 1846, y al año siguiente recibió un llamamiento de Wurzburgo, donde permaneció durante todo el|resto dejsu vida activa. Kó- lliker era uní cultivador de la
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ciencia pura, y era al propio tiempo notable en Embrio- logía comparada, Histología y Morfología.
En su monografía sobre el desarrollo de los invertebrados
(1843) [3]) na sido uno de los primeros en aplicar la doctrina celular de Schwann a la Embriología descriptiva, tratando del óvulo como de una célula aislada y de su segmentación como de una división celular normal única- mente.
En 1847 faé el primero que atestiguó el verdadero desarrollo de los espermatozoos, demostrando que no eran cuerpos extraños, sino produci-
Albert von Kólliker (1817-1905)
(1) Nene Breslau. Samml. a. d. Geb. d. fleilk., Breslau, 1829; I, pági- nas 423-444-
(2) Beitrdge zur Kenntniss des Schwindels ates heautognostischen Daten.; Med. Jahrb, Viena, 1820; VI, páginas 79-125; y bust's Mag./, d. gcs. Iíeilk,. Berlín, 1825; XXIII, páginas 284-310. Véase también la disertación estudiantil de Heinrich Cari Krause: De cerebri laesi admotum voluntar ium relatione, cer taque vertiginis 'direct to- ne ex certis cerebri regionibus laesis pe?idcnte, Breslau, 1824.
(3)' Mutter's Archiv, Berlín, 1843, páginas 68-141.
7o HISTORIA DE LA MEDICINA
dos en las células del testículo, y que fecundaban el óvulo (i). Es el autor de la primera obra de Embriología comparada (l86l) [2], donde aparece comprendido su importante estudio de la relación de la notocuerda de los vertebrados con la espina vertebral y el cráneo. En Histología ha sido el primero en aislar las fibras musculares lisas ([846 48) [3], confirmando el descubrimiento hecho por Píenle de las mismas en la pared de los vasos sanguíneos, y ha demostrado la relación de la célula nerviosa con la fibra nerviosa medulada ( 1 889 94). Ha confirmado también la teoría de Sharpey de la osificación y del crecimiento del hueso (i860) y los descubrimientos de Corti de la anatomía fina del oído. Su Anatomía microscópica (185054) [4] y su Manual de Histología humana (1852) [5] son las prime- ras verdaderas obras de texto sobre la materia, y la quinta edición de esta última aparece de tal modo ampliada, por la riqueza de material añadida, que puede, efectivamente, considerarse como una nueva obra, cuyo segun- do volumen viene a crear, literalmente, la histología comparada del siste- ma nervioso central en los vertebrados. Minot dice que «é! conoce, por ob- servación personal directa, más de la estructura microscópica de los ani- males que ningún otro de los que hasta la fecha han vivido». En Fisiolo- gía, ha aplicado los efectos de la «rana reoscópica», de Matteucci, al co- razón (1855), y ha sido el primero en investigar el músculo veratrinizado (185o). En Zoología, el nombre de Kolliker irá asociado siempre a los de los cefalópodos, celenteratas, gregarinidas, actinofris y otros animales in- vestigados por él. En 1 849 ha fundado, con Siebold, el ZeitscJwift für wisseuschaftUche Zodlo^ie, el principal órgano alemán de la Ciencia, que continuó editando por espacio de medio siglo. Kolliker carecía de rival, no sólo en las anotaciones de los hechos, sino también en su habilidad como teorizante, en lo que se adelantaba a su época. Aunque ignorante de la obra de Mendel, rechazaba la teoría de la selección natural en favor de las variaciones salteadas o espontáneas (mutaciones); consideraba el núcleo celular como el transmisor de los caracteres hereditarios, y su teo- ría del mecanismo del proceso generativo masculino (1763) [6] ha sido confirmada por Eckhard. En 1 862 descubrió las fibras musculares ramifi- cadas en el corazón, queLeeuwenhoek había visto doscientos años antes (7).
(1) Nene Dcnkschr. d. all?', schweiz. Gcsdlsch. f. d. res, Naturwisscnsch, Zurich, VIII.
(2) Entwicklungsgesehichte des Menschen und der Thitre, Leipzig, 1861.
(3) Mil l¡¡. d nalnrf. Gesellsch. in Zurich t 1S47: I, páginas 18-28; y Ztschr. f. wis- Zoóh Leipzig, 1848; I, páginas 48-87, 4 láminas.
(4) Mikroskopischt Anatomic, Leipzig, 1850-54.
Handbn vebelehre des Menschen, Leipzig, 1852.
Würsb.naturw, Ztschr, (Sitzungsb, 1863), 1864. (7) Proc. Roy. 60c. , Londres, 1862-03; XII, páginas 65-84.
EL SIGLO XIX
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Personalmente, Kólliker era un hombre fuerte, grave, de aspecto digno y severo; un veterano de la ciencia pura, cuya labor prodigiosa fué conside- rada por el Gobierno bávaro como una patente de nobleza y para otor- garle la orden prusiana pour le mérite. Como su gran predecesor Baer, ha dejado una interesante autobiografía (1899).
El primero y más grande de los maestros de la Anatomía topográfica y regional en el siglo xix ha sido Josef Hyrtl (1810-94), de la nueva es- cuela de Viena, nacido en Eisens tad, en Hungría. Su padre, músico en la banda del conde Esterhazy, tocaba el oboe bajo la dirección de Haydn, y el mismo Hyrtl había sido corista en su juventud, siendo algu- na vez dirigido por Haydn. Como estudiante, fué fámulo de Czermak en Viena; hizo descubrimientos, por los cuales se le nombró prosector en 1833, y a la edad de veintiséis años fué nombrado profesor de Ana- tomía en Praga. Llegado a la cáte- dra de Anatomía en Viena en 1 844, fué por espacio de treinta años el más fascinador y popular profesor de la especialidad en Europa, sien- do seguidos sus cursos por una en- tusiasta muchedumbre de todas las razas y clases, incluso nobles y cónsules extranjeros Sus lecciones
eran presentaciones claras, concisas y elocuentes de lo que él mismo conocía, intercaladas con un extraordinario número de epigramas, citas clá- sicas, anécdotas y veladas alusiones de un dudoso carácter. Hyrtl no hacía brotar su ciencia de la Histología como Henle, sino que procedía directa- mente de la tradición de Vesalio de enseñar la Anatomía gruesa, o regio- nal, y siguió a ambos como escritor y como maestro, haciendo de un asunto seco una explicación tan picante como interesante. Zuckerkandl decía: «Habla como Cicerón y escribe como Heine.» No ha hecho gran- des descubrimientos, y como investigador independiente, no está, de nin- gún modo, a la altura de Henle; pero hay que considerarle más bien como un irreprochable maestro y técnico y como uno de los más grandes filó- logos médicos; un hombre que hablaba y escribía el latín lo mismo que su lengua materna. Su famoso Lehrbuch (1846) ha tenido veintidós edicio-
Joseí Hyrtl (1810-94). (L'onesía dei Capitán Hen- ry J. Nichols, del ejército de los Estados Unidos.)
72 HISTORIA DE LA MEDICINA
nes, ha sido traducido a muchos idiomas, y de él decía Bardeleben que era el menos soporífero de todos los tratados científicos. Antes de alcan- zar su vigésima edición (1889) no tenía ilustraciones, estando esta deficien- cia suficientemente compensada por el estilo claro, hermoso y exacto de Hyrtl, completamente ajustado al asunto, y por la abundancia de alusio- nes históricas y culturales. Siguiendo el ejemplo de los cirujanos france- ses, Hyrtl publicó en 1847 (l) Ia primera Anatomía topográfica en alemán que, a pesar de su falta de ilustraciones, es doblemente fascinadora, a causa del mismo extraordinario lucimiento de conocimientos históricos y filoló- gicos. El Manual de Disección de Hyrtl, publicado en i860, es una obra clásica que puede colocarse al mismo nivel del libro de Virchow sobre las autopsias, y sus Corrossíons-Anatomie (1873) es un recuerdo permanente de su habilidad para hacer preparaciones anatómicas. Estas, sorpresa y admiración de Europa, incluso su colección, sin rival, de esqueletos de peces, estaban todas preparadas por él mismo; sus modelos del oído del hombre y de los vertebrados; sus cortes para el microscopio, y sus pre- paraciones por corrosión (invención propia), consistían en inyecciones en el sistema circulatorio de diferentes órganos y regiones, destruyendo las partes adyacentes por medio de ácidos, de modo que quedasen bien de manifiesto hasta las más finas ramificaciones. Su campo favorito de inves- tigación eran, positivamente, los sistemas vascular y óseo. Ha descubier- to la vena porta de las cápsulas suprarrenales, las venas branquiales de los peces, el origen de las arterias coronarias (1854), y ha hecho una colección de corazones desprovistos de vasos sanguíneos (gefdsslose Herzen). Todo lo que él hacía llevaba el sello de su originalidad e independencia. Tenía una vez el Laokonte representado por un animado grupo de esqueletos, como demostración de su tesis de que la gracia corporal y de las actitu- des depende, en último análisis, de la estructura de los huesos. Se opuso a la teoría de Brücke de la autonomía del corazón, con tan duras perso- nalidades, que llegó a haber en Viena dos partidos: el de Brücke y el de 1 lyrtl. Hyrtl había conocido las amarguras de la pobreza en su juventud; pero cuando llegó a ser propietario y a tener fortuna como médico, su caridad y sus sentimientos humanitarios no conocieron límites. Generoso hasta la prodigalidad con su dinero, dotó iglesias, orfanatos, Universida- des, con la misma innata bondad con que se prestaba a auxiliar a los es- tudiantes en su trabajo con su animadora presencia y sus ingeniosas sali- das. Nada le agradaba más que el prodigarse en ruegos en favor de la la- bor de un joven, y en este sentido es comparable a Müller y Ludwig, a Virchow y a Pasteur, los incomparables maestros de la juventud. Habién-
(1) Hyrtl: Handbuch aer topographischen Anatomic, Viena, 1847.
EL SIGLO XIX 73
dose encargado de la cátedra por treinta años, la dejó voluntariamente en 1874, para escapar de la humillación de verse jubilado a los setenta años, retirándose a una existencia como la de un ermitaño en su casa de Perch- toldsdorf. Aquí, en sociedad con su gentil y poética mujer, produjo sus tres obras maestras de elementos árabes y hebreos de Anatomía (1879) [i], de terminología anatómica (1880) [2] y de expresiones antiguas anatómi- cas alemanas (1884) [3]. Hyrtl puede colocarse, con Littré, entre los más grandes eruditos médicos modernos, y sus obras demuestran, mejor que nada, que la erudición era su verdadera especialidad. En la declinación de sus años cayó en una fase de pesimismo, que desfiguraba su carácter ale- gre y bondadoso (4).
En el grupo de hombres que vamos estudiando se incluyen también aquellos que, bajo el influjo de los grandes morfólogos John Hunter y Johannes Müller, van procurando resolver los problemas fisiológicos des- de el punto de vista de la estructura. Müller y su discípulo Schwann em- pleaban ambos procedimientos, los físicos y los químicos, en la experi- mentación; pero desde el tiempo de Müller la investigación fisiológica ha procedido por dos caminos ampliamente divergentes. La escuela física, que prefería los modos puramente mecánicos de experimentación y de in- terpretación, incluía nombres como los de Flourens, Poiseuille, Marshall Hall, los hermanos Weber, Brücke, Carl Ludwig, du Bois Raymond y Helmholtz. La escuela química — los partidarios de Liebig y Wohler — es- taba representada por Schwann, Beaumont, Tiedemann, Gmelin y Petten- kofer, y alcanzó su más amplio desenvolvimieuto con la obra decisiva de Claudio Bernard y Pasteur.
El principal representante de la Fisiología experimental en Francia ha sido Frangois Magendie (1783-185 5)» de Burdeos, que, como Müller, empleaba los procedimientos físicos y químicos en sus investigaciones y era incidentalmente el moderno fundador de la Farmacología experimen- tal. A diferencia de Bichat, Magendie no sólo no hacía el menor caso de las ideas vitalistas, ni de ninguna otra teoría, sino que, además, conside- raba la Medicina como «una ciencia por hacer» (une science áfaire) y procuraba explanarlo todo en términos de Física y de Química. Quería considerar la Patología como «la fisiología del hombre enfermo». Pensaba que la Fisiología sólo podía avanzar por la revisión de los hechos. Se
(1) Hyrtl: Das Arabische und Hebraische in der Anatomic, Viena, 1879.
(2) Onomatologia anatómica, Viena, 1880.
(3) Die alten deutsckcn Kuntsworte der -.Anatomic, Viena, 1884.
(4) Véase Ein Besuck bei llirtl en el Wien. Mcd. Wockenschr., 1S94; XLIV, pá- gina 1406. Contrasta con el alegre discurso de 1880 (Las culebras) en Allg. ¡lien. Med. Ztg., 1880; XXV, pág. 521.
74 HISTORIA DE LA M EDICIN A
comparaba a sí propio con un trapero (chiffonier), que iba viajando a tra- vés de los dominios de Ja Ciencia, recogiendo todo lo que encontraba. Esta frase expresiva resume las duras limitaciones que Magendie había puesto sobre sí mismo o que existían en su propia mente. El descubrió únicamente hechos aislados, que no se esforzó en relacionar unos con otros por medio de ninguna hipótesis especial, y así, no llegó a ninguna generalización importante. Como ardiente defensor de la experimentación en los animales vivos, profesaba una particular animadversión a los anti- viviseccionistas, e indudablemente muchos de sus experimentos eran sin objeto e innecesariamente crueles. Pero, no obstante, hay que tener en cuenta que, antes de su tiempo, la Fisiología se hacía por lo que Claudio Bernard ca lineaba de reveries systématiques, y que constituye un gran ho- nor para Magendie haber encabezado la moderna línea de los ilustres ex- perimentadores de laboratorio, que comprende desde Claudio Bernard hasta Pavloff, Loeb y Ehrlich. Magendie ha sido el fundador del primer periódico consagrado exclusivamente a la Fisiología, el y our nal de Physio- logie experiméntale (París, 182T-3 i). Su gran contribución a la Ciencia ha sido la demostración experimental (en una larga serie de cachorros) de la verdad de la ley de Bell, de que las raíces posteriores de la médula son de función sensorial, y las anteriores, motoras (1822) [í]. Por su audacia de vivisector y por lo claro de su razonamiento, llegó a una concepción mucho más clara de estas funciones que Bell, y en relación con las recla- maciones, parece lo justo señalar a Bell la prioridad del descubrimiento y de la demostración en lo que hace referencia a las raíces anteriores, y a Magendie, la prioridad de la concluyente demostración e interpretación del funcionamiento de ambas raíces, anteriores y posteriores. Magendie ha hecho también importantes investigaciones sobre el mecanismo de la deglución y del vómito (i 8 1 3) [2], de los efectos de la excisión o sección del cerebelo (1825) [3], y del movimiento circular (monvement de mané- ge) que se produce por la lesión del tálamo. Ha demostrado también que el poder del corazón como bomba es la principal causa de la circulación de la sangre en las venas; que las diferencias químicas entre la sangre y la linfa es el fundamento de la osmosis a través de las paredes vascula- res, y que la absorción de los fluidos y de los semisólidos es función tanto de los vasos sanguíneos como de los linfáticos (1821) [4]; en otros tér- minos, que la absorción no es una función vital específica de los linfáti- cos, sino únicamente una imbibición de los tejidos vasculares. Con Poi-
(¡) Journ. d¿ Physiol, rxpér., París, 1822; II, páginas 276-279.
(2) Mimo > tur ¡r vomissement, París, 1813.
(3j Journ. de Physiol, expér., 1825; V, pág. 399.
(4) lbidem^\%2\\ I, páginas 1 y 31.
EL SIGLO XIX
75
seuille, ha sido uno de los primeros en demostrar que la presión sanguí- nea arterial aumenta con la espiración, y sus experimentos a propósito de la circulación demuestran el absurdo de la idea antigua de los «pun- tos de elección» para la sangría, supuesto que los efectos de la sección venosa son los mismos en todos los puntos. Las investigaciones de Ma- gendie en Farmacología han introducido la bromina, los compuestos de yodina y algunos alcaloides, como la estricnina (demostrando su acción
Frangois Magendie (17S3-J855)
sobre la médula espinal en la parálisis), la morfina, la veratrina, la bruci- na, la piperina y la emetina en la práctica médica (1821) [1]. En Patolo- gía experimental ha inducido a Gaspard a repetir el experimento de Ha- 11er de inyectar materia pútrida en las venas (1822) [2]. Su demostración de que las inyecciones secundarias o subsiguientes de albúmina de huevo producían la muerte en el conejo, tolerante a la primera inyección, es el primer experimento de anafilaxia o de supersensibilización de los tejidos
(i> Formvlairc (etc.), París, 182 1.
(2) -Journ. de physiol. expér.^ París, 1822; II, páginas i -45 , 1824, IV, pági- nas 1-69.
76
HISTORIA DE LA MEDICINA
(1839) [i], un fenómeno que ya había observado Jenner en la inocula- ción vacuna en 1798.
Los fisiólogos franceses más importantes entre Magendie y Claudio Bernard son Legallois, Flourens y Poseuille.
Julien-Jean-César Legallois (1770-1814), un bretón que tomó parte en la Revolución francesa, estuvo algún tiempo escondido, por su filiación po- lítica, y después, habiendo estudiado en la Escuela de Sanidad, recibió el grado de médico en 1801. Ha sido uno de los primeros experimentado- res en Fisiología, y sus procedimien- tos eran tan rudos y más brutales que los de Magendie. Hizo algunos expe- rimentos, como los de investigar los efectos de la submersion en los ani- males recién nacidos o las relaciones térmicas de los animales despojados del cerebro y sometidos a la respira- ción artificial. En 1812 (2) demostró que la sección bilateral del nervio vago puede producir fatalmente la bron- coneumonía, y extendió grandemen- te la observación de Robert Whytt (1750) de no ser necesaria la abso- luta integridad de la médula, para que se conserve la función refleja (3). Su descubrimiento de que una le- sión de una pequeña área circunscri- ta de la médula inhibe la respiración (181 1) [4] fué el primer intento de localizar el centro de ésta, y ha sido más tarde completado por la labor de Flourens.
Legallois es principalmente recordado en la actualidad por sus Ex- periences tur le principe de la vie (1812), en las que es el primero, después de Borelli, en revivir la doctrina neurógena de la acción del corazón. El sostiene que el poder motor del corazón es un principio de fuerza conte- nido en la médula espinal y transmitido al corazón por los ramos del sim- pático. It., Be lia demostrado pronto que es erróneo; pero la doctrina neurógena ha sido robustecida más Larde por el descubrimiento, por Ro- bert Remak de los ganglios nerviosos intrínsecos del corazón ( 1 844) y ha
Mane-Jean-Pieire Flourens (1794-1867)
Lectures on the Hlood, Filadelfia, 1839; páginas .'44-249. I ■ galloi /• ■/ nena 1 tur le principe de la vie, París, 1912. 1 . pág. 135.
; (Eu\ 1 > .. I 1 te), París, 1812; pá^. 37.
EL SIGLO XIX 77
dominado como dueña hasta la resurrección de la doctrina miogénica por Gaskell y Engelmann.
Marie-Jean-Pierre Flourens (1 794- i 867) es célebre por el descubri- miento del nceud vital (nudo vital), o centro bilateral de la respiración en la médula oblonga, cuya lesión produce la asfixia (1837) [l]- Aunque la situación y la extensión exactas de este nudo vital hayan sido discuti- das hasta los tiempos actuales, el fundamento esencial del experimento de Flourens no ha sido rechazado nunca. En 1822-24 (2) hizo sus clásicas observaciones de los efectos producidos en las palomas por la extirpación del cerebro o del cerebelo, demostrando la absoluta conservación de los reflejos con pérdida de la cerebración y volición, en el primer caso, y los disturbios del equilibrio, en el segundo. Estos importantes experimentos demostraron que el cerebro era el órgano de la ideación y de la volición voluntaria, al paso que el cerebelo presidía la coordinación de los movi- mientos corporales, aunque Flourens negaba la posibilidad de toda loca- lización cortical de las funciones. En 1 828 (3), Flourens anunció que la lesión de los conductos semicirculares en el oído interno causaba incoor- dinación motora y pérdida del equilibrio; la sección de uno solo de los conductos produciría movimientos rotatorios alrededor de un eje en án- gulo recto con el plano del corte. De la analogía de estos fenómenos con los efectos de una profunda lesión del cerebelo dedujo Flourens que am- bos órganos tenían acción sobre la coordinación de los movimientos. Así, donde Purkinje había descrito sólo un nistagmus probablemente visual, Flourens localizaba la existencia de un verdadero vértigo cerebeloso y la- beríntico. Sus resultados han sido fisiológicamente confirmados por Vul- pian, Goltz, Cyon y Ferrier, y en la clínica, por Meniere, y han sido há- bilmente explicados quirúrgica y clínicamente por Robert Bárány como nistagmus vestibular.
Jean-Léonard-Marie Poiseuille (i 799- 1 869), de París, graduado en Me- dicina en 1828, ha sido el primer experimentador entre Stephen Hales y Carl Ludwig que ha producido algún adelanto real en la fisiología de la circulación. Su nombre quedará perpetuamente asociado con el estudio de la presión de la sangre. Apoyándose en el original experimento de Ha- les de 1733 sobre la presión sanguínea, Poiseuille lo perfeccionó, substitu- yendo por un manómetro de mercurio el incómodo tubo largo, quedan- do establecida la relación con la arteria por medip de un tubo hueco de
(4) Recherches experimentales, París, 2.a ed., 1842, pág. 204- — Compt. rend. Acad, des ó<r., París, 1858; XLVII, pág. 803; 1859, XLVIII, pág. 1 136.
(5) Arch. gen. de Med., París, 1823; II, páginas 344 y 35 1; ,825> VIII, páginas 422 a 426, y Recherches experimentales, París, 1824.
(6) Mém. Acad. d. Se, París, 1828; IX, páginas 455-477-
78 ni ST O RÍA DK LA MEDICINA
plomo, lleno en su extremo de carbonato potásico, para impedir la coa- gulación. Este era el hemodinamómetro de Poiseuille (1828) flj. con el que pudo demostrar que la presión sanguínea aumenta y disminuye con la espiración y la inspiración, así como medir el grado de la dilatación ar
terial (aproximadamente, de lo normal) en cada latido cardíaco. A
23
este instrumento. Cari Ludwig, en 1 847 (2), ha añadido un flotador, y, como dice el profesor Stirling, «ha tenido la idea genial de hacer que este flotador escriba en un cilindro que gira, y así, de un solo coup nos ha dado el kymograph, o escritor de ondas, y la aplicación del método gráfico a la Fisiología». Con estos perfeccionamientos, la ciencia de la presión sanguí- nea (hemodinámica) se convertía en una parte de la medicina moderna. Otra gran contribución de Poiseuille a la Fisiología ha sido una investiga- ción de física matemática, a saber: sobre el flujo y el reflujo de los líqui- dos en los tubos capilares (1840) [3]. El encontró que la velocidad media del flujo capilar varía en proporción directa del área de sección del tubo, del grado de presión y de la viscosidad del líquido que se mueve; tam- bién, que la cantidad de reflujo es inversamente proporcional a la longitud del tubo y directamente proporcional a la cuarta potencia de su diáme-
/ D*PV\ , al grado de presión y al coeficiente de viscosidad I O = I ; de
donde, por unidad de longitud, diámetro y presión, el coeficiente de visco-
QL sidad puede ser computado por la fórmula siguiente: V — . Esta
importante ecuación es la expresión matemática de la «ley de Poiseuille», que en los tiempos modernos ha resultado fundamental para apreciar la viscosidad de la sangre. Los instrumentos usados con este fin (viscosíme- tros) han sido inventados también por Poiseuille, y su nombre permanece actualmente, con los de Harvey, Hales y Ludwig, como uno de los funda- dores de la hemodinámica.
Aplicando los métodos físicos de laboratorio a los problemas de Fi- siología han realizado una notable obra los hermanos Weber, de Witten- berg. De ellos, Ernst H kin rich Weber (1795-1878) era profesor de Ana- tomía y Fisiología en Leipzig (I82I-66) hasta el momento del advenimien- to de Ludwig, y después ocupó la cátedra de Anatomía de la misma Uni- versidad hasta 1871, en-que fué reemplazado por Wilhelm His. Se ha he-
tro
1 i t< • pato bc encuentra descrito en la disertación de grado dePoiseuille
Rcclir relies sur la force du c<eur ar<r//,//n\ París, 182S.
(2) Ltldwíg: Arch. /. Anat., Physiol, uud uussciich. A/ed.y Berlín, 1S47, p^g. 26i.
(3; Poiseuille: Cotupt. rend. Acad d v., París, 1840; XI, páginas 961 y 1041; 1841, XII, pág u; 1843, XVI, pág.6o.
EL SIGLO XIX
79
cho notar en la historia de la Medicina por su descubrimiento dei poder inhibidor del vago en 1845 (l); hallazgo que ha lanzado mucha luz sobre algunos problemas, como el del movimiento del corazón, Ja naturaleza de la fiebre y otros análogos. El original experimento, llevado a cabo con su hermano Eduard Friedrich Weber (1806-71), consistió en llevar el cora- zón a un estado de reposo, colocando un polo de un aparato electromag- nético en las ventanas nasales de una rana, y el otro a nivel del plano
Ernst Heinrich Weber (1795-18^8)
transversal que pasa por la cuarta vértebra. El campo de inhibición se lo- caliza en la región comprendida entre los lóbulos ópticos y el calamus scriptorius, siendo los nervios vagos los conductores de la acción inhibi- dora, y los resultados fueron extendidos también a los animales de sangre caliente. Aunque los Weber primeramente creyeron que era necesario para la inhibición que se estimulasen ambos vagos, y aunque Ludvvig y Schmiedeberg demostraron más tarde que el vago contenía fibras acele- radoras lo mismo que inhibidoras (1870-71), la primitiva demostración ha
(1) El descubrimiento fué comunicado por los hermanos Weber al Congreso de Ciencias de Italia, en Ñapóles, 1845 (experimenta guibus probala ñervos vagos ro- tations machinae galvano-magneticae irrítalos, motum cordis retardare ct adeo inter- cipere, enümodei's Ann. Univ. de Aíed., Milán, 1845; 3 s., XX, pág. 227). Fué después publicado en extenso en el Handwórterbuch der Physiologie, 1840; III, páginas 45-51-
8o HISTORIA DE LA MEDICINA
quedado inconmovible, como uno de los más grandes descubrimientos de la fisiología. Ernst Heinrich Weber y Eduard Friedrich Weber colabora- ron también en la famosa Wellenlehre, o hidrodinámica del movimiento de la onda (1825), según la cual la velocidad de la ondulación pulsátil era
medida por vez primera, demostrándose que tarda — — a en la trans- misión; con lo que se destruía la hipótesis de Bichat de ser el pulso sin- crónico en todas las arterias. En 1 837 estos dos hermanos volvieron nue- vamente a dar un brillante trabajo unidos, midiendo y comparando la ve- locidad de la sangre y de los corpúsculos linfáticos en los capilares (i). Ernst Heinrich Weber es también digno de recuerdo por su modelo para explicar la hidrodinámica del corazón (1850) [2]; pero la obra fundamen- tal de su especial talento es, indiscutiblemente, su estudio sobre el sentido del tacto y el de la temperatura (Der Tastsinn und das Gemeingefühl, 1846), que ha constituido el punto de partida de la psico-física experi- mental de Fechner y Wundt. Johannes Müller, aunque asignaba a cada sentido su propia función particular, no admite ninguna «sensación co- mún» (como el dolor o el malestar) aparte del sentido del tacto. Weber ha sido el primero en demostrar que esta sensación común puede ser analizada en sus componentes viscerales y musculares, y éstos separados de las sensaciones táctiles. Ideó la aplicación de la idea de mensuración a aquellos fenómenos como las sensaciones de dolor, calor, presión y olor, notando que el umbral de la sensación dolorosa es también el de la injuria al nervio, y estableciendo la generalización conocida con el nombre de «ley de Weber», a saber: que la intensidad de la sensación no es directa- mente proporcional al grado del estímulo, sino que depende de su modo de aplicación. Un estímulo dado es menos perceptible cuando se suma a un estímulo grande que cuando se añade a un estímulo pequeño; en otros términos, cuando la sensación aumenta en progresión aritmética, el estí- mulo tiene que variar en progresión geométrica. Fechner ha expresado posteriormente esta idea diciendo que la intensidad de la sensación varía con el logaritmo del estímulo (ley de Weber y Fechner), supuesto que la curva producida es logarítmica.
Un tercer hermano de la familia Weber es el célebre electricista Wi- lhblm Edüard Wsbsr (1804-91), que fué profesor de Kísica en Gottinga durante toda su vida académica (i 831-91), construyó el primer telégrafo electro-magn«'tico en l833i ni/n lin atlas del magnetismo terrestre (1840), y, además, fué notable por su importante labor sobre las mediciones eléc-
'','., Berlín, 1837; páginas ±^-¡-212. !'.<■>■ . ,/. ! Verhandl, </. k, sáchs, </. Wissensch., Leipzig, 1850, pág. 1X6.
EL SIGLO XIX
tricas. Colaboró con Eduard Friedrich Weber en la clásica y bien cono- cida obra de mecánica del sistema locomotor humano (Mechanik der menschlichen Gehwerkzeuge, 1836), el más importante estudio de su épo- ca acerca de la fisiología del movimiento y de la locomoción y del meca- nismo de las articulaciones.
Un notable y completo fisiólogo y anatómico era Ernst Wilhelm von Brücke (1819-92), de Berlín, que llegó en 1849 a ser profesor de Fisiolo- gía en Viena, donde quedó asociado a la nueva escuela de esta capital para todo el resto de su vida. Sus investigaciones se extienden a todos los ramos de su especialidad, incluso la luminosidad de los ojos en los anima- les (1845), la fonética (1856-62), las vál- vulas semilunares (1855) y Ia anatomía K artística (1892), siendo esta última una de las obras más atractivas que se han escrito sobre esta materia. Ha sido el pri- mero en sostener que la orina normal pue- de contener azúcar (1858), y en inventar la emulsión testigo para los ácidos gra- sos (1870).
El sabio expositor en Inglaterra de la experimentación física durante este pri- mer período ha sido Marshall Hall (1790-1857), de Nottingham, cuya Memo- ria a la Royal Society sobre La función refleja de la médula oblonga y de la médu- la espinal (1833) [i] establece la distinción entre la acción voluntaria y los reflejos inconscientes.
Ernst Wilhelm von Brücke '1819-92)
La idea de que los impulsos periféricos pueden ser reflejados por fuera de los centros nerviosos relacionados con el cerebro, sin relación con la conciencia, ha sido sugerida en primer término por Descartes, en 1644, al discutir el fenómeno de cerrar los ojos ante la amenaza de recibir un golpe en ellos. Robert Boyle ha hecho notar que una víbora, tres días después de ser decapitada, todavía se agita cuando se la pincha. Johann Bonn ha considerado los movimientos reflejos de la rana de- capitada como «un fenómeno material» (1686). Stephen Hales ha demostrado que los movimientos de la rana decapitada quedan suprimidos si se destruye la médula espinal. Robert Whytt, de Edimburgo, demuestra que la destrucción del lóbulo óp- tico anterior suprime la contracción de la pupila a la acción de la luz (reflejo de Whytt) y que un pequeño trozo de médula basta para la producción de los movi- mientos reflejos. Pero la mayoría de los autores pensaban que los fenómenos refle- jos estaban relacionados con la sensación y la ideación. Los experimentos de Bell y Magendie (181 1-22) fueron un gran paso progresivo en este sentido, y el descu- brimiento del centro respiratorio por Legallois (1826) y Flourens (1837) arrojó una gran luz sobre estos problemas.
(1) Hall: Phil. Tr., Londres, 1833; páginas 635-665.
Historia de la Medicina.— Tomo 11
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HISTORIA DE LA MEDICINA
Independientemente de esta defectuosa y aparente ignorancia de la labor de sus predecesores, Marshall Hall demostró que las convulsiones producidas por la estricnina cesan después de la destrucción de la médu- la espinal; que los reflejos se producen más rápidamente incitando las ter- minaciones nerviosas que por estimulación de los mismos nervios, y que aquéllos son una contracción de los músculos esfínteres. Ha sido la obra de Hall la que ha dado a la acción «refleja» un lugar permanente en la Fisiología, que a pesar de él no ha podido realizar lo que Sherrington y
otros han puntualizado, a saber: que los actos volitivos y los reflejos pue- den transformarse unos en otros, y que hay muchos fenómenos nerviosos que permanecen entre los dos extre- mos. El piensa que su obra principal ha sido el descubrimiento de unas vías reflejas especiales disociadas para la sensación y la volición; idea que ha sido apoyada por el descubrimien- to de R. I). Grainger de que la subs- tancia gris en la médula y sus raíces aferentes son el verdadero medio de la acción refleja (1837).
William Sharpey (l802-8o),de Ar- broath (Escocia), que ha sido toda su vida un notable profesor de Fisiolo- gía del Colegio Universitario de Lon- dres (1836-74), es digno de recuerdo por sus trabajos acerca de los párpa- dos y de su movimiento(l830-3Ó)[lJ, fibras de Sharpey» (1846) [2]. La fisiología inglesa debe su origen a Huxley y a Sharpey, que era el maes- tro de los profesores de Oxford y Cambridge, Michael Foster y Burdon- Sanderson. (Sharpey — dice Foster — era el único fisiólogo puro de In- glaterra..., el único hombre de su época que consagró su vida entera a la Fisiología » Describiendo la obra de Ludwig de las curvas de la presión sanguínea a los estudiantes, utilizaba a veces su antiguo cilindro como ci- mógrafo.
William Sharpey [ií - B blioteca Médi
de Boston.)
y por el descubrimiento de las
(1) Sharpey: Edi *td Surg. Joum.y 1830; XXXIV, páginas 113-112, y
3 J5- j6, I.
(2) Sharpey: En la Anatomía de Quains 5.a ed., Londres, 1846; II, pági-
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Sir William Bowman (1816-92), de Cheshire (Inglaterra), eminente como fisiólogo y en cirugía oftalmológica, descubrió y describió los músculos estriados (1840-41) [ij, las membranas básales (1842) y la re- gión ciliar del globo ocular. A Bowman se debe el tratamiento científico de las afecciones lagrimales. En 1 842 (2) expuso su teoría sobre la secre- ción urinaria de que Jos tubos y sus plexos capilares son probablemente Jas partes concernientes a la secreción de los principios básicos de la ori- na (la urea, ácido lítico, etc.) y los cuerpos de Malpighi pueden ser el aparato destinado a sepa- rar la porción acuosa de la sangre.
La tendencia química de la moderna Fisiología experimen- tal, que se apoya en la mag- nífica obra de Claudio Bernard y Pasteur, ha sido iniciada por Liebig y Wóhler, en Alemania, y por Dumas y Chevreuil, en Francia.
Justus von Liebig (i 803-73) de Darmstadt, discípulo de Gay Lussac, ha sido el fundador de la química agrícola, uno de los principales fundadores de la química fisiológica y de la quí- mica de los compuestos del car- bono y el creador de la enseñanza por el laboratorio de la Química.
El laboratorio de Liebig, establecido en Giessen en 1 826, ha sido la primera institución de este género puesta en relación con la enseñanza universita- ria, y, aunque pobre y sencillo en sus aparatos, fué muy pronto acogido con entusiasmo por los estudiantes, que acudieron en gran número a tra- bajar en él. En este laboratorio llevó a cabo Liebig sus famosas investiga- ciones acerca de los cianuros, cianatos, amidos, aldehidos, benzoilos, ben- zoatos, ácidos orgánicos y abonos, y en él fundó los Liebig 's Annalen (1832-74), el principal órgano literario de la Química durante toda su vida.
Sir William Bowman (1816-92)
(1) Bowman: On the Minute Structure and Movements of Voluntary muscles; Phil. Tr., Londres, 1840, páginas 457-501, 4 láminas; 1841, páginas 69-73. Los dibu- jos son del mismo Bowman.
(2) Phil. 7r., Londres, 1841-42, páginas 57-80.
84 HISTORIA DE LA MEDICINA
Las contribuciones más importantes de Liebig a la Medicina son sus des- cubrimientos del ácido hipúrico (Poggendorff s Ann. 1829), del doral y del cloroformo (1831) [i]; sus estudios acerca de los compuestos del ácido úrico, su modo de dosificar la urea (1853) [2] y sus importantes trabajos sobre sangre, bilis y jugo de la carne (extracto de Liebig). Su libro de Química orgánica en sus aplicaciones con la Fisiología y la Patología (1842) [3] ha sido el primer tratado que de un modo formal se ha ocupa- do de la materia, introduciendo el concepto de metabolismo (Stoff weeks el).
Justus von*Liebig"(i8o3-73)
Sus cartas familiares sobre Química han hecho más que ninguna otra obra en favor de la popularización de esta ciencia. Las investigaciones de Liebig acerca de la fermentación y de la putrefacción se encuentran viciadas por los puntos de vista puramente materialistas de estos fenómenos, como ba- sados en su teoría de la catálisis. Ha definido la catálisis como la facul-
(1) Ann. d. Pharm. Lemgo und Heidelberg, 1832; I, páginas 182-230. El clorofor- mo fué descubierto independientemente, en el mismo año también, porSoubeiran i \nn dcChim., París, 1831; XI A III. páginas 113-157) y por Samuel Guthrie, M. D. (1782-1848, de Bloomfidd (Massachusetts) M»!..?. Arts and Se, 1831; XXI, pág. 64, y XXII, pág. iosJ en Jewettsville, cerca de Sackett'a Harbor (New-York'), donde en- método moderno de obtener el < loroformo destilando el alcohol con cal viva. Ann. d, Pkarm., Lemgo and Heidelberg, [853; IX XXV, páginas 289-328. ffi Die organische Chemie in ihrer Anwendung auf Physiologic und Patlwlogie, Braunschweig, 1842. Schwann había ideado la frase cíenómenos metabóHcos» : razer Hai
EL SIGLO XIX. 85
tad de un sistema de moléculas de producir vibraciones armónicas por simpatía en otro sistema, determinando cambios químicos en éste, y afec- taba, además, despreciar o hacer caso omiso de todos aquellos agentes vivos, como bacterias o fermentos vivos. Pensaba que la fermentación y la putrefacción eran únicamente disturbios físicos del equilibrio que po- dían ser comunicados por contacto con otros cuerpos. Rehusaba creer que los fermentos fueran vivos, y no admitía que se pudieran ver por medio del microscopio. Cuando, después de larga y amarga controversia, Liebig vio que su materialismo había sido rechazado por Pasteur, proclamó, de mala gana, que él había intentado únicamente señalar una causa química a los fenómenos químicos. Sin embargo, Liebig era, por otra parte, un in- transigente vitalista. Lord Kelvin refiere que cuando, en cierta ocasión, le preguntó al gran químico si pensaba si una hoja de una flor podía ser he- cha o deshecha por fuerzas químicas, Liebig le contestó: «Yo creería an- tes que un libro de Química o de Botánica podía ser hecho a expensas de la materia muerta y sólo por procesos químicos» (i).
Friedrich Wohler (1800-82), de Eschersheim (Hesse-Nassau), estaba asociado a Liebig en sus investigaciones sobre el ácido úrico, los com- puestos de cianógeno y el aceite de almendras amargas, la síntesis artifi- cial del azúcar, morfina y salicina, y él, aisladamente, ha hecho también descubtimientos muy importantes, dos de los cuales han sido verdadera- mente decisivos en la historia de la Fisiología. En 1 828, Wohler consiguió efectuar una síntesis artificial de la urea (2), calentando el cianato amóni- co, de acuerdo con la ecuación: NH4 CNO = CO (NH2)2. Esta era la primera vez que una substancia orgánica había sido construida artificial- mente de los componentes de una substancia orgánica, sin ninguna inter- vención de los procesos vitales, y ello puso bien pronto en claro que no hay ninguna diferencia esencial entre la estructura química de la naturale- za viva y la de la inanimada. Este descubrimiento abre la línea brillante de la labor sintética, en la que tan elevado puesto había de alcanzar más tar- de Emil Fischer. En 1824, Wohler hizo, y en 1842 confirmó, un descu- brimiento que había de ser el punto de partida de la química moderna del metabolismo, a saber: el de que el ácido benzoico, dado en el alimen- to, aparece como ácido hipúrico en la orina (3). Esto aparecía en contra-
(1) Lord Kelvin: Popular Lectures, Londres, 1894; II, nota de la pág. 464.
(2) Wohler: Ueber künstliche Bilduiíg des Hamstoffs; Ann. de Phys. u. Chem., Leipzig, 1828; XII, páginas 253-256.
(31 Ann. de Phys. u. C/iem., Leipzig, 1842; LVI, páginas 638-641. Un año antes, Alexander Ure, de Edimburgo, había establecido que el ácido benzoico se cambia en hipúrico en el organismo (Provincial Med. and Surg. Joum.. Londres, 1841; II, pág. 317). El experimento original de Wohler se encuentra en el Tiedema?irís Ztschr.f. Physiol.. 1824; I, pág. 142; pero sus puntos de vista no fueron definitivos hasta después del descubrimiento, por Liebig, del ácido hipúrico en 1829.
86 HISTORIA DE LA MEDICINA
dicción con la idea, corriente en la época de Wohler, de que, al paso que las plantas pueden sintetizar sus materiales complejos, los animales tienen que recibir sus substancias constituyentes, ya sintetizadas, de las plantas o de otros animales. Otras formas de la síntesis animal, como las del áci- do úrico del carbonato amónico o las de la glucosa del glucógeno en el hígado, fueron descubiertas bien pronto, y en ello tuvo su concepción el problema de producir alimentos artificiales a expensas de materiales elementales.
Entre las más antiguas investigaciones químicas importantes para la Medicina figuran: el aislamiento de la morfina, por Sertürner (1806) [1]; la investigación de los cálculos de cistina, por Wollaston (1810) [2]; la conversión del almidón en azú- car, por Kirchhoff (181 1) [3]; la investigación de la albúmina en la orina, por Blac- kall y Wells (1812-14); la obtención déla estricnina (1818) [4], de la brucina (1819), de la quinina (5) y de la veratrina (1820), por Caventou y Pelletier; las investigacio- nes de Alexander Marcet sobre la orina negra (1822) [6]; las de Dutrochet acerca de la endosmosis y exosmosis (1827-35) [7]; Ia obtención de la atropina, por Geiger y Hesse (1833) [8]; la prueba de F. Rose, del biuret, para la albúmina (1833) [9]; las investigaciones de Cagniard Latour(io) y de Schwann sobre las células de levadu- ra y la fermentación vínica (1837-38); la demostración, por Bouchardat y Peligot, de que el azúcar de la orina en la diabetes es la glucosa (1838) [11]; la prueba de Trommer para la glucosa en la orina (Mitscherlich, 1841); la de Pettenkofer para la bilis (1844) [12]; la cuantitativa de Hermann von Fehling para la glucosa de la ori- na (1848) [13]; el descubrimiento, por Henry Bence Jones, de un proteído especial (albumosa) en la orina de los enfermos con reblandecimiento de los huesos (albu- mosuria nuclopática, 1848) [14]; investigaciones de Adolf Strecker sobre la bilis del buey (1848-49) [15], y el descubrimiento de Millón de un reactivo especial para los proteidos (1849) [16]. La química de la orina recibió un fuerte impulso con la publi- cación de la brillante obra de Johann Floriam Heller (1813-71), de la nueva escue- la de Viena, un discípulo de Liebig y Wohler, que descubrió la prueba del anillo parala albúmina (1844)" [17] la de la potasa cáustica para el azúcar de la orina
(1) Sertürner: Journ. de Pharm., Leipzig, 1806; XIV. pág. 47; 181 1, XX. pág. 99,
(2) Wollaston: Phil. Jr., Londres, 1810; pág. 223-230.
(3) Kirchhoff: Journ. f. Chem. u. Physik., Nuremberg, 181 5; XIV, páginas 389 a 398.
(4) Caventou y Pelletier: Journ. de Pharm., París, 1 8 1 9; V, páginas 142-177. 5 Ann. de Chim. et Phys., París, 1820; XV, páginas 289 y 337.
Marcet: Med.-Chir. Tr., Londres, 1822-23; XII, páginas 37-45.
(7) Dutrochet: \nn. de Chim. et Phys., París. 1827-35; volúmenes XXXV.
xxxvn, xi ix, 1 11 v i.x
(8) Geiger and Hesse: Ann. d. Pharm.y Lemgo und Heidelberg. 1833, V, pági- na 43". VT, pág. 44-
(9) Rose: Poggendorff s Ajiv., Leipzig, 1833; XXVIII, pág. 132.
(10) Cagniard Latour: Ann. de (.'him. et Phys., París, 1838; LXVI1I, páginas 206 a 221.
(n) Peligot \nn. de Chim. et Pharm., París, 1838; LXVI, pág. 140.
(12) Pettenkofer: Ann. de Chem. et Pharm., Heidelberg, 1844; LIII, páginas 90-06.
(13Í Frhling: Arch. /'. d. Phxsiol. Ueilk., Stuttgart, 1848; VII, página s 64-73.
(14) Ben Phil. 7r., Londres, 1848; páginas 55-62.
(15) Strecker Atm.dé Chem. et Pharm., Heidelberg, 1848; LXV. pág. 1; LXVI,
XX, pág. Millón: Comp.rend Acad. d. Se., París, 1849; XXVIII, páginas 4< Heller 'hisiol. und Path. Chem. ll'ieri., 1844; I. páginas 102-199.
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(1844) [1], ha sido el primero en señalar la retención de los cloruros en la orina de los pneumónicos (1847) [2], ha inventado la prueba de la potasa cáustica para la sangre en la orina (1858) [3], ha inventado el ureómetro para apreciar la densi- dad de la orina (1848) y ha escrito una famosa obra clásica sobre los cálculos uri- narios (i860) [4]. Las investigaciones químicas en Francia han recibido un gran im- pulso con la obra de Jean Baptiste Dumas (1800-84), que aisló el alcohol metílico, estableció el análisis cuantitativo del aire y del agua, estudió los cambios químicos en el desarrollo del pollo y (con Coindet) demostró el valor del yodo en el tratamien- to del bocio (1820) [5]. Michel Eugene Chevreul(i 787-1889) investigó el azúcar en la orina de los diabéticos (18 15) [6], e hizo un importante estudio de la grasa animal (1823). En Inglaterra, Thomas Graham (1805-69), de Glasgow, dejó una obra de ca- pital importancia en la moderna fisiología con su descubrimiento de las leyes que rigen la difusión de los gases (1829-31) [7], sus investigaciones de la fuerza osmó- tica (1854) [8] y sus métodos de separar los líquidos, animales o no, por medio de la diálisis, introduciendo la distinción entre substancias cristalinas y coloides (186 1) [9]. La definición de Graham de la osmosis como la «conversión de la afini- dad química en una fuerza mecánica» sigue siendo la más científica de las hechas hasta ahora, que se defiende por las recientes investigaciones de las membranas semipermeables.
Los adelantos más importantes hechos durante el primer período en la investigación química lo han sido en la fisiología de la digestión. La pri- mera obra, cronológicamente hablando, en este campo ha sido An Expe- rimental Inquiry into the Principles of Nutrition and the Digestive Process (1803), de John R. Young, de Maryland, habiéndose graduado en la Uni- versidad de Pensilvania. Los trabajos de los más antigüe s fisiólogos de la digestión — Van Helmont, Sylvius y Borelli — estaban en gran parte dismi- nuidos de valor por sus teorías del calor innato y de los espíritus vitales, y, como William Hunter hacía notar irónicamente, han hecho que se tien- da a considerar el estómago como un mortero, como una cuba de fermen- tación o como una cazuela de guisar. En e! siglo xvín, Réaumur ha aislado el jugo gástrico y demostrado su acción disolvente sobre los alimentos (1752). Spallanzani confirmó el hecho de su carácter disolvente y antisép- tico (1782), lo que estuvo en contradicción con los diferentes puntos de vista de la cocción, putrefacción, trituración y fermentación y en favor de la teoría química de la disolución; pero omitió el reconocer que la acción disolvente del jugo gástrico es debida a la acidez del mismo. Young em- prendió su trabajo en este punto, y por medio de experimentos llevados
(1) Heller's Arck.f. Phisiol. und Path. Client. Wien., 1844; I, páginas 212-292.
(2) Ibidem, 1847; IV, páginas, 522 y 525.
Heller: Ztschr. d. k. k. Gesellsch. d. Aerzte z. Vie?tn., 1858; n. F., I, pág. 751. L. Teichmann ha dado una prueba más antigua para la hemina en el Ztschr. f. rat. Med., Heidelberg, 1853; III, páginas 375-388 (Erich Ebstein).
(4) Heller: Pie f fame oner etionen, Viena, i860.
($) Coindet: Ann. de Chimie, Paris, 181 5 XCV, pág. 319.
(6) Chevreul: Ann. de Chimie, Paris, 1815; XCV, pág., 319.
(7) Graham: Quart. J own. Se., Londres, 1829; II. páginas 74-83.—/%//. Mag., Londres, 1833; II, páginas 175-190.
(8) Phil. Jr., Londres, 1854. CXLIV, páginas 177-228. Í9) ibidem, 1861; CLI, páginas 183-224.
88 HISTORIA DE LA MEDICINA
a cabo en ranas, serpientes y hasta in propria persona, demostró que el principio disolvente del jugo gástrico es un ácido que vuelve rojo el pa- pel azul de tornasol y reblandece los huesos hasta convertirlos en una pul- pa, y que este ácido no puede provenir de ninguna fermentación vinosa o de otro carácter, sino que es un componente de la secreción gástrica normal. Llegó a la importante deducción, demostrada en nuestros mismos días por Pavloff, de que la secreción del jugo gástrico y de la saliva son isócronas y van asociadas; pero se equivocó al deducir que el principio ácido del jugo gástrico era el ácido fosfórico. En 1824, William Prout (1785-1850), un químico inglés, pudo demostrar, por cuidadosa tritura- ción y destilación, que el ácido del jugo gástrico es el clorhídrico libre (i). Este resultado fué pronto confirmado por otros químicos, especialmente en la clásica monografía de La digestión químicamente considerada (1826 a 1827) [2], por Friedrich Tiedemann (1781-1861), de Cassel, y Leopold Gmelin (1788- 1853), de Góttinga. En esta obra se da la prueba del ácido nítrico de Gmelin para los pigmentos biliares en el quilo, en el suero san- guíneo y en la orina (prefacio, pág. Il) [3]; se establece el límite de la se- creción gástrica y se demuestra que la saliva contiene un sulfocianato, y la secreción pancreática un principio que se vuelve rojo con el agua de cloro. Este principio (tryptophan) fué demostrado posteriormente por Claudio Bernard ser un producto de la digestión pancreática y no un verdadero constituyente del jugo pancreático.
En 1833, William Beaumont (1785-1853), de Connecticut, y cirujano del ejército de los Estados Unidos, publicó sus famosos Experiments and Observations sobre una accidental fístula gástrica en el mulato canadiense Alexis St. Martin, que dieron mucha luz sobre la naturaleza del jugo gás- trico, el proceso de la digestión en el estomago y los primeros grados de la gastritis. Nada menos que en 1664 había publicado Regner de Graaf su estudio de artificial jugo pancreático y salivar en un perro, cuyo grabado presentaba, constituyendo esto los casos más antiguos de fístula gástrica; pero Beaumont ha sido el primero en estudiar la digestión y los movimien- toa del estómago in situ (1825) [4]. Comienza con un resumen, hecho con
(1) Prout: Phil. Ir., Londres, [824; páginas 45-49.
riedemann und Gmelin: Die Verdauung nach Versuchen, Heidelberg and Leipzig, 1826-27.
Erich Ébstein (Ztschr.f. ürol., l eipzig, [915; IX, pág. 283) añrma que la prueba de Gmelin del ácido nítrico para la bilis era ya empleada míos cuarenta años m miIm< de 1 7 s 7 ; por Francesco Marabelli, un discípulo de Johann
Peter Frank y boticario del Hospital de Pavía (Aiti </. Accad. d. Se. di Siena,
, VII, páginas 224-232). Los diversos ensayos de IMarabelli (Leipzig, 1795) con- tienen además análisis de medicamentos líquidos (1791), de la orina diabética del maíi 1787) y de diferentes frutos. (4) \l< l. Recorder ^ Filadrlfia, 1825; VIII, páginas 14 y 840; 1826, IX, pág. 94-
EL SIGLO XIX
89
gran claridad de juicio, de la obra de sus predecesores; da una exacta des- cripción del aspecto normal y patológico de la mucosa gástrica durante la vida y de los movimientos del estómago en el acto de la digestión, de- mostrando que el jugo gástrico es segregado únicamente cuando el ali- mento está presente, y que la irritación mecánica de la mucosa gástrica produce congestión, pero únicamente una secreción localmente limitada de jugo gástrico. Así, pronosticaba los resultados de Pavloff y destruía la hipótesis de Magendie de que la secreción gástrica es continua. Los expe- rimentos de Beaumont sobre los efectos del jugo gástrico sobre los diferentes alimentos y sobre el relativo valor digestivo de és- tos son el fundamento de las mo- dernas tablas y escalas dietéti- cas; y su examen químico del jugo gástrico le llevó a la con- clusión de que contiene ácido clorhídrico libre, mas alguna otra substancia, queTheodorSchwann pudo demostrar, en 1835, que era la pepsina. Esta ha sido la, obra más importante de la fisio- logía de la digestión gástrica an- tes de los trabajos de Pavloff, y las dificultades bajo las cuales el experimentador llevó a cabo su trabajo, comenzado en un aisla- do puesto militar en las selvas de Michigan y completado
sólo a fuerza de acompañar al enfermo, realizando cerca de 2.000 mi- llas hasta Plattsburgh Barraks, New- York, hacen de su experimento uno de los románticos experimentos de la historia de la Medicina. «Todo mé- dico que receta para trastornos digestivos — dice Vaughan — y todo enfer- mo que se aprovecha de aquellas recetas deben gratitud a la memoria de William Beaumont, que en 1 82 5, en la isla de Mackinaw, comenzó su es- tudio de la digestión, que continuó con trabajo y con habilidad en bene- ficio de la Humanidad.» El ha sido el verdadero maestro y trabajador de la fisiología experimental en la región (i).
William Beaumont (1785-1853). (Cortesía del doctor Jesse S. Myer, St. Louis.)
(1) Para un completo e interesante estudio de Beaumont y su obra véase la ÍAfe and fitters of William Beaumont, del difunto doctor Jesse S. Myer, con una introducción de sir William Osier, St. Louis, C. V. Mosby C.°, 1912.
90 HISTORIA DE LA MEDICINA
La cirugía de la primera parte del siglo xix era simplemente una con- tinuación de la cirugía del siglo xvm, con la diferencia de que el centro de gravedad se había trasladado de París a Londres, como resultado de la po- derosa influencia ejercida por la enseñanza de Hunter y de los desastrosos electos de las fanáticas prohibiciones de 1792-93, que abolieron las Facul- tades y Sociedades médicas en Francia. Muchas atrevidas intervenciones quirúrgicas se han llevado a cabo en este período; la cirugía plástica ha resucitado, la mayoría de las grandes arterias han sido ligadas con éxito; empiezan a dar claras señales de existencia la cirugía rusa y la americana; pero de la operatoria general dentro del cráneo, de las articulaciones, del abdomen y de la cavidad pelviana femenina no hay nada hasta muy pos- teriormente al año 18*67.
Los maestros quirúrgicos del período pre-listeriano son los Bell, Cooper, Colles, Brodie, Listón, Syme y Fergusson, en la Gran Bretaña; Larrey, Dupuytren, Lisfranc, Delpech, Velpeau, Malgaigne y Nélaton, en Francia; Langenbeck el Viejo, Dieffenbach, Graefe el Viejo y Strome- yer, en Alemania; Pirogoff, en Rusia; Physick, Post, Mott, los Warrens y McDowel, en América.
Los hermanos John y Charles Bell son las principales figuras de su época entre los cirujanos de Londres y Edimburgo; pero la fama de sir Charles Bell es mayor aún que por la Cirugía por sus descubrimientos de Anatomía, Fisiología y Patología. John Bell (1763-1820), de Edimburgo, pertenece en gran parte al primer período; pero sus grandes trabajos acer- ca de la anatomía quirúrgica han ejercido un poderoso influjo en los hom- bres de la época posterior, y ha sido, con Dessault y John Hunter, uno de los fundadores de la cirugía moderna del sistema vascular. El mismo ha ligado, con éxito, la carótida primitiva y la rama posterior de la ilíaca interna, y ha sido el primero en atar la arteria glútea (i). Como su herma- no Charles, John Bell era un artista de talento, uno de los grandes médi- cos que han sabido ilustrar sus propias obras. Su Anatomy of the Human #0^(1703-1803) fué una importante obra en su tiempo, reimpresa más tyrde con dibujos originales de sir Charles Bell (i8t i), y sus Engravings, ilustrando las diferentes partes y órganos del cuerpo, los dibujos y casi todas las aguafuertes y grabados, constituyendo su obra propia, son una de las piedras miliar- en la historia déla ilustración anatómica. Fl tercer tom0 dedicado al cerebro, a los nervios, a los órganos de los sentidos y a (a ras (1804), es Casi por completo obra de sir Charles. La contri-
bución quirúrgica más meritoria de John Bell está representada por sus Discourses on the Nature andCure 0) Wound* (1795)» el segundo de los
(,) Véanse bus Principia of Surgery, 1801; vol. I, páginas .121-426.
EL SIGLO XIX 91
cuales constituye un estudio histórico muy importante de la cirugía de las arterias, y su obra monumental es Principles of Surgery (1801-7), embe- llecida con hermosos grabados originales, constituyendo un estudio, único en su género, histórico y clínico de todo lo relativo a la ligadura de los grandes vasos, fracturas, trepanación, tumores y litotomía,de la que da una detenida historia que ocupa 248 páginas. Los escritos de John Bell se ca- racterizan por su gran sinceridad y profundidad de juicio. Ha tomado su profesión con una gran seriedad ética, que, dado su temperamento, fre-
Sir Astley Paston Cooper, Bart (i 768-1841)
cuentemente daba lugar a acaloradas y amargas discusiones. Se burlaba de las confusiones de Benjamín Bell y de Monro secundas; lo que no au- mentaba su popularidad. Fué echado de la práctica en la Royal Infirmary por las maquinaciones de James Gregory, que le atacó en un voluminoso libro escrito con el seudónimo, actualmente olvidado, de «Jonathan Daw- plucker». Hacia el fin de su vida, quebrantada su salud a consecuencia de la caída de un caballo, John Bell marchó a morir a Italia, dejando un per- petuo recuerdo de su viaje en su obra postuma, Observations on Italy (1825), uno de los mejores libros de viaje que han escrito los médicos. La obra es notable además por sus hermosos y originales dibujos, alguno de los cuales da una impresión de los detalles de la arquitectura italiana pa- recida a la que producen los de Piranesi.
92 HISTORIA DE LA MEDICINA
Sir Astley Paston Cooper (1768-1841), de Norfolk, discípulo de John Hunter, ha sido el cirujano más popular de Londres durante el primer cuarto del siglo xix. Hijo de un pastor protestante, ha sido algo parecido a Hunter en sus travesuras juveniles, y llegó a ser demostrador de Ana- tomía en el Hospital de St. Thomas a la edad de veintiún años (1788) y cirujano en el Guy's Hospital en iSoo.'Ha sido uno de los artistas de la cirugía del aparato vascular, de la experimental y de la del oído. En 1808 ha ligado, con éxito, la carótida primitiva y la arteria ilíaca externa, por aneurismas, haciendo en 182 1 (i) y 1826 (2), respectivamente, las disec- ciones post-mortem délos casos, y en 1817 llegó a su celebrada hazaña de la ligadura de la aorta abdominal (3). Valentine ha dejado un intere- sante estudio de su intento de ligar la subclavia en 1809 (4). Bell ha hecho igualmente ligaduras experimentales de arterias y de nervios en los pe- rros (5). En 1824 ha efectuado la amputación en la articulación de la ca- dera. Su Memoria a la Royal Society sobre la perforación de la membra- na del tímpano para la sordera, dependiente de la obstrucción de la trom- pa de Eustaquio, en 20 casos (1801) [6], le hizo ganar la Copley Medalla en 1802, y una pequeña operación llevada a cabo en Jorge IV, en 1820, le dio el título de barón. La vida profesional de Cooper era, por tanto, una serie de éxitos, que puede ser apreciada por el número extraordinario de grabados que se han hecho de su retrato. «Ningún cirujano antes de él — dice Bettany — ha estado tan largo tiempo ante los ojos del público.» Aunque su primitiva posición era muy modesta, la fortuna de su mujer le hizo mucho más fácil la vida. Sin embargo de esto, muy pocos médicos habrán trabajado tanto y tan duramente como él. Lía disecado casi todos los días de su vida, incluso cuando viajaba, pagando espléndidamente los cadáveres que necesitaba. De este modo, su experiencia era tal, que una vez, estando delante de la Casa de los Comunes, decía: «No hay nadie, entre todo el gentío de esta plaza, a quien no pudiese disecar, si quisiera hacerlo. , El curso diario de su vida era: levantarse a las seis; disecar hasta las ocho; desayunarse con dos panecillos y té; ver enfermos pobres hasta las nueve; atender a su consulta privada hasta la una; después, cuando le ( orrespondía, pasaba la visita, como médico de guardia, en el Guy's Hos- pital; a las dos, daba lección de Anatomía en él Hospital de St. Thomas; después volvía a la sala de disección con los estudiantes y visitaba u ope-
(1) R ■■/ ■., I ondres, 1836; I, páginas 53-58, 1 lámina.
Ihidrm, páginas 43-52, 2 láminas.
(3) En loa Surgical Essays, de Cooper y [Yavers, I ondres, t8i8; pt. i.a, pági- ; • 1 - 1 3 o . a lámin I New-York Kill, páginas 331-334.
• ,-., Londres, 1836; I, páginas 457 N //,//. //■ , Londres, [801; página! 1 lámina.
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raba a los enfermos de la práctica privada hasta las siete; volvía entonces a comer; dormía unos cuarenta minutos, y volvía de nuevo a levantarse para una posible lección clínica o para otro turno de visitas hasta la me- dia noche. Dictó todo lo que escribió durante su carrera. Leía poco, pero se arreglaba para absorber lo mejor de los conocimientos de su tiempo, y sus libros sobre la hernia (i 804-7), traumatismos de las articulaciones (1822), enfermedades de los testículos (1 830) y anatomía de la glándula timo (1832) serán siempre famosos, así como también el ligamento y la hernia de Cooper y otros epónimos. Cooper ha sido uno de los primeros maestros de Cirugía que han sabido reemplazar las viejas predicaciones teórico-didácticas del pasado por las demostraciones prácticas acerca de los casos clínicos, y uno de sus mayores méritos es el largo número de hábiles e inteligentes jóvenes cirujanos que ha formado por medio de su enseñanza. Personalmente no era nada pedante ni filisteo, sino de «aspec- to cortés, alto y delgado» — la figura alta, elegante y atractiva del retrato de sir Thomas Lawrence — , con su semblante simpático, voz clara y son- risa expresiva, y, a pesar de su temperamento impetuoso y dominante, era idolatrado por los estudiantes, que seguían sus lecciones clínicas en muchedumbres entusiastas. Como operador era sencillo, elegante, rápido, pero no apresurado; perfecto y artista; «todo tranquilidad, todo bondad para los enfermos, y procurando al propio tiempo que nadie se escapase a la observación de sus discípulos». Atribuía sus éxitos profesionales a su uniforme e inagotable cortesía — igual para los pobres que para los ricos — tanto como a su habilidad y a su interés; «pero, por eso, yo no puedo creer que haya hecho nada de más». Pocos hombres han realizado tan completamente la honrada divisa del poeta: «Recibimos todo lo que da- mos», en la posesión de una disposición alegre, varonil y generosa.
Charles Aston Key (1793-1849), de Southwart, uno de los ayudantes de Cooper en Guy's Hospital, ligó, con éxito, la arteria ilíaca externa, para el tratamiento del aneurisma de la femoral, en 1 82 2 (i), y la subclavia, para el aneurisma axilar, en 1 823 (2). También ha ligado la carótida en 1830, y ha ideado algunos procedimientos, como el uso del catéter recto en la litotomía (1824) y el principio de dividir la estrechez por fuera del saco en la hernia estrangulada (1833). Como Cooper, era un rápido y lim- pio operador y un popular maestro, elegante en su traje, pero, a diferen- cia de su jefe, afable, superdictatorial y auto-importante en sus maneras.
Benjamín Travers (1783-1858), de Londres, otro de los discípulos de Cooper, colaboró con él en los valiosos Surgical Essays (1818-19), en los
(1) .Key: Guy's Hosp. Rep., Londres, 1836; I, páginas 68-70.
(2) Med. Chir. Tr., Londres, 1823-27; XIII, páginas 1-11.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
que escribió un notable trabajo acerca de las heridas de las venas. En 1809 ligó, con éxito, la arteria carótida primitiva en un caso de aneurisma por anastomosis en la órbita (i). Ha sido uno de los partidarios de las ideas de Broussais de considerar la irritación constitucional como una causa de enfermedad, especialmente en el sistema nervioso (1 824-34). Su especia- lidad era la Oftalmología, en cuyo campo ha introducido el uso del mer- curio en las iritis no específicas, y ha escrito el mejor tratado sistemático de su tiempo sobre enfermedades de los ojos (1820).
Abraham Collks (1773-1843), de Dublin, profesor de Cirugía en aquella ciudad por espacio de treinta y dos años (i 804- 1 836), era el más sabio cirujano irlan- dés de su época. Ha ligado la arteria subclavia dos veces (1811 al 1 5) [2], y ha sido el primero en Europa que la ha ligado entre los escalenos (1816). Se dice que también ha sido el primero en ligar, con éxito, la innominada (3). Ha escrito tratados de Anatomía quirúrgica (l8l i) y de Cirugía (1844-45); Pero sus obras qui- rúrgicas más importantes son su descripción original de la fractu- ra del extremo inferior del radio (fractura de Colles) [4J y sus / radical Observations on I he \ enereat Disease (1 837), en las que ha es- tablecido la «ley de Colles» relativa a la supuesta inmunidad que adquie- re una madre sana al dar a luz un hijo sifilítico.
Robert Listón (1794-1847), de Escocia, era un graduado de Edimbur- go, que llegó a ser profesor de Clínica quirúrgica en la University College de Londresen 1 834. Como los Bell y Astley Cooper, era un distinguido anatómico, que se consagró a la disección toda su vida, y esto le sirvió para hacerse uno de los más hábiles y brillantes operadores de su tiempo, sobresaliendo en los rasos de urgencia, en los que era llamado por la ra-
Bcnjaniin 1 r.r.
[fed. ( 'Air, //.. Londres, 1 8 1 7 ; II, páginas 1-16.
(2) Colles: Edinb. Med. and Surg. Journ., [815; XI, páginas 1 - 1 5 .
(3) Yo no he podido comprobar la exactitud <l<- esta cita, que he encontrado cd todas las biografías de Colles.
\ Edinb. Med. and Surg. Journ., 1814; X, pá^in.is [82-186.
E L S I G LO XIX 95
pidez de sus decisiones y por la originalidad de sus procedimientos. Ha ideado muchas novedades, como su popular método de amputación por colgajos, su calzado para el pie zambo y sus métodos para reducir luxa- ciones y para partir y triturar los cálculos. Era especialmente afortunado en las operaciones plásticas. En 1 836 ha excindido, con éxito, el maxilar superior, y en 1837 (i) ha descrito su método de Laringoscopia, en cuya especialidad ha sido uno de los más antiguos. Sus obras más importantes son sus Elements of Surgery (1831) y su Practical Surgery (1837), que nan
Robert Listón (1794-1847)
tenido varias ediciones y que contienen cosas de valor permanente, inclu- so en la actualidad. Listón era frecuentemente áspero, rudo y disputador en sus relaciones con el público; pero era siempre bondadoso y caritativo con los pobres, y suave y agradable con los enfermos. Poseía unas fuerzas tan hercúleas, que era capaz de amputar el muslo, con el auxilio de un ayu- dante, al paso que comprimía la arteria con la mano izquierda y daba to- dos los cortes de bisturí y de sierra con la derecha.
James Syme (i 799- 1 870), de Edimburgo, era primo de Listón, con el que estudió la Anatomía en 1 822. Habiendo disputado con su compañe- ro, no pudo pertenecer a la Royal Infirmary hasta 1 833; pero cuando Lis-
(l I\n su Practical Surgery, Londres, 1837; pág. 350.
05
HISTORIA DE LA MEDICINA
ton se trasladó a Londres, en 1S34, le sucedió en su amplia clientela. Los enemigos se reconciliaron pronto, y después de la muerte de Listón, en 1847, Symele sucedió en Londres; pero no conformándose con su posi- ción, volvió de nuevo a Edimburgo. La contribución más importante de Syme a la Cirugía es su obra de amputaciones y de excisiones. En su Ex- cision of Diseased Joints (1831) ha sido el primero en demostrar que la excisión es generalmente preferible a la amputación, y la adopción de este
James Syme;(i799-i87o)
nuevo punto de vista es a él a quien se debe, aunque posteriormente haya sido más extensamente desarrollado por Fergusson. Ha hecho tres suce. siyas excisiones, con éxito, de la articulación del codo en 1828-29 (i). En 8 de septiembre de [842 (2) ha realizado su primer caso afortunado de amputación en la articulación astragalina (amputación de Syme), de la que describe ocho casos en las < bntributions to the Patology ana Practice of Surgery I I 8 \7 ). En [864 publicó su trabajo sobre Excision of the Sca- pula, y en el mismo año excindió, con éxito, una gran parte de la lengua. Trataba los aneurismas ligándolos por encima y por debajo y excindiendo
y me: Edinb. Med. and, Surg. Journ.t 1829; XXXI, páginas 256-266. (2) Lond. and Edinb. Month. Journ. Med. Se, 1843; KI, páginas 93-96.
EL SIGLO X 1 X
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el tumor, habiendo aplicado este método en aneurismas de carótida y de la ilíaca en 1857, Y en 1862 trató, con éxito, un aneurisma de la ilíaca por ligadura de las ilíacas primitiva, interna y externa (i). Syme era un hom- bre genial, afortunado, de carácter igual, que «nunca ha malgastado una palabra, ni una gota de tinta, ni una gota de sangre», y, además, un espí- ritu amplio y liberal, que acogía bien todas las fundadas innovaciones qui- rúrgicas. Ha sido, quizá, con Pirogoff, el primer cirujano europeo que
Sir William Fergusson (1808-77)
adoptó el éter para la anestesia (1847), y en 1 868 fué el primero en aco- ger el método antiséptico del mejor y más célebre de sus discípulos: de su yerno lord Lister.
Sir William Fergusson (1808-77), de Prestonpans (Escocia), ha sido el fundador de la cirugía conservadora, es decir, de la conservación de aque- llas partes del cuerpo que eran innecesariamente sacrificadas por los ciru- janos anteriores. Antes de la época de Fergusson, los huesos desnudados y las articulaciones enfermas o doloridas (aun en las neurosis) eran consi- derados como motivos suficientes para una amputación. Pensaba que era
(1) Proc. Roy. Med. and Chir. Soc, Londres, 1862; IV, páginas 114-116.
Historia de j,a Medicina. — Tomo II
98
HISTORIA DE LA MEDICINA
«una gran cosa poder salvar por la prudencia aunque no fuese más que la extremidad del pulgar». Fergusson era discípulo y prosector de Robert Knox, y pronto llegó a ser cirujano del Real Dispensario de Edimburgo (183 1 ) y de la Enfermería Real (1839); pero la clientela extraordinaria de Syme le obligó a marchar a Londres, donde, después de lentos progresos, llegó por fin a alcanzar la cúspide. Ha sido uno de los primeros, en Esco- cia, en ligar la arteria subclavia, y sus progresos en la substitu- ción de las amputaciones por las resecciones han sido muy rápi- dos. Ha resecado la cabeza del fémur por una enfermedad incu- rable de la cadera (1845); la escá- pula, en lugar de la amputación torácico-interescapular (1847.), y la articulación de la rodilla (i 850). Entre 1828 y 1 864 ha operado 400 casos de labio leporino, con sólo tres fracasos, y 1 34 casos de perforación del paladar, con 129 éxitos. En la litotomía procedía con tal habilidad y sorprendente rapidez, que alguien aconsejaba a un prudente visitador de la clí- nica «estar en acecho, ] urque si usted llega a pestañear ce queda sin ver nada de la opci ación» Además, preparaba ci idadosa- mente hasta el más pequeño de- talle antes de la operación, teniendo que proceder muy silenciosamen- te todo el que viniera de fuera, incluso con el vendaje. Ha escrito un System of Practical Surgery (1 842), y sus Progress of Anatomy and Surgery During the Present ( entury 1 1867) son una obra histórica de per- manente valor. Era un profesor indiferente, y se decía que tenía malas ma- neras en la clínica, pero fascinaba a los enfermos y era adorado por los niños. lira extraordinariamente hábil, un buen violinista e inventor de mu- chos apáralos quirúrgicos, tan experto en carpintería y en obras de metal, que podía nacerse los instrumentos en caso necesario; era entusiasta de la pesca con mosca \ en danzar los bailes escoceses. Se ha hecho notable por su .gran generosidad y hospitalidad para los escritores, autores dra- máticos y estudiantes de Medicina necesitados.
Sir Benjamín Collins Hrodié (1783-18621
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Sir Benjamín Collins Brodie (1783-1862) era hijo de un pastor protes tante de Wiltshire, que descendía de jacobitas desterrados en Inglaterra. Era discípulo de sir Everard Home, profesor en la Great Windmill Street (1805-12), y fué posteriormente cirujano-ayudante y después cirujano en el Hospital de San Jorge (1808-40). Influido profundamente por las ideas de Bichat, se consagró en un principio a la experimentación fisiológica, publicando cuatro trabajos, importantes en su época, sobre la influencia del cerebro en la actividad del corazón (1810) [i], los efectos de algunos venenos vegetales (i 81 1) [2], la influencia del sistema nervioso en la pro- ducción del calor auimal (1812) [3] y sobre la influencia del neumogástri- co en las secreciones del estómago (1814) [4]. En estas investigaciones, las dos primeras de las cuales le hicieron ganar la Copley Medalla (1811), usó como veneno la woorara, que acababa de ser traída de la Guyana. En 1 8 19 publicó su clásico tratado On the Pathology and Surgery of Diseases of the Joints, la más importante de sus obras, describiendo claramente las diferentes afecciones articulares y diferenciando las lesiones locales de las formas nerviosas e histéricas. Era un defensor de la cirugía subcutánea, verificando su primera operación, en un caso de varices venenosas, en 18 14, y realizando múltiples perfeccionamientos en los instrumentos qui- rúrgicos y en la técnica operatoria. Estuvo, reconocidamente, a la cabeza de la profesión médica en Londres por espacio de treinta años, llegando a ascender con frecuencia sus ganancias anuales a más de IO.OOO libras, y en muchos casos a bastante más. No consideraba la intervención operato- ria como lo principal de la Cirugía, y solía decir que «su vocación era más bien curar miembros que quitarlos». Brodie ha estado toda su vida ayu- dado por la influencia de sus amigos y de sus parientes; pero ha sabido desempeñar los puestos elevados, tales como la presidencia del Real Co- legio de Cirujanos, con dignidad y gracia y con aquel género de hábil tac- to y modestia que trata de estimular y desarrollar las ideas ajenas. Parece no haber sido «servil con ninguno, deferencial con nadie», manteniéndose en una posición de amistad y confidencia igualmente con los pobres del hospital y con sus amigos íntimos de Holland House o Windsor Castle. «He oído que está usted enfermo — escribía una vez a uno de los más des- conocidos estudiantes — ; nadie puede encargarse mejor de cuidar a usted que yo; venga usted a mi casa de campo conmigo hasta que esté usted bueno»; haciendo que el estudiante permaneciera con él dos meses.
(1) Brodie: Phil. 7r., 181 1; páginas 36-48.
(2) Ibidem: 181 2; páginas 373-393-
(3) Ibidem: 181 1, páginas 178-208; 1812, páginas 205-227
(4) Ibidem: 181 4, páginas 102-106.
loó
HISTORIA DE LA MEDICINA
Ahora podemos ocuparnos de otros dos cirujanos del grupo escocés:
Lizars y Wardrop.
John Lizars (1783-1860), de Edimburgo, discípulo de John Bell, tue primeramente cirujano naval y después profesor de Cirugía en el Colegio de Cirujanos de su ciudad natal, en l83I- Ha sido uno de los primeros en llevar a cabo la reserción del maxilar inferior; pero se le recuerda mas
James Wardrop (1782-1869)
como compañero de McDowell (su condiscípulo) en la ovariotomía (1825) y por su System of Anatomical ¡Hates (1825), una magnífica serie de lio láminas, en color, de a folio, hechas ante sus propias disecciones.
James Wardrop (1782-1869), de Escocia, graduado en Edimburgo, que Be estableció en Londres en 1809, y a quien se recuerda actualmente por sus En Joyos de anatomía patológica del ojo humano (1808), una obra de real importancia en su .'-poca, y por su método de tratar los aneurismas por medio de la ligadura en el lado distal del tumor; método que había Bido sugerido va por Brasdor en el siglo xvni. Wardrop ha realizado esta operación dos veces, con éxito, en la carótida (1809) [i], y una vez en la subclavia, en un cas., de aneurisma de la innominada (1827) [2]. Un as-
,, xted. Chir. Tr., Londr* , 1825; XIII, páginas 217-236.
(\\ lancet, Londres, [827; XII páginas 47c 601 y 798; «827-28, 1, pág. 408.
EL SIGLO XIX ioi
pecto curioso de Wardrop es que, defendiéndose en el camino de sus pro- pios éxitos, se indispuso con sus compañeros por sus acres e injuriosos artículos en The Lancet, en 1826-27, y por sus famosas Intercepted Let- ters, de 1834, en las que incurría en los insultos más personales, emplean- do los principales nombres de la profesión en Londres como nombres de troncos de caballos.
Otros eminentes cirujanos ingleses del período pre-antiséptico son: William Hey (1 736- 1 8 19), de Leeds, que fué el primero en describir la hernia infantil (1764), la luxación interna de la articulación de la rodilla (1 782-1803) y el fungus nemato- des, e inventó una cómoda sierra para operar las fracturas del cráneo (1803), y cu- yas Practical Observations on Surgery (1803) han alcanzado tres ediciones; Edward Alanson (1 747-1823), de Newton (Lancashire), discípulo de John Hunter, que fué e- primer cirujano científico de Liverpool durante este período, publicando un meril torio tratado de amputaciones (1779) y desplegando un admirable conocimiento profundo en sus consejos a propósito de la limpieza absoluta y de lo apropiada que debe hacerse en los hospitales; Allan Burns (1781-1813), de Glasgow, que escribió un importante libro de anatomía quirúrgica de la cabeza y del cuello (181 1), y fué el primero en describir el proceso falciforme de la fascia lata en relación con la hernia crural; Samuel Cooper, cuyo Diccionario quirúrgico (1809) es la primera obra completa de la materia que se ha publicado, llegando a hacerse de ella ocho ediciones; Joseph Constantine Carpue (1764- 1848), que fué un cultivador de la elec- troterapia (1803) [1], que resucitó el método indio de rinoplastia (1816) y escribió una buena History of the High Operation for Stone (1819); John Flint South (1797 a 1882), el historiador de la antigua cirugía inglesa, que tradujo a Chelius, y cuya obra postuma, History of t lie Cralt of Surgery in England, ha sido editada y publi- cada por D'Arcy Power en 1886; O'Bryen Bellingham (1805-57), cuya obra acerca del tratamiento de los aneurismas por la compresión (1847) ha preservado su nom- bre y su fama en relación con el procedimiento; Thomas Pridgin Teale (1801-68), de Leeds, célebre por su método sobre el tratamiento de la hernia abdominal (1846), su procedimiento de amputación por un colgajo largo y otro corto (1858) y por su intento de aplicar la doctrina de Broussais de la irritación al sistema ner- vioso (1829); sir William Lawrence (1783-1867) y sir William Bowman (1816-92), que han hecho mucho en el adelanto de la oftalmología quirúrgica; sir William Wilde (1815-76), de Castlerea (Irlanda), uno de los artistas de la cirugía del oído (1843-53) y del cerebro (incisión de Wilde) y descubridor también de las ciudades lacustres prehistóricas en los crannogs irlandeses (1839) antes que Keller; William Henry Porter (1 790-1 861), que ha escrito una obra de patología quirúrgica de la laringe y de la tráquea (1826), y John Hilton (1804-78), del Guy's Hospital, cuyo Rest and Pain (1863) es una obra permanentemente clásica en Cirugía. Robert Chcssher (1750 a 183 1), un estimable cirujano de Hunckley (Leicestershire), que alcanzó una gran reputación por su plano doblemente inclinado para el tratamiento de los miem- bros fracturados y por sus aparatos para la debilidad de la columna vertebral y para el masaje de las contracturas. Se le menciona en el Middlemarch, de George Eliot (Mr. Chessher and his irons). Joseph Fox, en su Natural History of the Human Teeth (1803), da las primeras instrucciones fundadas para corregirlas irregularida- des dentarias, habiéndose seguido por espacio de cerca de medio s'glo (Wein- berger).
Entre las operaciones aisladas y los procedimientos operatorios lleva- dos a cabo por los cirujanos ingleses de esta época podemos hacer men- ción de la amputación torácica interescapular (excision del brazo, de la escápula y de la clavícula), que fué llevada a cabo por primera vez por
(1) J. C. Carpue: An introduction to Electricity and Galvanism, Londres, 1803.
io2 HISTORIA DE LA MEDICINA
Ralph Cuming, de la Armada Real, en 1808 (i); la excisión, por Anthony White, de la cabeza del fémur por enfermedad de la cadera (1822) [2]; los primeros casos ingleses de gastronomía (1858-59) [3], por John Cooper Forster (1824-96), del Guy's Hospital; el método de colgajos rectangula- res, corto y largo, por Pridgin Teale (1858); la amputación por colgajo único, de Richard Carden (1864) [4], y cuatro sucesivos casos afortunados de ligadura de la arteria ilíaca externa, por William Goodlad (l8ll) [5], William Stevens (l8i2)[6]John Smith Soden(i8ló) [7]y T.Cole(l8l7)[8]. En el caso de Stevens el enfermo vivió diez años, siendo disecada la parte afecta ocho años más tarde (1830) [9] por sir Richard Owen. La primera ligadura con éxito de la arteria carótida primitiva parece haber sido reali- zada por David Fleming, cirujano de la H. M. S. Tonnant, en octubre de 1803 (IO).
El más distinguido cirujano militar inglés de este período ha sido George James Guthrie (1785-1856), de Londres, que ha servido en Amé- rica y en las guerras napoleónicas. En Waterloo, Guthrie ha realizado con éxito la amputación de la articulación de la cadera (11) y la ligadura de la arteria peroneal (1815) [l2]- Su obra más importante es el Tratado de las he- ridas por arma de fuego de las extremidades que exigen amputación (18 1 5), que hizo época y que alcanzó seis ediciones. Guthrie era también un hábil cirujano oftalmólogo, y dejó dos importantes trabajos sobre la pupila arti- ficial (1823) y sobre la cirugía del ojo (1812). Era el padrastro de Marga- ret Gordon, la de las Reminiscencias, de Carlyle (13).
Dominique-Jean Larrey (1766-1842), el más grande cirujano militar francés de su época; también sirvió en las campañas de Napoleón. Este dejó en su testamento IOO.OOO francos para «Larrey, el hombre más vir- tuoso que he conocido». Larrey ha sido uno de los primeros en realizar la amputación de la cadera (1803) [14], efectuándola dos veces con éxito. Fué cirujano en jefe de la Grande Armée, habiendo tomado parte en
(1) Cuming: Lond. Med. Gaz., 1829-30; V, pág. 273.
(2) White: Lancet, Londres, 1849; I, pág. 324.
(31 Forster: Guy's Hospital Rep., Londres, 1858; 3 8., IV, pág. 13; 1859, V, pág. 1.
(4) Carden: Brit. Med. Journ., 1864; I, páginas 416-421.
(5) Goodlad: Edinb. Med. andSurg. journ„ 181 2; VIII, páginas 32-39.]
(6) Stevens: Med- Chir. 7r., Londres, 1814; V, páginas 422-434.
(7) Soden: Ibidem, 1 8 1 6; VII, páginas 536-540.
(8) Cole: London Mat. Repository, 1820; XIII, páginas 369-375.'
(9) Own: Med.-CIiir. Tr., Londres, 1830; XVI, páginas 219-325.
[lO Fleming: Wed.-Chir. Journ, and Rev., Londres, 1817; III, páginas 1- ,.
(11) Kn sw Treatise on Gunshot Wounds, 2.a ed., Londres, 1820; páginas 332-340.
Guthirie: Med -Chir. 'Ir., Londres, 1 8 1 6; VII, páginas 330-337. Para un ínter* I idio de este asunto, véase Carlyle' s hirst Love, de
R. C. Archibald, Londres, 1910; páginas 53-61.
(14 Larrey: M¿m. de Chir. mi/.. París. 1812; II, páginas 180-195.
EL SIGLO XIX
103
60 batallas y 400 combates. Fué herido tres veces y realizó más de 200 amputaciones en veinticuatro horas en Borodino; fué el inventor de las ponderadas «ambulancias volantes», y durante algún tiempo, profesor en la Escuela de Medicina Militar de Val-de-Gráce, que había sido funda- da en 1796. Fué el inventor de los «primeros auxilios a los heridos», en el ultramoderno sentido de la frase, prestando los auxilios, con sus cente-
Dominique-Jean Larrey (1766-1842)
nares de ambulancias, directamente cuando se empeñaba la batalla, y no después de la misma. Como Ambrosio Paré, era adorado por sus cama- radas del ejército por la bondad de su carácter, por su valor y por sus sen- timientos humanitarios. Lo más interesante de su labor científica se en- cuentra en los cuatro tomos de sus Memorias de cirugía militar (i 8 1 2-17). En una Memoria publicada en El Cairo en 1802 ha sido el primero en se- ñalar la naturaleza contagiosa de la oftalmía egipcíaca o conjuntivitis gra- nulosa.
El más hábil e ilustrado de los cirujanos franceses de este período era Guillaume Dupuytren (1777-1835), que era a la vez un rápido diagnosti- cado^ un operador de una seguridad sin igual, un admirable profesor de clínica y buen fisiólogo y patólogo experimental. F^upuytren salió de la pobreza y supo triunfar en su camino; sin embargo, sus hazañas han sido alguna vez poco tomadas en cuenta, a causa de los defectos de su carácter.
104
HISTORIA DE LA MEDICINA
En 1808 ingresó en el servicio médico del Hotel Dieu, y el 8 de septiem- bre de 1 8 14 era nombrado cirujano en jefe del mismo. Aquí, sus leccio- nes y su extensa práctica le convirtieron pronto en el más importante ci- rujano francés, muriendo millonario y siendo barón del Imperio. Sus clí- nicas se veían llenas de muchedumbres estudiantiles procedentes de todas partes, y supo dejar numerosos y brillantes discípulos. Tenía una práctica
Guillaume Dupuytren (1777-1835)
inmensa: unos IO.OOO enfermos particulares al año, aparte de los del hos- pital, lía sido de los primeros en realizar la resección del maxilar inferior (18 1 2) [ij y en tratar el aneurisma, con éxito, por compresión (l8l8) [2]; también el primero en tratar el torticolis por la resección subcutánea del músculo esterno-mastoideo (1822) [3], y ha realizado múltiples proezas eh la cirugía vascular, talos como la afortunada ligadura de la arteria ilíaca externa (1815) [4] y dos ligaduras de la subclavia (1819-29) [5]. Ha reem-
(1) Dupuytren; Logons orales, París, [839; II, páginas 421-453. (2 Bull. l'ac. d. Mid.de Paris, [818; VI, pág. 242.
Descrito en las Legons orales^ de Dupuytren, [839; III, páginas 455-461, y en el Short Treatise on ■ I ondres, 1823; páginas 01-64. La opera-
dÓE li.i sido repetida por Bouvier (1836) y porj. Guerin (1837).
(4) Report, fén. d \>iat.ct de Physiol. path., París, [826; II, páginas 230-250.
Edinb. 1/..7. andSúí , 1819; XV, pág. 476, y Arch. gen. de Méd.,YA~
.x. páginas 566-573.
EL SIGLO XIX ios
plazado la amputación por la ligadura en los casos de fracturas complica- das con aneurisma (l8l 5) y ha ideado un método original de tratamiento del ano artificial por medio de un enterotomo compresor inventado por él (1828) [i]; pero el título más meritorio de su moderna fama es la labor que ha realizado en el campo de la patología quirúrgica. Sus originales descripciones de la fractura de la extremidad inferior del peroné (fractura de Dupuytren, 1819) [2] de la luxación congenita de la cadera (1826) [3] y de la retracción de los dedos por afección de la aponeurosis palmar, para combatir la cual ha ideado una operación (1832) [4], son sus mayo- res méritos. Ha descrito además las fracturas en los niños (l8ll), la vagi- nitis en las niñas (1827), los aneurismas varicosos (1829) y la subluxación de la muñeca por el radio curvo, conocida más tarde con el nombre de deformidad de Madelung. Sus Memorias relativas a los traumatismos y en- fermedades de los huesos y a otros aspectos de la patología quirúrgica han sido traducidas y reimpresas por la Sydenham Society en 1847 y 1854. Ha dejado también un tratado de las heridas en la guerra (1834), y sus Le gons orales (1839) han sido repetidas veces traducidas. En 1803 ha fundado la Sociedad Anatómica de París y ha dotado el bien conocido Museo Dupuytren, fundado por el español Orfila. Dupuytren era el tipo del hombre que, abrumado por la pobreza en la juventud, y tal vez tam- bién por algún desengaño amoroso juvenil, se hace ambicioso y despóti- co al triunfar. Tenía sangre fría en grado extraordinario, y dominio de sí mismo, incluso en aquellos casos en que el enfermo sucumbía en la mesa de operaciones. Su personalidad era olímpica. En París era considerado como el «amigo de nadie», a causa de que no toleraba rivales y perseguía e intrigaba contra aquellos que, como Dumeril o Velpeau, aspiraban a ser notables, persiguiéndoles, incluso con odio vengativo. Era frío, desdeño- so, poco escrupuloso, dominante y más bien respetado que querido. Percy le ha calificado del primero de los cirujanos y el último de los hombres. Lisfranc le designaba con el título de «el bandido del Hótel-Dieu». Sin embargo, su fama era tan grande, que cuando visitó Italia fué tratado a lo príncipe.
Alexis Boyer (1 757-1833), un discípulo de Desault y cirujano en la Charité has- ta después de la Revolución, ha escrito un tratado de enfermedades de los hue- sos (1803); pero es mejor conocido por su método de enfermedades quirúrgicas (1814-26), voluminosa recopilación de 1 1 volúmenes, definida por Malgaigne como «un sumario de las obras y de las opiniones de la Academia francesa de Cirugía».
(1) Mem. Acad, de Mrd., París, 1828; I, páginas 259-316, 3 láminas.
(2) Ann. med.-ckir. d. hop. de Paris, 1819; I, páginas 1-212.
(3) Repert. gen. d'Anat. et de Physiol, path., París, 1826; II, páginas 82-93.
(4) J.óurn. univ. et hcbd. de Méd. et de Chir. prat., París, 1832; 2 s., V, pá- ginas 348-365.
loo HISTORIA HE 1 A MEDICINA
Boyer. como Hipócrates y Pelpech, ha notado que la caries de la columna verte- bral es producida por U vice se [i).
Jacques Lisfranc i ,"00-1847), cirujano de La Pitié, ha inventado va- nas q ties, en particular su amputación parcial del pie en la articu- lación tarso-metatarsiana (amputación de Lisfranc, i S 1 5) [2], sus métodos de desarticulación del hombro (1815)1 de excisión del recto, de litotomía en la mujer y de amputación del cuello del útero. Era poco admirado por sus asperezas con sus colegas.
Philibert-Joseph Roux (1780-1854), discípulo y amigo de Bichat, fué cirujano en la Chanté en 18 10 y sucedió a Dupuytren en el Hotel Dieu en 1855. Ha sido el primer profesor francés que ha dado un curso defi- nitivo de lecciom ¡s así como un artista de la cirugía plástica, reali- zando su primera estafílorrafia en 1810 (describiéndola con todo detalle en su Memoria de [825) [3] y la primera sutura por desgarro del periné femenino en 1 85 2 (4V
Jacques-Mathieu Dblpbch (1777-1832), de Tolosa, graduado en Mont- pellier en 1801 y profesor de Cirugía de esta Universidad en 1812. Ha el defensor en Francia de la cirugía ortopédica, siendo su principal obra v:s . El O de mayo de 1816 (5) realizó por pri-
mera ve/ la resección subcutánea del tendón de Aquiles como tratamiento
pie ¿ambo, con el fin de evitar la llegada del aire v obtener la cicatri-
>n por primera intención. Esta operación, hecha hasta entonces por el método abierto, fué repetida dos veces más por Stromeyer en [821-22. Delpech -ha sido también uno de los primeros, después de Hipócrates, en afimar que el mal de Pott (caries espinal) es de naturaleza tuberculosa
t6) [ó]. Fundó un vasto Instituto Ortopédico en Montpellier. y una mañana, al dirigirse, como de costumbre, a él en carruaje, fué asesinado sí como su cochero, por un vengativo enfermo, que creía que una operación que le había sido hecha para el varicocele le había dejado inca- paz para el matrimonio.
Alfred-Armand-Louis-Marie Velpbaü, un discípulo de Rretonneau, fué
hijo de un herrero, y habiéndose dedicado en un principio al oficio de su
padre, llegó a ser cirujano del Hospital St. Antoine 182S-30), de 1.a Pitié
la Char y profesor de Clínica quirúrgica de la
rfa v : D pág 40-.
■
II. págin
231 . lámin* io.
París, 181(5
>ihomorph:< F.in's. r8j8; 1. pági-
EL SIGLO XIX
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Facultad de Medicina de París (1834-67). No era un cirujano científico, sino un maestro y un operador duro, fuerte, capaz y trabajador, del que dice Oliver Wendell Holmes: «Una buena cabeza fuerte sobre un par de zuecos de madera es una buena cantidad; mejor que una cabeza de made- ra perteneciendo a un propietario que calza sus pies con zapatos de cha- rol.» Sus principales obras son su Tratado de Anatomía quirúrgica (1823), la primera obra detallada de este género; su Tratado de cirugía operatoria, en tres volúmenes, con atlas (1832), importante por sus datos históricos,
Alfred-Armand-Louis-Marie Velpeau (1795-1867).
y una vez editado en traducción por Valentine Mott (1847), Y su gran Tratado de enfermedades de la mama (1854) [i], la obra más importante de la materia en su época.
Joseph-Francois Malgaigne (i 806-65), el hijo de un oficial de Sanidad, es descrito por Billings como «el más grande historiador y crítico quirúr- gico que el mundo ha visto hasta ahora», y es, con Petrequin, el que me- jor ha escrito sobre la cirugía del período hipocrático. Sirvió en las gue- rras napoleónicas, escribió obras importantes de cirugía operatoria (1834), de cirugía experimental (1838), de fracturas y dislocaciones (1847-55)) y ha publicado la edición auténtica moderna de Ambrosio Paré, con una buena biografía del mismo (1840). El Manuel de Medicine operatoire (1834), de Malgaigne, ha tenido siete ediciones y cinco traducciones, una al árabe.
1) Velpeau: lraité du maladies du sein, París, 1854-
io8
HISTORIA DE LA MEDICINA
En la cirugía práctica su nombre va asociado a los ganchos inventados por él para el tratamiento de la fractura de la rótula; pero es, no obstante, más famoso por sus discursos históricos y críticos, que Billings clasifica «entre los más deliciosos escritos de la literatura quirúrgica».
Auguste Nélaton (1807-73), de París, que, presidiendo con Malgaigne el Hospilal St. Louis, alcanzó el mismo inaccesible rango que había logra-
Joseph-Fran^ois Malgaigne (1806-65).
do Dupuytren en los últimos años de su vida, aunque siendo personal- mente la completa antítesis de su egoísta predecesor. Nélaton era modes- to, tranquilo, amigo útil y generoso eon los desgraciados; en resumen, un perfecto caballero. Inventó una sonda exploradora para las balas (usada por primera vex en Garibaldi) y un útil catéter ilexible de goma (sonda de Nélaton, i86< le i el*tratamiento de los tumores naso-faríngeos. En
Ginecología es lamoso por haber sido el primero que ha descrito el hema- tocele pelviano (retro-uterino) [1851-52] y ha hecho mucho por establecer la ovariotomía en Francia. Su principal obra es sus lilentents de Pathologie chirurgicak (1844-59).
Paul Broca i i 82 l-8o), que fué, su< esivamente, cirujano de St. Antoine, La Pitié, el Hospital de Clínicas y el Hospital Necker, ha sido el funda-
ÉL SIGLO XIX
109
dor de la moderna cirugía del cerebro y también de la moderna escuela francesa de Antropología. En 1 86 1 (i) ha descubierto que el pie de la ter- cera circunvolución frontal izquierda era el centro del lenguaje articulado; un punto que se ha discutido actualmente, pero que, en último término, ha servido indudablemente para trazar el mapa de los diversos centros del cerebro para las operaciones quirúrgicas. Broca ha sido positivamente
Auguste Nélaton (1807-73).
el primero que ha hecho la trepanación para un absceso diagnosticado por su teoría de la localización de la función. En relación con su descubri- miento, ha introducido el término de aphemia o afasia motora (l86l) [2], que ha tenido que sufrir modernamente el criticismo destructor de Pierre Marie. En Antropología, Broca es, con Topinard y Quatrefages, uno de los más ilustres nombres de Francia. Ha sido el fundador de los moder- nos métodos de determinar la proporción de las dimensiones del cerebro por las del cráneo (cráneo metría), y para ello inventó el gancho occipital, un craniógrafo y un goniómetro, y trabajó mucho también para fijar las medidas de los huesos y la clasificación de los colores del pelo y de la piel. Ha presentado su teoría de que las diferentes razas se han producido
(1) Broca: Bull. Soc. dAnthrop. de Paris, 1 86 1 ; II, páginas 235-238, y Bull. Soc. Anat. de París, 1861; XXXVI, páginas 330-398.
(2) Ibiden, pág. 332.
HISTORIA DE LA MEDICINA
de diversas parejas de especies distintas, en su ley de «eugénesis», que sostiene que las diferentes especies del genus Homo son y han sido siem- pre fértiles unas con otras. Esto produce, según los «poligenistas», en úl- timo extremo, la diversidad de lenguas. Broca es también notable por su
aforismo: «Yo prefiero ser un mono transformado, a ser un hijo degenerado de Adán.>
Entre las aisladas contribuciones francesas figuran Ja resección de la quinta y sexta costilla, por Riche- rand 1818); la introducción de la li- totricia, por Leroy d'Etrolles (1822), Civiale (1824) y Heurteloup (1824-31); la excisión, por Béclard, de la paró- tida, en 1823 (1); la resección del maxilar superior, porGensoul (1826); el método de enterorrafia, de Lem- bert (1826) [2]; el catéter capilar, de Maisonneuve (1845) [3J; la introduc- ción, por Sedillot, de la gastronomía, <iue efectuó por vez primera en 13 de noviembre de 1849 (4); la jeringa de Pravaz para inyecciones hipodér- micas (1851) [5], y el método de La- llemand de autoplastia (1856).
Entre los más notables ciruja- nos alemanes de esta época figu- ;i Broca (182 1 ran V incenz von Kern [ 1 760 1 829),
profesor en Yiena (1805-24), que simplificó el tratamiento de las heridas usando vendajes empapados en agua pura 1 propuesto porvez primera por Cesare Alaga ti en 1616) para reemplazar a las pomadas y ungüentos tan en boga; Christian Ludwig Mursinna [744-1823), que fué sucesivamente tejedor, bañero, aprendiz de barbero y cirujano general del ejército prusiano (1 787- 1 809); Conrad Johann Mar- tin Lanobnbeck ( 1776-185 i), profesor de Anatomía y Cirugía en la Uni- 1 rottinga y cirujano general del ejército hannoveriano (1814), .que ideó la operación de la iridocleisis para la pupila artificial (1817) y llegó a alcanzar tal rapidez operando, que se cuenta que hizo una desar- ticulación del hombro en I" que tardó un colega presente en tomar un polvo de rapé; y Max Joseph von Chelius (1794-1876), cuyo Handbuch
ird: Arch. gen. de A/r'd., París, 1824; IV, páginas 60-66. (2) Lembert Reperi. %én. danat. ct phisiol.path., París, i826;II, páginas 100-107,
1 lámina.
(3; Maisnnií' . ■'.>,., París. 1 S45; XX, páginas 70-72.
\ourgy 1849; IX, páginas 366-377.
!/. I omp. re//,/. Arad, d Se, París, 1853; XXXVI, páginas 88-90.
EL SlfxLO XIX
in
der Ckirurgie (1822-23) ha sido el libro fundamental de texto en Alema- nia hasta la mitad de la centuria, y que, según Baas, era «el único profe- sor de Heidelberg que tenía coche*. Los cirujanos alemanes más impor- tantes antes de 1 850 son Dieffenbach, von Graefe el Viejo, Stromeyer el Joven, Langenbeck y Gustav Simon.
Carl Ferdinand yon Grafff (i 7 87- 1 840), de Warsaw, era uno de los
Carl Ferdinand vui
aefe (1787-1840)
cirujanos generales en la lucha por la independencia de Alemania (1813 a 181 5), habiendo sido previamente profesor de Cirugía en la Universi- dad de Berlín en 1 8 10, y conservando esta posición después de la gue- rra. Ha sido el fundador de la cirugía plástica moderna, realizando la ope- ración para la hendidura palatina congenita en 1816 (i). En 1818 practi- ca, al propio tiempo que Bünger, la rinoplastia, y la blefaroplastia, simul- táneamente con Dzondi. En el mismo año ha perfeccionado la técnica de la operación cesárea y ha practicado la primera resección del maxilar in- ferior que se ha realizado en Alemania. Ha sido también el primer ciru- jano alemán que ha ligado la arteria innominada (1822), viviendo su en- fermo sesenta y ocho días (2). Su «rinoplastia» (18 1 8) ha sido la primera
(1) Von Graefe: Journ.f. Chir. und Augenheük., Berlín, 1820; I, páginas 1 y 54, 2 láminas..
(2) T.ondon Med. and Phys. Journ., 1823; XLJX, pág. 475.
hi klSTORIA DÉ LA MEDICINA
intervención en el campo de la formación artificial de la nariz, después de Tagliacozzi (i 575) Y de Carpue (1816).
Johann Friedrich Dieffenbach ( 1 792- 1 847), de Konigsberg, tomó tam- bién parte (como escopetero) en la guerra por la independencia de Ale- mania. Su disertación o tesis de Wurzburgo (1822) sobre la regeneración y la transplantación de los tejidos demostró bien pronto su inclinación
Johann Friedrich Dieffenbach (1792-1S47
hacia la cirugía plástica (i). Fué cirujano en la Charité, de Berlín, en 1829, y en 1 840 sucedió a von Graefe en la cátedra universitaria. En 1 829, si- guiendo las indicaciones de Stromeyer, realizó por primera vez, y con éxito, el tratamiento del estrabismo por sutura de los músculos del ojo (2). Este éxito, sin embargo, le llevó a ensayar el defectuoso procedimiento de la división subcutánea de los músculos linguales para la tartamudez (1841) [3], que produjo muy desagradables resultados en los enfermos; en cambio, obtuvo resultados admirables en las tenotomías, en los injer- tos cutáneos yen la cirugía ortopédica, siendo un cultivador de las trans- limitaciones y de la cirugía experimental en los animales, que había sido
(1) Dieffenbach: Normulln de regeneratio7ie el ¿ra?isf>lantatione , Wurzbur- - S22.
(2) (feber das Sehielen (et< Berlín, 1842.
(3) Me Heilung des Stotierm ■« i- . Berlín, 1841.
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anteriormente ensayada por John Hunter y Giuseppe Baronio (1804) [i]. Ha escrito sobre el tratamiento de las estrecheces uretrales por incisión (1826), sobre la transfusión de la sangre (1828), vendajes (1829), lactan- cia (1832), tratamiento del ano preternatural (1834) Y de la fístula uretral (1836), así como un gran tratado de cirugía operatoria (1845-48) [2]. También ha realizado un atrevido intento de tratar la fístula vésico-vagi- nal por todos los métodos conocidos, y dejó un estudio clásico de los padecimientos transmitidos por la herencia (1845). Era un hombre ge- nial, bondadoso, atractivo y un pro- fesor admirable, que defendió cons- tantemente los más elevados ideales de la profesión. Sostenía que el ci- rujano debe ser un Ulises de múlti- ples recursos, lleno de una facultad inventiva y de solución espontánea para todo aquello que no se encuen- tra en los libros. «Todos los grandes cirujanos — decía él — son o han de- bido ser claros pensadores, y, por tanto, buenos escritores.»
Georg Friedrich Louis Stromeyer (1804-76), de Hannover, profesor de Erlangen, Munich, Freiburg y Kiel, y sucesivamente cirujano general de los ejércitos de Schleswig-Holstein y de Hannover, habiendo sido el padre de la moderna cirugía militar en Alemania. Ha extendido extraor. dinariamente el campo de la cirugía conservadora y de las operaciones subcutáneas y de las articulaciones. Stromeyer ha efectuado su primera resección subcutánea del tendón de Aquiles en 1 83 1 (3), quince años después de Delpech (1816); pero si Delpech era el descubridor, Strome- yer ha sido el que ha desarrollado el asunto. Prácticamente, ha creado la cirugía moderna del sistema locomotor aplicando la tenotomía a todas las deformidades del cuerpo dependientes de defectos musculares. Ha sido uno de los fundadores de la ortopedia en los tiempos modernos. Sus procedimientos han sido llevados a Inglaterra por Little, que ha fundado
Georg Friedrich Louis Stromeyer (1804-76). (Academia de Medicina de New-York.)
(t) O. Baronio: Degli innesti animali, Milán, 1804.
(2) Djeffenbach: Die operative Chirurgie, Leipzig, 1845-48.
(j) Stromeyer: Mag •/. d. ges. Heilk., Berlín, 1833; XXXIX, páginas 195 -21
11 INTO Kl A DI I. A MSDinili.
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1 14
HISTORIA DE LA MEDICINA
el Real Hospital Ortopédico de Londres (1837) y publicado un funda- mental tratado de deformidades (1853). Las Máximas de cirugía militar de Stromeyer (185 5) nan hecho época en la medicina militar alemana. Era, además, poeta y ha escrito una atractiva autobiografía.
Bernard von Langenbeck (1810-87), sobrino de Conrad y sucesor de Dieffenbach en Berlín en 1 847, llegó a ser el más grande cirujano clínico
Bernhard von Langenbeck (1810-87)
y el más notable profesor de su época en Alemania, habiendo enseñado a casi todos los célebres operadores de los tiempos modernos. En l86l ha fundado los Archiv für klinischen Chirurgie (conocidos como Langen- beck 's Archiv) y ha creado la Sociedad Alemana de Cirugía; medios am- bos que han ejercido uña profunda influencia en la Ciencia. Ha ideado 21 operaciones, que han hecho célebre su nombre, siendo las más famosas sus métodos de resección de la articulación tibio-tarsiana, de la de la ro- dilla, cadera, muñeca, codo y hombro; de resección del maxilar inferior y las correspondientes a la cirugía plástica del labio, del paladar y de la ro- dilla.
Gustav Simon [824-76), de Damstadt, profesor en Rostock (1861) y
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en Heidelberg (1867), era un operador altamente original y autor de ad- mirables monografías acerca del tratamiento de la fístula vésico-vaginal (1854), de la excisión del bazo (1857) t1]* de la cirugía plástica (1868) [2] y de la del riñon (1871-76) [3]. Ha sido el primer cirujano de Europa que ha efectuado la nefrectomía (1869) [4]; pero perdió a su segundo enfermo a consecuencia de una sepsis producida a los veintiún días de la opera- ción por una exploración digital. Un resultado igualmente fatal en el caso
Gustav Simón (1824-76;
de Bruns, en 1 8/ 8, hizo abandonar la nefrectomía hasta que la antisepsia estuvo perfectamente establecida.
Albrecht Theodor von Middeldorpf (1824-68), de Breslau, llevó a cabo las primeras operaciones por fístula gástrica (1859) y tumor esofági- co, siendo partidario del uso del galvanocauterio (1854) y realizando im- portantes trabajos respecto de fracturas y luxaciones.
El más grande de los operadores de Rusia, y uno de los más hábiles cirujanos militares de todos los tiempos, ha sido Nikolai Ivanovich Piro-
(1) Simon: Die Extirpation der Milz am Menschen, Giesscn, 1857.
(2) Beitráge zur plastischen Chirurgie, Praga, 1868.
(3) Chirurgie der Nieren, Erlangen, 1871-76.
(4; neutscke Klinik, Berlín, 1870; XXII, pág. 137.
lió
HISTORIA DE LA MEDICINA
goff (1 810-81), que, como Paré y Hunter, ha realizado una notable carre- ra de autodesenvolvimiento. Graduado en 1 832, estudió por espacio de dos años en Berlín y en Gottinga, donde quedó disgustado por la poca importancia que se prestaba a la Anatomía. Langenbeck era, en su opi- nión, el único hombre que estaba bien informado del asunto. Vuelto a Ru- sia, enseñó en Dorpat por espacio de cinco años, y en 184O fué nombra- do profesor de Cirugía en la Academia Médico-quirúrgica de San Peters-
burgo. En los cuarenta y cinco años de vida activa allí, ha intro- ducido muy importantes reformas, entre otras la enseñanza, por vez primera en Rusia, de la anatomía topográfica aplicada, para la cual invitó finalmente al discípulo de Hyrtl, Gruber, de Viena. Pía lle- vado a cabo II.OCO autopsias, en- tre ellas 800 de las víctimas del cólera de 1 848. Realizó una gran cantidad de cirugía militar, sirvien- do en las campañas del Cáucaso (1847) y de Crimea (1854), hacien- do también estudios acerca de la guerra franco-prusiana y dé la tur- co-rusa. Prestó servicio por espacio de catorce meses en Sebastopol y en sus alrededores, y en las trin- cheras y tiendas de campaña fué testigo de todos los horrores de la piemia, déla gangrena hospitalaria, de la erisipela y del edema purulento. Esto le llevó a violentas discusiones con las autoridades gubernamentales por sus agudas críticas de lo mal atendido que estaba todo en la campaña y por sus intentos de segregación y otros perfeccionamientos, viéndose obligado a abandonar su cátedra.
Auxiliado por la gran duquesa Helena Pavlovna, introdujo la asis- tencia femenina para los heridos de Crimea, y toda su vida ha sido un ferviente defensor de la libertad y de la educación superior para la mujer. En 1847 empleaba ya el éter en la anestesia quirúrgica (i). Consagró los últimos días de su vida al estudio y perfeccionamiento de la educación médica en su país natal, por lo cual se vio nuevamente sujeto a las amar-
Nikolai Ivanovich PirogolT (1810-81)
(1) Pirogoff: Recherches pratiques et physiologiques sur /'r///rr/sat¿ou,S<in Peters- burgo, 1K47.
EL SIGLO XIX 117
guras de la enemistad y de la persecución por parte de las autoridades oficiales y militares. Pirogoff es, según el modo de pensar de los rusos ilustrados, la figura más importante en su historia médica. Es notable por su método de completa amputación osteoplástica del pie (1854) [ij, por su gran atlas de 220 láminas (1851-54) [2], en el cual se han utilizado por primera vez, y en gran escala, los cortes congelados para las ilustraciones anatómicas (3), y por su tratado de cirugía militar (1864) [4], en el cual
Philip Syng Physick (1768-1837)
hace a los granóles hospitales responsables de la aparición de las enferme- dades epidémicas, recomendando la construcción de pequeños pabellones, como barracas, por ser ésta la enseñanza que había deducido de la guerra de Crimea. En rapidez, destreza y firmeza de mano, Pirogoff era, como operador, comparable a esos otros eslavos, virtuosos de la música, cuya ejecución es el asombro de todos los tiempos. Los retratos conocidos de este gran cirujano en su vejez nos lo representan como un hombre de
(1) Voyenno Med. Journ., San Petersburgo, 1854; LXIII, 2 sect, páginas 83-100.
(2) Anatome topographica seciiouibus per corpus humanum congelatum tríplice di- rectione ductis illicstrata, San Petersburgo, 1851-54.
(3) Las secciones congeladas en Anatomía fueron primeramente empleadas por Pieter de Riemer (1760- 1831) en sus Afbeeldingen (La Haya, 1818).
(4) Pirogoff: Grundzüge der aLlgemeinen Kriegscki'rurgze, Leipzig, 1864.
u8 HISTORIA DE LA MEDICINA
frente dilatada, fisonomía seria y aspecto venerable, muy semejante a otros dos grandes rusos: a Turgenieff y Glinka. En relación con su país se le puede aplicar también aquel exquisito tributo que Henry James pa- gaba a Turgenieff: «Su generosa naturaleza estaba llena del amor a la jus- ticia; pero, además, estaba hecho con aquella materia con que se fabrican las glorias.»
La cirucía americana en el período pre-listeriano se distingue princi- palmente por el gran número de operaciones atrevidas en los sistemas óseo y vascular, por la fundación de la moderna ginecología operatoria, por la obra de McDowell y Sims, y por la definitiva creación de la anes- tesia quirúrgica. Sus principales representantes en este período son Phy- sick, los dos Warren, Post, Mott, Gibson, los dos Smith, Willard Parker, McDovell y Sims.
Philip Syng Physick (1768-1837), de Filadelfia, uno de los discípulos de John Hunter, y llamado por algunos el padre de la cirugía americana, se graduó en Edimburgo en 1 792 y fué cirujano del Hospital de Pensilva- nia en 1794 y profesor de Cirugía en la Universidad de Pensilvania (1805 a 18). No ha escrito nada importante, estando conservada toda su ense- ñanza en el tratado de Cirugía de su sobrino John Syng Dorsey (18 1 3).
Es famoso principalmente como inventor de algunos procedimientos impor- tantes en su época, tales como la creación de material absorbible (de cabrito y ante) para suturas y ligaduras (18 16) [1], el empleo del sedal en las fracturas no con- solidadas (1822) [2], un método operatorio para el ano artificial (1826) [3], la defen- sa del reposo en el tratamiento de las afecciones de la articulación de la cadera (1830) [4] y la invención del tonsilotomo (1828) [5]. Su modificación del vendaje de Desault para la fractura del fémur sigue usándose en la actualidad. Parece haber sido el primero en describir los divertículos del recto (1836) [6], así como en verifi- car en América el lavado del estómago, en los casos de envenenamiento, con una jeringa y un tubo (1802) [7].
Jonh Warren (1753-1815)» de Roxbury (Massachusetts), prestó seña- lados servicios de armas durante la revolución y fué el fundador y pri- mer profesor de la cátedra de Anatomía y Cirugía en la Harvard Medical School (1783). Ha sido el séptimo presidente de la Sociedad Médica de •Massachusetts, en cuyo cargo siguió hasta el momento de su muerte (1804-15). Ha realizado la amputación de la articulación del hombro
(1) Physick: Eclect. Repertory, Filadelfia, 18 16; VI, página 389.
(2) /'hilad. Journ. Wed. and Phys. Se, 1882; V, páginas 11 6- 118.
(3) Ibidem, 1826; XIII, páginas 199-202.
4 Am, Journ. Mcd. Se. Filadelfia, 1830; VII, páginas 299-308, una lámina.
(5) Ihidcm, 1828; II, página 116.
(6) Am. Cycl. Pract. Mcd. and Sur g., Filadelfin, 1836; II, páginas 123-126.
(7) Eclect. Repertory, Filadelfia, [812-13; lili páginas 111 y 381. — Matthews: Med Recorder, Filadelfia, 1826; IX, páginas 825-827. Physick ha reconocido la prio- ridad de Monro secundas en la invención de un instrumento análogo (1767).
EL SIGLO XIX n9
en 1781 (i) y la excisión de la parótida en 1804 (2). Su hijo, John Collins Warren (i 778- 1 8 56), de Boston, era discípulo de Astley Cooper y de Dupuytren y sucedió a su padre en la cátedra en f8l 5- Ha sido muy há- bil en la resección de huesos y de articulaciones, efectuando la del hiodes en 1804 y la de la articulación del codo en 1 834; ha ideado la operación de la estafilorrafia para la fisura del paladar blando en 1 828 (3) y ha sido el primero de su región en operar la hernia estrangulada. Ha sido el fundador del Hospital general de Massachusetts (181 1) y del Warren Mu- seum, y en la práctica ha introducido la anestesia quirúrgica por el éter (1847). Su principal obra es sus Surgical. Observations on Tu- mors (1837).
Natham Smith ( 1 762- 1 829), de Rehoboth (Massachusetts), médico graduado en Harvard (1790), habiendo estudiado además en las escuelas escocesas e inglesas, comenzando a practicar en Cornish, N. H., y llegan- do a ser, en 1 798, profesor en el Darmouth College, desempeñando, como dice O. W. Holmes; no una cátedra, «sino una serie de cátedras», a sa- ber: Anatomía, Cirugía, Química y Práctica.
Por espacio de catorce años había estado trabajando Smith en la formación de la Darmouth School, cuando, en 1821, se le pidió que fuese a establecer el depar- tamento médico de Yale, con la misma multiplicidad de deberes. Una vez cumplido esto, venciendo múltiples obstáculos, tuvo que realizar una función análoga para el Bowdoin College (1820), y más tarde, para la Universidad de Vermont. Ha sido más bien un gran organizador y un maestro que un escritor de Medicina; pero su estu- dio de la fiebre tifoidea ('824) y sus observaciones acerca de la necrosis (1827) son dignas de recordarse siempre. Hábil y afortunado operador, especialmente en la litotomía, ha llevado a cabo la segunda ovariotomía en los Estados Unidos (25 de julio de 1821), la amputación de la articulación de la rodilla (1825) y ha hecho la primera estafilorrafia.
Wright Post (t 766- 1 822), de Long Island (New- York), ha sido el pri- mero en América que ha ligado, con éxito, la arteria femoral (por un aneurisma de la poplítea), siguiendo el método de John Hunter (1796) [4], y el segundo en ligar la ilíaca externa, también con éxito (1814) [5], ha-, hiendo sido precedido por Dorsey en 1811 (6). Post ha sido igual- mente el primer cirujano que ha ligado con éxito la carótida primitiva en su continuidad (18 1 3) [7], una operación que ha vuelto a repetir con for-
(1) Warren: Boston Med. and Sur g. Journ., 1839; XX, pág. 210.
(2) En J. C. Warren: Surgical observations on tumors, Boston, 1837; pági- na 287.
(3) Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1828; III, páginas 1-3, una lámina.
(4) Post: Am. M*,d. and Phil. Register, New-York, 1814; IV, página 452.
(5) Post: Ibidem, 181 3-14; IV, páginas 443-453. También en: Med, Repository, New-York, 181 5; n. s., II, páginas 196-199.
(6) Dorsey: hlclect. Repertory, Filadelfia, 1811; II, páginas 111-115.
(7) Post: Am. Med. and Pit. Register, New-York, 18 14; IV, páginas 366-377.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
tuna en 1816 (i), ligando asimismo, y con fortuna, la subclavia por fuera de los escalenos en 18 17 (2). _
Valentine Mott (1785-1865), de Long Island, ha sido diputo de Astley Cooper y, como su maestro, un gran cultivador de la cirugía vas- cular La arteria innonimada fué ligada por vez primera en la historia de
Valentine Mott (1785-1865)
la Cirugía por Mott en 1818 (3), siendo la primera operación afortunada •la de Smith, de Nueva Orleans, en 1864. En favor de la fama de Mott hay que señalar la notable serie de afortunadas ligaduras de la arter.a .haca primitiva en su origen (1827) [4]i 'le la carótida, para un aneurisma de la subclavia (182^(5]; de la carótida, para un aneurisma anastomose en
1 !•,, ,: Mal. Reposa,,,,, New-York, 1817; »■ s-, ni; PHin**12-
. Post Ir PhjS. Mr! Soc, NYw-York, ,S,7; I, páginas .&VVH-
3 Mott M.andSurg. Register, New-York .8.8; 1. paginas o-S<
4 PMlad. Jcum. Med. and Phys. Se, .827; XIV, páginas 76-.81
- i„, /.,.„-„ , FUadclfia, 1889; V, página 297. 1830, VI,
página 532.
EL SIGLO XIX 121
un niño de tres meses (1829) [i]; déla ilíaca externa, para un aneurisma de la femoral ( 1 8 3 1 ) ; de lá subclavia derecha, por dentro de los escalenos (1833) [2]; de ambas carótidas simultáneamente (1833) [3]> y la ilíaca interna derecha (1837) [4]- «Prescindiendo de la arteria innominada — dice Billings — , Mott ha ligado la subclavia ocho veces; la carótida primitiva, 51 veces; la carótida, dos veces; la ilíaca primitiva, una vez; la ilíaca ex- terna, seis veces; la ilíaca interna, dos veces; la femoral, 57 veces, y la poplítea, 10 veces. En total, 138 ligaduras de los grandes vasos, por aneu- rismas.» Mott era, además, un audaz y afortunado operador de los huesos y de las articulaciones. Ha resecado el lado derecho del maxilar inferiori después de haber ligado la carótida, en 1 82 1 (5); ha amputado, con éxi- to, la articulación de la cadera en 1 824 (6); excindido la clavícula izquier- da por osteosarcoma, en 1 828 (7), y extirpado un gran tumor de las fosas nasales, dividiendo los huesos nasales y maxilares (1841) [8].
En relación con la labor de Post y de Mott hay que mencionar ahora algunas otras antiguas operaciones efectuadas por los cirujanos americanos en este campo. La arteria carótida primitiva ha sido ligada, con éxito, por hemorragia primaria, por Mason Fitch Cogswell (1 761-1830), de Connecticut, en 1803 (9), y por hemorra- gia secundaria, por Amos Twitchell (1 781 -1850), de New-Hampshire, en 1807 (10), ocho meses antes que el caso de sir Astley Cooper. Ambas carótidas primitivas han sido ligadas, con éxito en la continuidad, con menos de un mes de intervalo, por Georg Macgill, de Maryland, en 1823 (11), siendo seguido por Reuben D. Mus- sey, en 1827, y Mott, en 1833. Las carótidas primitiva e interna han sido ligadas si- multáneamente por primera vez por Gurdon Buck (1807-77), de la ciudad de New- York en 1848 (12); y John Murray Carnochan (1817-87), de Savannah (Georgia) ha li- gado, por elefantiasis, las carótidas en ambos lados, en 1867 (13). Carnochan ha sido el primero también que ha extirpado, por una neuralgia facial, el nervio maxilar superior (incluyendo el ganglio de Meckel) en 1858 (14). John Kearny Rodgers (1793 a 1851), de la ciudad de New-York, discípulo de Wright Post, ha sido el primero en ligar, por aneurisma, la arteria subclavia izquierda por dentro de los escalenos (1845) [15], pero con fatal resultado; el primer caso afortunado ha sido el del profe- sor W. S. Halsted, de Johns Hopkins, en 1892 (16). William Gibson (1788-1868), de
(1) Amer. Journ. Mea. Sc, Filadelfia, 1829; V, página 255; 1830, VII, pág. 271.
(2) Ibidem, 1831; VIII, páginas 393-397-
(3) Ibidem, 1833; XII, página 354.
(4) Ibidem, 1837; XX, páginas 13-15.
(5) New-York Med. and Phys. Journ., 1822; I, página 385.
(6) Phil ad Journ. Med. and Phys. Sc, 1827; XIV, páginas 1 01 -104.
(7) Mott: Amer. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1828; III, páginas 100-108.
(8) Ibidem, 1842, n. s.; Ill, página 257; 1843, V, pág. 87.
(9) Cogswell: New Engl. Journ. Med. and Surg., Boston, 1824; XIII, páginas 357 a 360.
(10) Twitchell: New Engl. Quari. Journ. Med. and Surg., Boston, 1842-43; I, pá- ginas 188-193. (n) \ "Macgill: New-York Med. and Phys. Journ., 1825; IV, pág. 576. (12) Buck: New-York Med. Times, 1855-56; V, páginas 37-42. ('3) ííCarnochan: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1867; n. s„ LIV, páginas 109-1 15.
(14) Ibidem, 1858, n. s.; XXXV, páginas 134-143.
(15) Rodgers: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1846; n.'s., IX, pág. 541.
(16) Halsted: Johns Hopkins ilosp. Bull., Baltimore, 1892; III, pág. 93.
122
HISTORIA DE LA MEDICINA
Baltimore (Maryland), ha sido el primer cirujano americano que ha gado la arte- ria ilíaca primitiva (1812^ [1]. En el laño anterior, John Sing Dorsey J1783-1818) , na aado con éxito, la ilíaca externa (2), siendo seguido por Post (1814), Horacio Ga- ¿ Tameson (1821) [3] y Edward Peace (1841) [4 La ilíaca interna ha sido ligada conato por S.Pomerov White en 1827(5); la femoral, por Henry M. Onderdonk <i8m)Í61 David L. Rogers (1824) y Camochan (1851); la arteria glútea, por John R Davidae de Baltimore, v George McClellan, de Filadelfia; la aorta, por primera v¿zdes^ por Hunter McGuire, en 1868 (7). Añadiremos
que Gu?don Buck (1807-77), de New-York, ha ligado, con éxito, las Remójales Pro- funda v externa y la arteria ilíaca primitiva, en un caso de aneurisma de la femo- ral en 18; 8 (8): Willard Parker (1800-84), de Francistown (New-York), ha ligado la subclavia izquierda por dentro de los escalenos, juntamente con la carótida primi- tiva v las arterias vertebrales, en un caso de aneurisma de la subclavia, en 1864 (9) d enfermo murió cuarenta y dos días después de la operación], y Andrew Woods fcmvth (1833), de Nueva Orleans, ligó por primera vez, con éxito, la arteria innomi- nada juntamente con la carótida primitiva, y subsiguientemente la arteria verte- bral derecha, en un caso de aneurisma de la subclavia, en 1864 (10), presentando su enfermo vivo en 1869; la pieza anatómica se encuentra actualmente en el Museo de Sanidad Militar de los Estados Unidos.
De las antiguas operaciones en los huesos y en las articulaciones mencionare- mos la primera amputación, en los Estados Unidos, de la articulación de la cade- ranor Walter Brashear (1776-1860), de Maryland, en 1806 1 1); la excision parcial y ^^SSZS^^porVim^Hci^ Deadrick (1773-1858), de Win- chester Va en 1810 (12); el primer éxito de resección de la clavicula ha sido el de Charles McCreav (1785- 826), de Kentucky, en 1813 (13); la excision del maxilar su- nño^HnlüoGltes Jameson (1788-1855), de York, Pa., en 1820 r,4): ; la afortu- nada amputación en la articulación del codo, por James Mann, del ejército de los EstadoTÜnidos en 1821 (15); una excisión de la quinta y sexta costillas, con una porción del pulmón gangrenado, por Milton Antony (1789-1839), de ; G .org 1a O821) [16]; la excisión casi total de ambos maxilares superiores, por David L. Ro- gers de New-York, en 1824 (17V, la amputación de la articulación de la rodilla, poi Nathan Smith ,1762-1829), de Massachusetts, en 1824 (18); la osteotomía por anab- iosis de la articulación de la cadera, por John Rhea Barton (1794-1871), de Lancas
(I)
Gibson: Am. Med. Recorder, Filadelña, 1820; III, páginas 185-193. dos
láminas.
(7) a 419-
Dorsev Eclect. Repertory, Filadelña, 1811; H, páginas 1 1 1-1 15.
Tameson: Am. Med. Recorder, Filadelña, 1822; V, paginas 1 18-124. 1 Peace- Med. Exam., Filadelña, 1842; n. s., I, páginas 225-228. c Withe: Am. Journ. Med. Se, Filadelña, 1827; I, paginas 304-306. 6 Onderdonk: Am. Med. and Phil. Register, New-York, 1814; IV, f>ág- 176.
Hunteí McGuire: Am. Journ.Med. ¿V., Filadelña, 1868; n. s., LVI,páginas4i5
(2)
til
4
(8) Buck: A W > ork Mcd. Journ., 1 858; 3 s., V, páginas 305-3 ■ \ 9 Parker Am. Journ. Wed.Sc Filadelfia, 1864; n. s., XLVII, pág. 562. - /,n Smvth- Am Journ Med. Se, Filadelfia, 1866; n. s., LII, paginas 280-282. ¿0)J . *ta ti enfermo dvo), Nev-Orleans Journ Med 1869 XXII, páginas 464-469: Repetida porj. Lewtas, del Murdan Hospital Punjab. (Brtt. Med. Journ.,
!fSÍf»2S£5 P7K ¡£¡Lh Med. sor., ,852, Franckfort, .853; ü, pág. 265.
I2 Deadrick: \m.Med. Éecorder, Filadelfia, 1823; VI, pág. 516. . (l' McCreary: Tr. Kentucky Ved. Sor., 1852; Francfort, 1853; H. pág. 276. ■f^j [¡n of Am. Med. Recorder, Filadelfia, 182 1; IV, paginas 221-230, una
lám/5a* Mann- Wed /?^<wtory, New-York, [822; n. s., Vn, páginas 17-19.
Xntonv. rinlad. Journ. Ved. and PhyS. Se, .823; Vf, páginas 108-, «7, una
;' Rocer Ve»- York Med. and Phys. Journ., 1824; III, páginas 301-303- Smith Am Wed Rev. and. Journ., Filadelfia, 1825; II. pág. 370.
•:
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ter, Pa., en 1826 (1); el alambrado, con éxito, de una fractura no consolidada del húmero, en 1827 ^2), por J. K. Rodgers (1793-1851), de la ciudad de New- York; la excisión del cóxix, por Josiah Clark Nott (1804-73), de Columbia, S. C, en 1832 (3); la excisión de la articulación del codo, por John Collins Warren (1778-1856), de Massachusetts, en 1834 (4); la amputación torácico-interescapular, por Dixi Cros- by (1801-73), de New-Hampshire en 1831-37 (5); en dos tiempos, por Reuben Di- mond Mussey (1818-82), de New-Hampshire, en 1831-37 (6); la excisión del pro- ceso olecraniano, por Gardon Buck (1807-77), de la ciudad de New- York, en 1842 (7); la operación de Fergusson para la hendidura del paladar duro y blando, por Jonathan Mason Warren (181 1-67), de Boston, en 1842 (8); la amputación, por S. D. Gross, de la articulación tibio-tarsiana, en 185 1 (9); la excisión, por Bigelow, de la articulación de la cadera, en 1852 (10); la del cubito (1853) [n]; la del radio (1854) [12]; la del calcáneo (1857) [13], por John Murray Camochan (1817-87), de Sa- vannah, Ga., y la resección de Sayre de la cadera por anquilosis (1855) [14]. En 1836 Paul Fitzsimmons Eve (1806-77), de Georgia, extirpó un gran pólipo fibroso de la base del cráneo (15), y en 1850, William Detmold (1808-94) abrió el seno lateral de la duramadre por un absceso (16), el informe de cuya operación es tratado por Vir- chow con desdeñoso escepticismo. Los tres casos de Camochan de resección del trigémino por neuralgia (1858) [17] han sido seguidos por el ingenioso y afortunado método de Joseph Pancoast (1805-82), de New-Jersey, en 1872 (18), que ha sido tam- bién el primero en efectuar con éxito una operación plástica para la extrofia de la vejiga en febrero de 1858 (19). Esta operación fué aplicada, con éxito, a la vejiga fe- menina por Daniel Ayres, de Brooklyn (New- York), en noviembre de 1858 (20). La cistotomía por inflamación y rotura de la vejiga ha S'do aplicada por vez primera en 1846-54 (21), por Willard Parker (1800- 1884), de Francistown (New-York), que ha sido también el primero, después de Hancock, de Londres (1848), en operar la apendicitis (1864) [22] y que ha ligado cinco veces la arteria subclavia. En litotomía, Benjamín Winslow Dudley (1785- 1870) era especialmente afortunado, habiendo rea-
(1) Barton: North Amer. Med. and Surg. Journ., 1826; III, páginas 279-292 y 400, una lámina.
(2) Rodgers: New- York Med. and Phys. Journ., 1827; VI, páginas 521-523.
(3) Nott: New-Orleans Med. Journ., 1844-45; I, páginas 58-60.
(4) J. C. Warren: En la obra de Hodges (J. M.); Excision of Joints, Boston, 1861; pág. 69.
(5) Crosby: Med. Record., New-York, 1875; X, páginas 753-755 (Crosby ha sido precedido por el ingeniero inglés Ralph Cuming en 1808).
(6) Mussey: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1837; XXI, páginas 390-394.
(7) Buck. Ibidem, 1843, n. s., V, páginas 297-301.
(8) J. M. Warren: New Engl. Quart. Journ. Med. \and Surg., Boston, 1842-43; I, páginas 538-547-
(9) Gros, citado en la pág. 457 del Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1876; n. s., LXXI.
(10) Bigelow: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1852; XXIV, pág.90.
(11) Camochan: Am. Med. Monthly, New- York, 1854; I, páginas 180-188.
(12) Camochan: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1858; n. s., XXXV, páginas 363 a 370.
(13) Camochan: Am. Med. Gaz., New-York, 1857; VIII, páginas 321-323.
(14) T. Sayre: New-York Journ. Med., 1855; n. s., XIV, páginas 70-82.
(15) Eve: South. Med. and. Surg. Journ., Augusta, 1836-37; I, páginas 78-80.
(16) Detmold: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1850; XIX, páginas 86-95.
(17) Camochan: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1858; n. s., XXXV, páginas 134 a 143-
(18) Pancoast: Philad. Med. Times, 1871-72; II, páginas 285-287.
(19) Pancoast: North Am. Med.-Chir. Rev., Filadelfia, 1859; III, pág. 710 (el enfer- mo operado fué presentado por S. D. Gross).
(20) Ayres: Am. Med. Gaz., New-York, 1859; X, páginas 81-89, dos láminas.
(2 1) Parker: New-York Journ. Med., 1 8 5 1 ; n. s., VIP- páginas 83-86, y Tr. Med. Soe, New- York, 1867; páginas 345-349.
(22) Parker: Med. Ree, New-York, 1867; Ií, páginas 25-27.
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lizado la operación 225 veces, con escasísima mortalidad. Además de Dudley, se dice que Physick había realizado más litotomías que ningún otro cirujano america- no,y su extracción de más de un millar de cálculos del jefe de Justicia Marshall cons- tituye un famoso caso antiguo. El riñon ha sido primeramente extirpado (antes que porGustav Simon) por Erastus Bradley Wolcott (1804-80), de Benton (New- York), en 1 86 1 (1). John Stongh Bobbs (1809-70), de Pensylvania, y descendiente de ale- manes, ha sido el primero que ha efectuado la colecistotomía por cálculos biliares (1868) [2, en cuya operación fué seguido por Marion Sims (1878) [3]. Entre los pro- cedimientos especiales inventados por los cirujanos americanos de este período figura el de Natham Smith para tratar las necrosis de los huesos por medio de la trepanación (1827) [4]; el tratamiento, con éxito, de los aneurismas por medio de la compresión digital, aplicado por Jonathan Knight en 1847 (5); el método de re- ducir las luxaciones por medio de manipulaciones, sin pesos ni poleas, introduci- do por William R. Reid, de Rochester (New- York), en su clásico trabajo de 1851-55 (6), basándose en sus disecciones y experimentos; el tratamiento délas fracturas del fémur, por Nathan Ryno Smith, por su vendaje anterior (i860) [7] y por el aparato de pesos y poleas de Gurdon Buck (extensión de Buck, 1861) [8).
La guerra civil en los Estados Unidos (1861-65) produjo la notable Medical and Surgical History of the War of the Rebellion (1870-88), por Joseph Janvier Wood- ward, Charles Smart, George A. Otis y David L. Huntington, una espléndida colec- ción de historias clínicas y de referencias patológicas, embellecida con hermosas láminas, y, además, una obra que es única en los anales de la medicina militar. Ha sido objeto de entusiastas elogios por Wirchow (9). Otra importante obra quirúrgi- ca que se ha producido por la guerra es el estudio de las Gunshot Wounds and Other Injuries of Nerves (1864% por S. Weir Mitchell, George R. Morechouse y William W Keen, que habían actuado como cirujanos militares en el Turner's Lane Hospi- tal, de Filadelfia. Este libro es el primer estudio completo de las neurosis traumá- ticas, introduciendo el uso del masaje en estos casos, y ha sido el punto de partida de la subsiguiente obra de Mitchell sobre neuritis ascendente, neurastenia traumá- tica y fenómenos psíquicos que aparecen en aquellos que han sufrido una ampu- tación (10).
La única amputación, con éxito, en la articulación de la cadera, durante la gue- rra civil, fué efectuada en un caso de herida por arma de fuego (11).
La primitiva historia de la introducción de la anestesia por el éter en América ha sido objeto de acaloradas controversias; pero los principales hechos pueden resumirse brevemente del modo siguiente: El uso de las drogas soporíferas de Dioscórides y de la esponja de los salernitanos era desconocido de Ambrosio Paré, y murió en el siglo xvn; pero era algunas veces costumbre entre los cirujanos de los primeros tiempos del siglo xix el intoxicar a los enfermos con alcohol u opio en aquellos casos que exi- gían una completa resolución muscular, como la reducción de luxaciones, ja ligadura de grandes arterias y la operación de la hernia. El hipnotismo
1 Wolcott Med.andSurg. Heporter, Filadelfia, 1861-62; VII, pág. 126.
Bobbs: Ir. Med. So'c, Indiana, 1868: páginas 68-73. 3) Sims: Richmond and Louisville Med. Journ., 1878; XXVI, páginas 1-21.
(4) N. Smith: Philod, Month, [four//. Mr,/., 1827; 1, páginas 11 y 66.
Knight Hoston Med. and kurg. Journ., 1S48; XXXVIII, páginas 293-296. (6) Reid: Buffalo Med, Journ., 1851-52; VII, páginas 129-143. {-]) Smith: vfaryl. and Virg. \fed. and Surg. Journ. , i860; XIV, páginas 1 y 171 í8) Buck: Bull. New-York Acad. Med., 1680-62; I. páginas 181-188. >, Wirchow: Die Fortschritte der Kriegsheükimde, Berlin, 1874; página 7.
Mii« hell: Injur lex to Nerves and their Consequences, Filadelfia, 1872. 11 . Geti r.i/'.s Office [Cir< alar num. 7;, Washington, 1867.
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se ha empleado igualmente, y hasta la sugestión, de la cual recomienda Dupuytren usar provocando un conveniente desmayo por medio de algu- na brutal observación. En marzo de 1 842, el doctor Crawford Williamson Long (1815-78), de Danielsville, Ga., graduado en la Universidad de Pen- silvania (1839), habiendo notado previamente algunos efectos anestésicos accidentales del éter, extirpó un pequeño tumor quístico de la parte poste- rior del cuello a un enfermo por medio de la acción de aquél, y subsiguien- temente le empleó también en otros casos (1842-43) que han sido amplia- mente certificados y testimoniados por los médicos residentes en la loca- lidad (i). Pero Long no ha publicado ningún informe acerca de sus resul- tados y, como Welch ha dicho admirablemente: «No podemos asignar- le a él ninguna influencia en el desarrollo histórico de nuestros conoci- mientos acerca de la anestesia quirúrgica, ni ninguna acción, en general, en su difusión por el mundo.» Long no contó con nadie que cogiera su obra y la difundiera, como hizo Lizars con McDowel. En 1800, sir Hum- phry Davy (1788-1829), de Penzanze (Inglaterra), experimentó en sí mismo con el óxido nitroso y afirmó «que probablemente se le podría usar con ventaja en aquellas operaciones quirúrgicas en que no fuera necesario de- rramar mucha sangre». En 1 844, Horace Wells (1815-48), un dentista de Hartford (Connecticut), comenzó a usar el óxido de nitrógeno en odon- tología, comunicando los resultados obtenidos a su amigo y anteriormen- te compañero William Thomas Green Morton (1819-68), de Charlton (Massachusetts); pero un caso desgraciado hizo que Wells se retirase de la práctica, y fué muy probablemente causa, por lo menos parcialmente, de su prematura muerte. Morton estaba entretanto estudiando Medicina, teniendo como preceptor al doctor Charles T. Jackson, un hábil químico que le expuso los efectos anestésicos del éter clorhídrico, con el cual pro- cedió a realizar el empaste de un diente en julio de 1844. Habiéndose in- teresado en estos estudios, Morton llevó más adelante sus investigaciones, aprendiendo posteriormente del mismo Jackson que el éter sulfúrico era también un anestésico, por lo cual él lo aplicó también, efectuando con su anestesia la extracción de un bicúspide de dos raíces en uno de sus enfer- mos. Morton visitó entonces al doctor John Collins Warren, del Hospital general de Massachusetts, y le animó a ensayar el nuevo anestésico en al- guna operación quirúrgica, sin decirle, sin embargo, el nombre de la dro- ga. La operación fué realizada en el hospital el 16 de octubre de 1 846, en un caso de «un tumor vascular congénito, pero superficial, situado justa-
(1) Los documentos originales en que se apoyan las reclamaciones de Long han sido, en efecto, publicados inmediatamente por el doctor H. H. Young en el Bull. Johns Hopkins Hosp., Baltimore, 1896-97; VIII, páginas 174-184.
126 HISTORIA DE LA MEDICINA
mente por debajo del maxilar, en el lado izquierdo del cuello >. El tumor fué extirpado por Warren en cinco minutos, y el enfermo, al recobrar la conciencia, exclamó: «Caballeros, esto no es una patraña.» El día siguien- te, un gran lipoma del hombro fué extirpado por Hayward, teniendo a Morton como anestesiador, y también con éxito. El 1 8 de noviembre de 1846 se anunciaba el descubrimiento al público en un artículo de Hen- ry J. Bigelow, publicado en el Boston medical and Surgical Journal (i). Fué grandemente debido a la reputación y al elevado carácter de hom- bres como Warren y Bigelow el que la anestesia por el éter se difundie- se por todo el mundo y llegase a constituir una parte permanente de la cirugía operatoria; pero Morton trató de patentar la droga como «letheon> (1846) [2], peleó con Jackson a propósito de sus respectivos derechos lega- les, y no anunció que aquélla era éter sulfúrico hasta 1 847 (3). Entretanto, Robert Listón había amputado un muslo con la anestesia por el éter en diciembre de 1 846; Syme había llevado el procedimiento a Edimburgo (1847), y Pirogoff había escrito un pequeño manual de eterización (1847) basado en su propia experiencia durante la guerra de Crimea. Los térmi- nos «anestesian y «anestésico» han sido propuestos por Oliver Wendell Holmes. El 19 de enero de 1847, sir James Young Simpson (iSl 1-70), pro- fesor de Obstetricia en Edimburgo, empleó el éter por primera vez en la Gran Bretaña en la práctica tocológica; pero el 4 de noviembre de 1 847 lo reemplazó por el cloroformo, descubierto por Liebig, Guthrie y Sou- beiran, y fué de tal modo impresionado por sus ventajas sobre el éter en la labor obstétrica, que una semana más tarde publicó los resultados obte- nidos (4). Los efectos de estos descubrimientos en Medicina y Cirugía han sido notables en multiples sentidos. En primer término, el cirujano, que en los tiempos preanestésicos tenía que lanzarse a operar con la rapidez del rayo, y luchando con las desventajas que suponían la fuerza y los sufri- mientos de los enfermos, podía en la actualidad disponer del tiempo, y, por consiguiente, llevar a cabo nuevas operaciones, completamente impo- sibles en las antiguas condiciones (5). Los tiempos de las milagrosas haza- ñas habían pasado, y las prestidigitaciones de un Cheselden, un Langen- beck, un Fcrgusson o un Pirogoff iban a ser reemplazadas por los proce-
(1) Bosi vná Surg. Journ., 1846-47; XXXV, páginas 309 y 379.
I. \Y. Morton: Circular Montoris Utheon, Boston, 1K46. (3) Morton: Remarks on the proper mode of administering sulphuric ether (etcé- tera), Boston, 1847.
i Sir. |. Y. Simpson: Account of a new anesthetic agent, Edimburgo, 1*47. (c¡j (Cuando yo era muchacho, los cirujanos operaban a toda velocidad, nfa- oándose en ganar en rapidez Los unos a los otros, cesto si fuesen carretista& Era d
mayor (trujano, tanto para H enfermo como para los que \t rodeaban, d que l>a
tía el record de los tres minutos < n una amputación o en una litotomía. ;Oué lugar
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dimientos deliberados y tranquilamente decididos. Además, unas cuantas gotas de cloroformo hacían incapaz a la mujer de parto de apreciar los crueles dolores de aquél, con gran facilidad y seguridad, y el tocólogo po- día proceder a su asistencia con las mismas ventajas que acabamos de en- contrar en el cirujano. Para unos y otros, cirujanos y tocólogos, y para su rama intermedia, los ginecólogos, era una necesidad, al paso que para los trabajadores en los laboratorios de Fisiología y de otras ramas de la me- dicina experimental podía evitar los remordimientos a propósito de los sufrimientos experimentados por los animales viviseccionados. En este campo, la anestesia era, según la memorable frase de Weir Mitchell, la «muerte del dolor».
La ginecología operatoria, que no había tenido ninguna existencia especial antes del comienzo del siglo xix, es, en gran parte, la creación de un número de cirujanos de los Estados Unidos del Sur, y, como se ha insinuado, tiene su origen en el intento de corregir los errores y las omisiones del campo de la Obstetricia. En el siglo xvni encontramos a William Baynham (1749-1814), de Virginia, operando dos veces, con éxito, en casos de embarazo extrauterino (i 790-99) [i], y en la primera parte del siglo xix, a John King (1819-93), de Edisto Island (Carolina del Sur), que llevó a cabo una notable operación en un embarazo abdominal en 1816 (2), salvando la vida a la madre y al hijo, seccionando las pare des de la vagina y aplicando el fórceps, ejerciendo compresión desde fuera sobre el feto, a través de las paredes del abdomen. Después expuso sus observaciones en un delgado volumen de 1 76 páginas, publicado en Norwich (Inglaterra), en 1818, y titulado An Analysis of the Subject of Extra-uterine Foetation and of the Retroversion of the Gravid Uterus, que es el primer libro dedicado al asunto. Los fundadores de la ginecología operatoria son McDowell y Sims.
Ephraim McDowell (1771-1830), de Virginia, era un discípulo de John Bell, de Edimburgo, en 1793-94, y a consecuencia de la elocuente enseñanza de Bell se vio desde un principio impresionado con el triste y desesperado destino de las mujeres afectas de enfermedades del ovario. En 1795 se estableció en Danville (Kentucky), uno de los puestos avan- zados de la civilización, y muy pronto se dio a conocer como hábil y
podía quedar en estas operaciones batidoras del record para el complicado enredo de las precauciones antisépticas? El evidente don de la inmunidad para el dolor, por precioso que sea, cuando nosotros miramos más allá de lo individual, es me- nos que el don del tiempo. Con los anestésicos ha acabado la cirugía de golpe y po- rrazo; la anestesia ha dado el tiempo necesario para que las teorías de Pasteur y de Lister pudieran ser adoptadas en la práctica.» (Sir Clifford.)
(1) Baynham: New-York Med. and Phil. Rev., 1809; I, páginas 160-170.
(2) King: Med. Repository, New- York, 181 7; n. s., Ill, páginas 388-394.
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afortunado cirujano, especialmente en la litotomía, que efectuó sucesiva- mente 22 veces sin perder un solo enfermo. En diciembre de 1 809 llevó a cabo su primer ovariotomía en Mrs. Crawford, una mujer de cuarenta y siete años, que vivió, después de operada, hasta los setenta y ocho. McDowell refirió su caso con otros dos más en abril de 1817 (i), si- guiendo éstos con una referencia de otros dos en 1 8 19 (2). Llevó a cabo la operación 13 veces en su vida, con ocho restablecimientos. Aunque haya sido precedido por el castrador de cerdos Weyer, del siglo xvi, y
por la operación parcial (punción del quiste), por Houstoum, de Edim- burgo, en 1701, sin embargo, una golondrina no hace un verano, y la ovariotomía no ha tenido existencia en la práctica quirúrgica hasta que McDowell ha publicado los resulta- dos obtenidos, estableciéndola so- bre una firme base. McDowell ha enviado una copia manuscrita de su primera publicación a su antiguo maestro, John Bell, cuando éste ha- bía ido a terminar su vida en Italia, sin que llegara a leerla. Llegó este trabajo, no obstante, a las manos del discípulo de Bell, John Lizars (1787 a i860), de Edimburgo, que tomó un gran interés por la obra de McDowell, publicando los resultados de la misma en sus Observations of Extraction of Diseased Ovaría (1825), la segunda importante contribución sobre el asunto. Entretanto, el doctor Natharn Smith había llevado a cabo la ova- riotomía en Norwich (Vermont), en julio de 1 82 1 (3), ignorando todavía la obra de McDowell, que estaba destinada a recibir la mayor impulsión de las manos de los hermanos John L. y Washington L. Atlee, de Pen- silvania, el primero de los cuales ha llevado a cabo la operación 78 veces, con 64 curaciones (1843-83), y el segundo, 387 veces (1844-78). La ova- riotomía fué firmemente establecida en la cirugía inglesa por la admira- 1)1" labor de Charles Clay (180 1 -93), de Manchester, y por sir Spencer Wells (1818-97), (1(> Londres. Benedik Stilling practicó una ovariotomía por vía extraperitoneal en [837. I -a introducción de la ovariotomía en
Ephraim McDowell (1771-1830)
(1) McDowell: Eclect. Repertory ana Analyt. Rev.% Fila'delfia, 1817; VIII, i><í^¡ 242-244.
(2) McDowell: ibidem^ 1819; IX, páginas 546-553.
(3) Smith: Atn. Med. RtCOrcU r . Y i l;i<l< lli;i. 1S22; V, páginas 124-126.
ÉL SIGLO XIX 129
Francia es debida a Auguste Nélaton, a Jules Pean (i 830-98), que prac- ticó la primera operación afortunada en París (1864), y al cirujano alsa- ciano Eugéne Koeberlé (1828-1915), que realizó sus primeras ovarioto- mías en 2 de junio y 29 de septiembre de 1862 (i).
Antes de la época de Sims, alguna importante labor, de carácter aislado, había sido realizada en Europa y en América, como los ocho notables casos de Osian- der de amputación del cuello de la matriz por cáncer (1801-08) [2]; la histerecto- mía vaginal, por cáncer, efectuada por Langenbeck (181 3) [3], que fué seguida de los casos de J. N. Sauter (1822) y de J.-C. A. Recamier (1829); el caso de Ritgen, de gastro-elytrotomía (1821) [4]; la operación de Roux para la rotura del periné (1834) [5]; la Memoria de William Campbell, sobre la gestación extra-uterina (1840); Ja invención, por Recamier, del speculwn plein et brisé (1842) [6]; la inven- ción, simultáneamente, de una sonda uterina especial, en 1843, por Huguier, de París; Kiwisch, de Praga, y sir James Young Simpson (181 1-70) [7], de Edimburgo; el tratado de Bennet, sobre la inflamación del útero (1845); el de C. D. Meigs, so- bre enfermedades de la mujer (1849); el de Tilt, sobre la inflamación del ovario (1850); la descripción, por Nélaton, del hematocele pelviano (1851-52) [8]; la ope- ración de la epicistotomía, de Noeggerath (1853) [9], y la operación plástica, de Daniel Ayres, para la extrofia de la vejiga femenina (1859) [10]. En 1836, Michaeiis, de Kiel, refiere el notable caso de Frau Adametz, en el que se habían efectuado sucesivamente cuatro operaciones cesáreas, teniendo la hecha últimamente por él tanto éxito como las anteriores (1 1), y en América llevaba a cabo John Lam- bert Richmond la primera operación cesárea en Newtown (Ohio) en 22 de abril de 1827 (12); Francois Prevost (1764- 1842), de Donaldsonville (Louisiana), realiza la operación cuatro veces antes de 1832 (13), con tres casos de éxito; y William Gibson, de Baltimore, verifica dos veces, con éxito, la operación cesárea en una misma enferma (1835-38) [14], que vivió todavía cincuenta años después de la pri- mera intervención. Miomectomía por tumores fibrosos ha sido hecha dos veces, felizmente, por Washington L. Atlee, en 1844 (15) y por Walter Burnham, de Lo- well (Massachusetts), en 1853 (ib), y en este mismo año (1853) [17], Gilman Kim-
(1) Koeberlé: Mém. Acad. de Méd., París, 1862-63; XXVI, páginas 371-472» 6 láminas.
(2) Osiander: Góttingen gelehrte Anz, 1808, pág. 130; 18 16, pág. 16.
(3) Langenbeck: N. Bibliotk.f. d. Chir., Hannover, 181 7; I, st. 3, pág. 557. ik4) Ritgen: Heidelberg Klin. Ann., 1825; I, pág. 263-277.
(5) Roux: Gaz. Med. de Paris, 1834; 2 s., II, páginas 17-22.
(6) Recamier: Bull. Acad, de Méd., París, 1842-43; VIII, páginas 661-668.
(7) Simpson: London and Edinb. Monthly Journ. Med. Sc, 1843; III, pági- nas 547, 701 y 1009; 1844, IV, pág. 208.
(8) Nélaton: Gaz. des H6p., París, 1851; 3 s., III, páginas 573 y 581; 1852, IV, pá- ginas 54 y 66.
(9) Noeggerath: New- York Med. Journ., 1853; 3 s., IV, páginas 9-24.
(10) Ayres: Am. Med. Gaz., New-York, 1859; X, páginas 81-89, 2 láminas.
(11) Michaélis: Mitth. a. d. Geb. d. Med. (etc.), Altona, 1836; IV, 7 y 8 Heft, pá- gina 60.
(12) Richmond: West. Journ. Med. <S° Phys. Se, Cincinnati, 1830; III, pági- nas 485-489.
(13) Prevost: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1835; VI, pág. 347- (Véase Ha- rris: New Orleans Med. &* Surg. Journ., 1878-79; n. s., VI, páginas 935-937.)
(14) Gibson: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1835; XVI, pág. 351; XVII, pá- gina 264; 1838, XXII, pág. 13; 1885, n. s., XC, pág. 422.
(15) Atlee: The Surgical Treatment of Certain Fibrous Tumous of the Uterus, New- York, 1853.
(16) Burnham: Nelson's Am. Lancet, Plattsburgh, New- York, 1853; VII, pá- gina 147. .
(17) Kimball: Boston Med. and Surg. Journ., 1855; LII, páginas 249-255.
Historia di i*a M«dioiha. — Tomo I] 9
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ball (1804-92), de Lowell (Massachusetts), fué el primero en realizar esta opera- ción con una intención deliberada. Eugéne Koeberlé, el defensor de la histerecto- mía y del morcellement de los tumores, ha excindido el útero por un fibroma ute- rino el 14 de marzo y el 20 de abril de 1863, ha amputado el útero y los anexos por tumor en 1869, y ha llevado a cabo su primer miomectomía en 1878. Ha tenido muchas discusiones con Jules Pean, por la prioridad en el invento de las pinzas hemostáticas («pinzas de Pean»). Antes de la época de Sims y de Koeberlé se ha- bían intentado, acá y allá, operaciones sobre el útero; pero los diferentes métodos operatorios habían caído en descrédito por la muerte de la enferma (exitus le- thal is).
Antes del año 1 852, el obstáculo en que tropezaban todos los ginecó- logos era el tratamiento de la fístula vésico-vaginal. Muchos cirujanos, desde la época de Paré, han intentado operar en estas condiciones, con no mejor resultado que proporcionar a las desgraciadas enfermas una nueva suma de inconvenientes y de dolores. Roonhuyze (1672) y Fatio (1752) han dejado admirables resúmenes de sus métodos operatorios, pero no una referencia de los casos afortunados. Dieffenbach ha hecho también un clásico estudio de este desdichado estado de la mujer, al cual había aplicado en vano todos los admirables recursos de su arte (1845). Jobert de Lamballe ha dedicado un tratado entero al estudio de las fístu- las femeninas (1852) [ij; pero su autoplástica operación par glissement sólo ha tenido como resultado repetidos fracasos y la muerte de muchas de sus enfermas. Seis afortunadas operaciones de esta índole han sido re- feridas en América por John Petter Mettauer (1787-1875), de Virginia (2) [1838-47J; otras, por George Hayward (1791-1863), de Boston, en 1839 (3); por Joseph Pancoast, de Filadelfia, en 1 847 (4), y en Francia, por Maisonneuve (1848) [5]. El asunto ha cambiado por completo, como dice Kelly, «como con una varita mágica»,, con James Marion Sims (1813-83), de Carolina del Sur. Después de haberse graduado en el Jefferson Medi- cal College, de Filadelfia (1835)1 Sims se estableció en Alabama, donde muy pronto se hizo conocer como cirujano hábil y original, operando, con éxito, abscesos del hígado en 1 83 5, y extirpando, con éxito también, am- bos maxilares, superior e inferior, en 1837. En Io>45 fué llamado a visitar a una mujer de la región que había sufrido un desplazamiento del útero por una caída de un caballo. Al hacer una exploración digital para corre- gir el desplazamiento, lo consiguió en la peculiar posición lateral (posi-
1 \. J Jobert <l<- Lamballe: TraitS Jes fistules vésico-uierines, vvsico-útero-va-
I 852.
(2) Metta ton Med. and Surg. Journ., 1K40; XXII, página 154, y Am.
Journ. Me, i. Sc.% Filadelfia, 1 S47, n. s., XIV, páginas 117-121,
(3 Hayward: \m. Vourn. Med. Si , Filadelfia, 1839; XXIV, páginas 283-288. Pancoast: Med. Examiner; Filadelfia, 1S47; n. s., III, páginas 272-274; . Vil. pág 656.
(5) Maisonneuve: ( 'Unique chirurgi alt París, 1848; VII, página 660 y siguientes,
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ción de Sims), y esto le condujo a la invención de un speculum especia] en pico de pato, que había de convertirse bien pronto en un factor esencial de sus éxitos en la operación de la fístula vésico-vaginal. Con la posición y el speculum de Sims se conseguía ver la región, «lo que no se había con- seguido hasta entonces*; añadió además una sutura especial con hilo de seda, para evitar la sepsis, y un catéter, para procurar el .vaciamiento de la vejiga mientras durase el tratamiento de la fístula. Con estos cuatro
James Marion Sims (1813-83")
coeficientes, Sims perfeccionó la operación para reparar esta afección, in- curable hasta entonces, y publicó su estudio en 185 2 (i). Produjo una gran impresión, y en 1 854 (2) fué seguido de una monografía de Gustav Simon indicando un método de unir los bordes de la fístula por medio de una doble sutura. Sims se trasladó a New- York en 1853, y en 1855 esta- bleció el State Hospital for Women (Hospital Ginecológico Oficial), que pronto se convirtió en el centro de la mejor labor ginecológica de su tiem- po. Visitando Europa, en 1 86 1, Sims llevó a cabo su operación con gran brillantez ante Nélaton, Velpeau, Larrey y otros maestros de la Cirugía, y
(1) Sims: Am. Journ. Med. Se. 1852; n. s., XXIII, páginas 59-82.
(2) Simon: Ueber die Hcilung der Blasen-Scheidenfisteln, Giessen, 1854.
132 HISTORIA DE LA MEDICINA
pronto fué requerido de todos los puntos de Europa como un operador para las afecciones propias del sexo femenino. Sus Notas clínicas de ciru- gía del útero (Clinical Notes on Uterine Surgery) (1866) fueron traducidas al alemán, y Robert Olshausen y August Martín han dado testimonio de la alta estimación que ha disfrutado Sims entre los alemanes (i). Entre otras importantes contribuciones de Sims figuran sus métodos de ampu- tar el cuello del útero (1861) [2], la descripción del síndrome «vaginismo» (1861) [3], su operación de colecistotomía (18/8) [4J y su notable estu- dio acerca de la « cuidadosa invasión de la cavidad del peritoneo para com- batir la hemorragia, suturar las heridas intestinales, limpieza de la cavidad peritoneal y para todas las restantes condiciones intraperitoneales» ( 1 88 1) [5]. Sims era un hombre de buen carácter, pero impulsivo, y uno de los más originales e inspirados cirujanos americanos. En el Bryant Park, de la ciudad de New York, se le ha erigido, por sus admiradores europeos y americanos, una estatua en 1894.
En el Hospital Ginecológico de New- York, Sims estaba ayudado por Thomas Addis Emmet (1828), natural de Virginia, que con su enseñanza llegó a ser un gran maestro en la cirugía plástica del peritoneo, la vagina, el cuello del útero y la vejiga urinaria. Como dice Kelly, él «tomó de una ve/ las ideas de Sims, adquirió sus métodos y los perfeccionó, e hizo mas que ningún otro cirujano para enseñar a sus compañeros de profesión en su región cómo debían hacerse todas estas operaciones.» Los principales trabajos de Emmet son sus estudios acerca del tratamiento de la disme- norrea y de la esterilidad, que resultan de la anteflexión del útero (l865)[6); sobre el tratamiento quirúrgico de las rasgaduras del cuello uterino (1869-74) [7], su monografía acerca de la fístula vésico-vaginal y recto- vaginal (18Ó8) [8J, y sus escritos sobre cistotomía vaginal (1872) [9] y so- bre cirugía plástica del peritoneo (1882) [io].
La obra de Sims fué difundida y extendida por Natham Bozeman i 1825- 1905), de Alabama, que llevó a cabo múltiples afortunadas opera-
(1) Olshausen: deber Mar ion Sims und seine Verdienste um die Chirur^ie, Ber- lín, 1897.— Martín: Ztsckr. f. Geburtsh. u. Gynák, Stuttgart, 1913; LXXIII, pági- nas 946-948.
(2) Sims: Tr. Med. Soc, New-York, Albany, 1861; páginas 367-371.
(3) Sims: Tr. übst. Soc, Londres, 1861; III, páginas 356-367.
(4) Sims: Richmond and Louisville Med. Journ., 1878; XXVI, páginas 1-21.
($i Sims: Brit. Med. Journ., Londres, 1881; II, páginas 925 y 971; 1882, I, pági- naa 184, 222, 260 y 302.
(6) Emmet Ñew-York XtcJ. Journ., 1865; I, páginas 205-219. 7 hn. J. obst.t New- York, 1868-69; I, páginas 339-362; 1874-75, VII, pági- 1 1-156.
y- York, 1868. Am. Pract.. Louisville, 1872; V. páginas 65-92. 10 Ir. Am. Gynec. Soc, New-York, 1884; VIII, páginas [98-216.
EL SIGLO XIX 133
dones de fístulas vesicales y fecales en el sexo femenino, poniendo una especial atención en la complicación de pielitis, que trataba cateterizando el uréter a través de una abertura vésico-vaginal (1887-88) [ij.
En el grupo de los ginecólogos del Sur deben ser incluidos Prevost, de Donaldsonville (Louisiana), y William Gibson, de Maryland, ambos trabajando en la operación cesárea, y Josiah Clark Nott ( 1 804-73), de Carolina del Sur, que en 1 844 ha descrito el síndrome que fué desig- nado por sir James Y. Simpson, en 1861, de coccygodynia (2). Nott fué, además, el primero en sugerir la «teoría de los mosquitos» en relación con el modo de transmitirse la fiebre amarilla (1848) [3], y ha escrito nu- merosas obras de etnología.
Theodore Gaillard Thomas (i 83 1 -1903), de Edisto Island (Carolina del Sur), practicó, como Marion Sims, en New- York. En 1 868 ha publi- cado un tratado de las enfermedades de las mujeres que se considera como el mejor de los que hasta entonces habían aparecido (4), siendo tra- ducido al francés, alemán, español, italiano y chino. En 1870, Thomas re- sucitó la operación de Ritgen de gastro-elytrotomía para substituir a la operación cesárea (5), y en el mismo año fué el primero en llevar a cabo la ovariotomía vaginal (6).
Robert Battey (i 828-95), de Augusta (Georgia), graduado en el Jefferson Medical College, de Filadelfia, fué el primero en indicar la operación de la oophorectomía, o excisión de los apéndices uterinos, para aquellas con- diciones, no ováricas, de menstruación dolorosa y de neurosis. Esta ope- ración fué primeramente realizada por él en 17 de agosto de 1 87 2 (7). La «operación de Battey» ha sido posteriormente aplicada por E. H. Tren- holme (1876) [8] en el tratamiento de los miomas uterinos, y en otros es- tados pélvicos, por Hegar, en Alemania, y Lawson Tait, en Inglaterra, y más recientemente ha adquirido una definitiva significación fisiológica, en relación con la labor moderna de la correlación química de las secreciones internas.
El PROGRESO ÜE LA MEDICINA CIENTÍFICA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
está caracterizado por la aparición de nuevos puntos de vista biológicos o
(1) Bozeman: Tr. Internat. Med. Congr., Washington, 1887; II, páginas 514-558 y Am. Journ. Med. Se. Filadelfia, 1888, n. s., XCV, páginas 225 y 368.
(2) Nott: New-Orleans Med. Journ., 1844-45; I, páginas 58-60. — Simpson: Med. Times and Gaz, Londres, 1861; I, página 317.
(3) Nott: New-Orleans Med. Journ., 1848; IV, páginas 563 y 601.
(4) Thomas: A Practical Treatise on the Diseases of Women, Filadelfia, 1868.
(5) Thomas: Am. Journ. Obst., New- York, 1870; III, páginas 125-129.
(6) Thomas: Am. Journ. Med. Se, Filadelfia, 1870; n. s., LIX, páginas 387-390.
(7) Battey: Atlanta Med. and Surg. Journ., 1872-73; X, páginas 321-339.
(8) Discutida por Lawson Tait, que reclama la prioridad alegando un caso de 1872. (Véase Trenholme: Med. News, Filadelfia, 1886; XLIX, pág. 530.
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HISTORIA DE LA MEDICINA
evolucionarios en la morfología y en la fisiología, de los cuales han proce- dido los conocimientos científicos de la patología celular, de la bacteriolo- gía y de la parasitología, y los nuevos modos de considerar la enferme- dad y sus causas, que han constituido el germen de nuevos métodos de tratamiento por medio de los sueros y de las vacunas. Los descubrimien- tos de Pasteur produjeron inmediatamente la cirugía listeriana o antisép- tica, con sus notables aplicaciones en aquellas regiones, como la cavidad abdominal, el cerebro, las articulaciones, el tórax y los órganos especiales
de los sentidos, y su gran exten- sión en la ginecología operatoria. A su debido tiempo aparecieron grandes perfeccionamientos en la educación médica, en la higie- ne pública y en la medicina mili- tar, y fueron después auxiliados por el crecido aumento en el nú- mero y en la calidad de los pe- riódicos científicos y por el pro- greso en los rápidos medios de comunicación nacional e interna- cional por medio de los ferroca- rriles, barcos de vapor, telégra- fos y cables. Por todas estas ra- zones, las diferentes especialida- des, como oftalmología, otología, laringología, ortopedia, odonto- logía y veterinaria llegaron a ser algo más que meros nombres. El inmenso progreso de la biología general en nuestra época se debe principalmente a las teorías evolucionistas de Charles Robert Darwin (1809-82), de Shrewsbury (Inglaterra), un graduado de Cambridge, cuya inclinación hacia la Historia Natural se señalaba ya por su inclinación éh la infancia a la Botánica, y más larde por sus cinco años de viajes por el mar en la 1 I. M. S. Beagle ( 1 83 1 -36), la experiencia de los cuales le trans- formó en un experto geólogo y zoólogo. Aunque invalidándose para el resto de su vida, Darwin trabajó por espacio de veinte años antes de pu- blicar su gran obra Sobre el origen de ios especies por medio de la selección natural | 1 85! ><■ que ea tal vez eJ ejemplo más admirable de síntesis en la historia de la ( iencia. Su teoría había sido expuesta independientemente por Alfred Russel Wallace (1822-1913) en 1858, aunque la prioridad de los d.ttos de Darwin se remonta hasta 1S38. Tanto Darwin'como Walla-
Charles Robert Daiwin (1809-83)
EL SIGLO XIX 135
ce deben mucho al Ensayo del principio de población, publicado por el pastor inglés Thomas Robert Malthus en 1798. La ordenada exposición por Darwin de un tan gran número de hechos en demostración de la su- pervivencia de los adaptables por la selección natural, en la lucha por la existencia, ha#tenido la misma decisiva influencia en la especulación bio- lógica que los descubrimientos de Copérnico en la Astronomía. Esto lu- chaba con el antiguo concepto de Linneo de la fijeza de las especies, o sea que los animales y las plantas han sido creadas tal como las encontramos actualmente, y con las abstracciones metafísicas espirituales a que se acu- de para «explicar» por qué eso ha tenido que ser así. Creaba esto las ciencias de la fisiología y la patología comparadas, señalando las positivas relaciones estructurales y funcionales entre los tejidos de los animales y los de las plantas. Y a pesar de que la idea de evolución era ya conocida por los griegos, y había sido más o menos definitivamente bosquejada por Bacon, Buffon, Erasmo, Darwin, Goethe, Lamarck, Lyell y Herbert Spencer, no ha llegado a convertirse en el hecho saliente de la ciencia mo- derna hasta la labor de Darwin. La aplicación de la idea de la continui- dad del desarrollo en The Descent of Man [187 1] (El origen del hombre) ha dado fin a la teoría antropocéntrica de que el universo había sido creado para el hombre. Comenzó a percibirse que existe una sencilla y noble dig- nidad en la historia de la dolorosa evolución desde las formas más infe- riores de la vida, del mismo modo que a comprender que la pintura he- cha por Darwin de la lucha por la existencia iluminaba, como no se había logrado hasta entonces, las verdaderas causas de la miseria humana. El que hay lagunas y defectos en las hipótesis de Darwin; el que no se ha dado él suficiente cuenta de aquellas espontáneas variaciones accidentales o mutaciones, que, como han indicado Mendel y De Vries, pueden tam- bién dar lugar a la formación de especies; el que su teoría de la sexual selección no aparece defendida por los hechos; el que muchos caracteres específicos en los animales y en las plantas no son verdaderos valores su- pervivientes, todo ello está perfectamente puesto en claro en la actualidad. Pero es preciso que no nos olvidemos de que el mismo Darwin ha consi- derado la selección natural «como el más importante, pero no el medio exclusivo de modificación», y que un carácter verdaderamente específico es un valor superviviente solamente con relación al medio esencial del que lo posee y no respecto de algunos accidentales enemigos. El estudio de Darwin de La variación de los animales y de las plantas por la domesticación (The Variation of Animals and Plants under Domestication) [1868] es en la actualidad muy notable por su intento de explicar el mecanismo de la herencia por « pangenesis >, o sea por transporte áegemmulas desde todas partes del organismo al óvulo, para asegurar su reproducción, lo que ve-
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mos más tarde reproducido en la teoría de los hormones, de Starling. Su gran monografía acerca de La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (The Expression of the Emotions in Man and Animals) [187 3] se coloca al nivel que la obra de su contemporáneo Duchenne de Boulo- gne (1862), y la teoría misma de la evolución es el punto de partida de la psicología comparada. Las investigaciones en Botánica y en Geología, las monografías de las plantas trepadoras (1875), Ia fertilización cruzada y la auto-fertilización (1876), la facultad del movimiento en las plantas (1880), la formación de la tierra vegetal (1881), los arrecifes o bancos de coral (1875) y las islas volcánicas (1844) deben ser también mencionadas. Mu- cho perjuicio ha sufrido la reputación de Darwin entre las personas de es- píritu estrecho por el intento del semi-loco Nietzsche y de su escuela de llevar la idea de la «guerra a los débiles» a la ética actual. Esto va contra la verdadera intención de la doctrina de Darwin, que demuestra que la Naturaleza carece de piedad; pero no ha dicho nunca que el hombre deba carecer también de ella. En contra de estos defectuosos intérpretes pue- de ponerse la grave, tranquila y humanitaria figura del propio Darwin. Llevando en la mente la magnífica sinceridad de su obra, su fama está bastante segura de los ataques infundados.
La obra de Darwin ha sido popularizada y difundida por los escritos filosóficos de Herbert Spencer (1820- 1903), cuyos Principios de Biología (1866-67), Principios de Psicología (1871) y Sociología descriptiva (1873-81) son todos de elevado orden y de gran mérito; por Alfred Russel Wallace, cuya Distribución geográfica de los ani- males (1876) es su mejor obra, y por Huxley y Haeckel.
Thomas Henry Huxley (1825-95), de Ealing (Inglaterra), era un mé- dico graduado de la Universidad de Londres (1845), que llegó a cirujano de la Armada Real. Lo mismo que en Darwin, sus aficiones a la Biología fueron despertadas por sus cinco años de viajes marítimos en el H. M. S. Rattlesnake (1846- 50). Antes de estos experimentos había ya descubierto la capa de células de la vaina de la raíz del pelo que lleva su nombre (1845) f1]' Y después de sus viajes ha hecho estudios muy importantes en zoología marítima, en premio de los cuales fué nombrado miembro y re- cibió la medalla de oro de la Royal Society (1851-52). Retirado de la Ma- rina, fué profesor de Historial Natural en la Real Escuela de Minas, e ideó el enseñar morfología por medio de una serie de animales típicos, toma- rlos como norma de sus especies respectivas; idea que ha constituido el rasgo predominante de la Biología elemental. Aplicó las doctrinas de la evolución a la paleontología en sus extensos estudios sobre los fósiles de peces, cocodrilos y otros vertebrados, y en su obra sobre los antepa-
(\) Lnnd. :\fcd. (¡az., 1845; n. s., I, página 1340.
EL SIGLO XIX
137
sados del caballo. Sus Croonian Lectures sobre la teoría del cráneo de los vertebrados (1858) destruyeron el concepto de Owen del arquetipo, en favor de un tipo morfológico, un conjunto de rasgos comunes a todas sus clases, como una composición fotográfica. En relación con esto deben ser mencionadas las importantes lecturas de Huxley sobre craneología de los pájaros (1867). En 1861 (i) demostró la inexactitud de otra afirmación de Owen relativa a la supuesta proyección invertida de las cavidades del ce- rebro en el cuerno posterior y en el hipocampo, como un carácter especí- fico del hombre. Los ensayos sobre anatomía comparada del hombre y de los monos superiores (1859-62) y sobre la demostración del pues- to del hombre en la Naturaleza (1863) revelan al continuador de Darwin, de cuyas ideas ha sido, indudablemente, Huxley el más capacitado intérprete moderno- En un enérgico lenguaje ha escri- to diferentes volúmenes de en- sayos que figuran entre las más deliciosas de las modernas con- tribuciones de la divulgación científica y sus obras didácticas de fisiología (i860), que ha atra- vesado treinta ediciones, de ana- tomía de los vertebrados y de los invertebrados (1871-77) y de fisiografía (1877) s°n> a pesar de su tamaño reducido, verdaderas obras maestras en su género.
Huxley se definía a sí propio como una persona que cuidaba más de la liber- tad del pensamiento que del mero avance de la ciencia, y este es precisa- mente el interés de su personalidad.
Vigoroso y resuelto en la figura y en los ademanes, era un hom- bre robusto y de varonil inteligencia, que arruinó su salud a fuerza de dedicarse a trabajos sedentarios, siendo, lo mismo en su matrimonio, que en su defensa del darwinismo, que en sus guerras napoleónicas sobre asuntos teológicos, un romántico como Vesalio. Ningún otro hombre ha peleado más brava y más lealmente en defensa de la verdad y de la hon-
Thomas Henry Huxley (1825-95)
(1) .Nat. Hist. Rev., Londres, 1861; páginas 67-84; Proc. Zoól. Soc, Londres, 1861; páginas 247-260.
i38 HISTORIA DE LA MEDICINA
radez, en favor del derecho de las gentes a pensar y a expresar su pro- pio pensamiento. Su convicción de que «no hay ningún alivio para los ma- les del género humano mas que la veracidad del pensar y del hacer, y el afrontar resueltamente el mundo como él es, cuando el revestimiento de creencias hechas por cuyas piadosas manos se han ocultado sus feos ras-
Brnsl Hseckel 0834). (Sociedad fotográfica berlinesa.)
gos, se haya desnudado», es la justificación final del darwinismo y da la clave de la medicina social en lo futuro.
Ernst HaeCKEL (1834), de Jena, un gran morfólogo, que llevó el dar- winismo a Alemania cuando la oposición de Virehow hacía necesario de- fenderle (i). La obra principal de Haeckel es su Generelle Morphologie (i860), en la cual los organismos y las formas de las estructuras orgáni-
1 Se di< c que Fritz Mttller ha sido el primer alemán que ha defendido el dar- winismo {Fur bartttin, 1864 Haeckel el Begundo (1866), v Wéissmann, el ter-
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cas son consideradas y clasificadas en relación con las homologías en serie de la herencia y de la evolución. En 1 868 apareció su Historia Na- tural de la Creación; en 1874, la Antropogenia, un gran tratado de Embriología humana, y en 1 884, su monografía, de la hipótesis de